Notas de escucha: Mi averío, de Nicolás Blum

Estudiando Teoría de la Literatura se me concedió la maravillosa concepción del universo como la suma de infinitos materiales dispuestos ahí para nuestro exclusivo deleite como lectores. La lectura como el arte de análisis y comprensión de cuanto nos rodea. La lectura como una traducción libre, una interpretación de aquello cuanto ilumina lo que hasta entonces era, quizá, sólo otra cosa. Leer para prenderle fuego al mundo conocido y transformarlo en cenizas de las que nutrirse.
Esa capacidad de lectura interesada, siempre abierta e inconclusa, permite que nos aproximemos, por ejemplo, a obras de arte cuyos sentidos nos atrapan con intenciones tan subterráneas como azarosas. Cada centímetro de aproximación proporciona un nuevo detalle donde fijar la vista, el oído, el tacto... Los sentidos que implique la disciplina y también alguno más. El sexto o séptimo, esa intuición habilitada se prende cuando la obra comunica, nos dice algo e incluso habla por nosotros. 
Nunca escribí sobre un disco y no es mi intención analizar los valores musicales de Mi averío. Carezco de los conocimientos necesarios. Sin embargo, habiendo recorrido sus temas durante los últimos meses con ese extraño entusiasmo que nos genera todo descubrimiento, sí me propongo leer lo ya escuchado. 
Play, entonces.



Resulta inevitable detenerse en el título, la elección del término: "averío". Según la R.A.E. "conjunto de aves de corral". Elige el poeta, autor de la mayoría de los temas, una palabra que nos aleja de cualquier imagen saludable de una bandada cosmopolita, dejándonos ante el interrogante de qué aves son, serán, las que revoloteen en ese corral. Si cada tema fuera un ave, ¿cuál sería? He aquí un posible primer juego, paratextual, que Blum subraya en el arte de tapa, al caracterizándose como pájaro cantor.
Las aves / temas son ocho. Cinco firmados por Blum, dos poemas musicalizados  - "Happy New Year", de Cortázar y "Ejecutoria del miasma", de Girondo - y  una versión del tango "Araca corazón". Sobre éste último nada diremos que haga justicia a la interpretación, les invitamos a escucharlo.
Sí reflexionaremos sobre la musicalización de los poemas de Cortázar y Girondo, por tratarse de textos conocidos que difícilmente podremos volver a leer sin que resuenen a la Blum en nuestra mente.




Los acordes de "Happy New Year" logran que el suspenso textual cortazariano, el tiempo implícito que precisa la recreación de la mano amada, se consolide y ritme. También que fluya con una libertad reiterativa, al tiempo que la voz, se detiene y trabaja algunas palabras, - "urdiendo cada dedo", "muchísimo" - accionando el deseo materializado en la distancia.
Pensemos en la intencionalidad interpretativa, en la fuerza, tan sutil como precisa, con la que un actor (a)borda las palabras. Consideramos que la interpretación de quien canta se desarrolla próxima a esos márgenes. De hecho, el mismo Blum, a lo largo del disco, se cita como personaje y dialoga con su público / audiencia.
Blum convierte la interrogación retórica del poema de Cortázar en estribillo y deposita en él una vitalidad que intensifica el desafío convirtiéndolo en un lamento al que volver.
Su lectura del poema, la certeza con la que instala encabalgamientos, pausas y tempo para el instrumento - una guitarra -, habla del compositor como lector atento. Sus temas lo muestran como una voz original que explora su expresividad en forma y fondo transitando humor, ironía, pasión y contradicción en múltiples registros con imágenes tan afinadas/afiladas como "perro caníbal sufriendo una dieta de arroz"(Cuidado con el perro); o "cariátides milongueras" (Pluma carbón), por ejemplo. Más adelante nos detendremos en sus letras, pero veamos primero su propuesta para el poema de Girondo.

"Ejecutoria del miasma"
Este clima de asfixia que impregna los pulmones
de una anhelante angustia de pez recién pescado.
Este hedor adhesivo y errabundo,
que intoxica la vida
y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo.
Este miasma corrupto,
que insufla en nuestros poros
apetencias de pulpo,
deseos de vinchuca,
no surge,
ni ha surgido
de estos conglomerados de sucia hemoglobina,
cal viva,
soda cáustica,
hidrógeno,
pis úrico,
que infectan los colchones,
los techos,
las veredas,
con sus almas cariadas,
con sus gestos leprosos.
Este olor homicida,
rastrero,
ineludible,
brota de otras raíces,
arranca de otras fuentes.

A través de años muertos,
de atardeceres rancios,
de sepulcros gaseosos,
de cauces subterráneos,
se ha ido aglutinando con los jugos pestíferos,
los detritus hediondos,
las corrosivas vísceras,
las esquirlas podridas que dejaron el crimen,
la idiotez purulenta,
la iniquidad sin sexo,
el gangrenoso engaño;
hasta surgir al aire,
expandirse en el viento
y tornarse corpóreo;
para abrir las ventanas,
penetrar en los cuartos,
tomarnos del cogote,
empujarnos al asco,
mientras grita su inquina,
su aversión,
su desprecio,
por todo lo que allana la acritud de las horas,
por todo lo que alivia la angustia de los días.

La musicalización opta por una constancia rítmica que la partitura mantiene e intensifica y un decir ralentizado y selectivo que ilumina la enumeración escatológica y surrealista, logrando que apreciemos cada adjetivo como si los escucháramos por vez primera. Quizá lo que sorprende es el modo en el que forma y fondo se disocian, puesto que la interpretación musical contiene una suerte de detritus amoroso y entusiasta - cuyo origen intuimos se cifra en la admiración de Blum por el poema elegido, cuando no por el mismo Girondo - que se desarrolla a contrapelo del significado literal, logrando, por ejemplo, que "cal viva, soda caústica, hidrógeno o pis úrico", sean una extraña caricia amorosa en el oído.
Los cinco temas firmados por Blum: "Disquisiciones", "Cuidado con el perro", "Oración", "Pluma carbón" y "Polipropileno", gozan de una suerte de dispositivo narrativo similar al que podemos encontrar en esas fotografías que nos atrapan presentándonos un relato o personaje al que sólo nuestra mirada otorga sentido pleno. No hay relato completo, sino una observación al vuelo sobre determinados acontecimientos o percepciones del cotidiano con las que, en ocasiones,  resulta fácil identificarse – la conversación tejida con frases hechas con la que cierra "Disquisiciones" * o las sentencias sobre el camino reiterado de "Polipropileno"- ; mientras que en otras, nos concede un punto de vista privilegiado sobre el que re-crear un argumento.
¿Es ese el objetivo de una canción? Por supuesto que no, ya aclaramos que esto no es más que una humilde propuesta de lectura.  Por eso nos permitimos afirmar que los cinco temas tienen algo de peripatéticos: comparten un ir y venir rítmico que elabora una suerte de caminata, paseo por el barrio, viajecito por la vida o carrera final hacia ese instante arrebatado donde todo cambia para siempre.
La adjetivación precisa y preciosa articula una sensorialidad vívida que la voz del autor manipula a su antojo dirigiendo nuestro oído hacia tal o cual palabra o frase. Y, ya mencionada la fotografía, nos gusta pensar que ese el modo en el que Blum consigue sus primeros planos acústicos tan fugaces como efectivos. Los invito a ver el video de “Oración”, penúltimo tema del álbum, en cuyo montaje se combinan el humor de lo literal, el preciosismo técnico, la metonimia y la disección de las palabras como juego, nada inocente, donde una sola letra modifica el sentido, genera otra realidad.
“Polipropileno” es el último tema. Poco más de dos minutos donde encontramos una buena síntesis de algunas certezas desarrolladas. La impronta de la voz de Blum - autoral y vocal – parece nutrirse de una capacidad lúdica para abordar las palabras como juguetes siempre nuevos. Su forma de transformarlas pasa por el virtuosismo técnico con el que maneja tono, volumen, ritmo y silencios, pero también por la singularidad de su mirada sobre un mundo que re-construye para cantarlo.
“Polipropileno”, título que Girondo firmaría, nos desafía a encontrar belleza en cualquier término y otorga licencia poética al cotidiano, a la intrascendencia que el ojo, y en este caso el oído del poeta, rescatan. De nuevo, canta Blum como quien dialoga: "Disculpen, no recuerdo bien. (...) Qué les puedo decir, qué no. Que sí, que no, que más o menos."  Sin necesidad de que entendamos la totalidad de un relato que será distinto cada vez dependiendo, entre otras cosas, de nuestro ánimo en el momento de afinar la escucha, el entusiasmo con el que el cantor - sí, cantor, cantaor o poeta, nos resultan mucho más precisas que "cantante" en esta disección - ilumina, diríamos descorcha, las frases hechas sobre el camino y la consigna del juego de las escondidas.** Celebra así la vida, lo que acontece sin que logremos apreciarlo en su (in)justa medida.
No es su misión "chillar con doble intención o rimar polipropileno", no. Sus últimos versos, apreciables con o sin melodía, apuntan mucho más y mejor, cuál es la tarea del quehacer poético en cualquier disciplina.

"Se detenía
el silbidito insoportable
de la letanía.
Nunca en silencio
ferreamente corpóreo
un óleo denso
en el lienzo lunar."


DISCO: MI AVERÍO, 2015. 



*  “Sabe cómo está el día, / si va a llover, / pasó volando el año, / uy, qué calor, / qué tiempo loco éste. / Disculpe, usted, / ¿se va de vacaciones / a algún lugar? / ¿Las sierras o la playa? / Le encanta el mar, / a mí también.”
** "Qué camino nos lleva a Roma, / se hace camino al blablablá. / El que no se escondió, se embroma."

Los Corderos





Volver a Veronese. Volvar a ver "una de Veronese". Una con su texto y dirección. Tener la memoria aún física de la primera vez que vimos Mujeres soñaron caballos. Recordar aquello. Lo que nos hizo. Qué creímos entender aquella primera vez. Dónde nos metieron la cabeza. No saber qué esperar. 

Los corderos se presentó en su momento como "una comedia filosófica sobre la condición humana". Argumentalmente lo es. Un texto absurdo que baraja elementos de la cruda realidad argenta y los dinamita para que incomoden pero no lastimen. La violencia, la pobreza, la vida como un tango repetido donde veinte años no es nada y sin embargo... Hay algo del núcleo familiar violentado en las repeticiones, el extrañamiento de las frases, la ilógica del pensamiento, la gestualidad pautada y el histrionismo que remite al juego de roles de Ionesco, pero la apuesta no se cifra en el lenguaje sino en los cuerpos de los actores. En la rotundidad de esas naturalezas contenidas que buscan o desean explotar y que, cada tanto, lo hacen, explotan. En el grito, el gesto, el llanto, la mueca, el golpe... Se deforman a medida que avanzan los sinsentidos. 

El relato es una excusa para explorar un dispositivo escénico donde sí, inmediatamente, se reconocen las inquietudes de la dirección: el interés puesto en ofrecernos los ingredientes, en revelar los secretos de la magia para que el pacto ficcional nunca resulte sencillo. Una puesta que subraya la teatralidad y donde el público ejercita su capacidad para relacionarse con el teatro como artificio. Ninguna posibilidad de empatía, de vinculación con los personajes o de satisfacción de la expectativa narrativa. 

Veronese, una vez más, nos obliga a ver: acá no hay nada. Poquísimos metros cuadrados delimitados por una cinta blanca en el piso y un resto escenográfico, un recorte de paredes por donde los actores entran y salen deshabilitando el afuera narrativo. No está la calle, no está la casa, no hay nada. Vean y obvien. Elijan. Trabajen. Lean donde quieran. Como puedan. Pero, sobre todo, escuchen a los actores. Escuchen esos cuerpos. La puesta permite la observación lateral en unos pocos asientos y en ahí gozarán (o sufrirán) de esa impertinente intimidad que puede resultar intolerable. La misma intimidad obscena que mantienen esos seres desquiciados que quizá representen algunos de los peores estados de la sociedad o, quizá, son solo lo peor de cualquier casa en un mal día. La metáfora del microuniverso es fértil y expansiva. 

Quienes sientan debilidad por observar ese raro fenómeno del cuerpo de un actor o actriz en escena, encontrarán una singular experiencia sobre la potencialidad expresiva de un elenco que confía en la solidez de lo que sus cuerpos, voces y miradas transmiten. La foto que acompaña esta nota es un buen anticipo. Cómo combinar todos esos elementos y qué obra percibirán y construirán finalmente, es algo sobre lo que, sin duda, se teorizará mucho. 



Los corderos

Texto: Daniel Veronese
Actúan: Patricio Aramburu, Flor Dyszel, María Onetto, Gonzalo Urtizberea, Luis Ziembrowski
Escenografía: Franco Battista
Diseño de vestuario: Valeria Cooky
Diseño de luces: Sebastián Blutrach
Asistencia artística: Gonzalo Martínez
Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Diego Badaracco
Dirección: Daniel Veronese

Espacio Callejón
Martes a las 21h y sábados a las 17h.

Día T

"Nosotros no hacemos que el teatro exista. 
Es gracias al teatro que nosotros existimos."   

Isabelle Huppert, discurso del Día Mundial del Teatro, 2017.



Vivimos en un mundo desmemoriado que precisa días para todo. Inventamos días que favorecen el consumo y el intercambio de gestos y frases vacías. Se reivindica desde la superficie, desde la apariencia, el desempeño de un oficio, una conquista legal, una identidad de género e incluso la existencia de los vínculos familiares o la supervivencia del amor como concepto. Son tantos los días memoriosos que resulta imposible celebrarlos a conciencia. Tener ganas, cuerpo e ideología para. Los días D se multiplican y debemos elegir cuáles nos pertenecen y cómo participamos. 

El día Mundial del Teatro pertenece a una minoría de mortales. Se nos conceden unos minutos de reflexión y reivindicación. Celebramos la persistencia de la maravilla, el empeño cifrado en eso que sigue atentando contra un sistema cada vez más obtuso: el teatro como encuentro. Encuentro físico, en cualquier espacio. Encuentro de los unos con los otros. Quienes se reúnen para hacerlo posible y quienes acuden a su luz. Nos debemos los unos a los otros. No importa que nunca sepamos quién está en platea o que no tengamos ocasión de agradecerle por tanto al creador que esa noche, con suerte, con muchísima suerte, apaciguó nuestro dolor convirtiéndolo en otra cosa. 

Elijo esa frase de Huppert en su discurso: "Nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos. " Reconozco en ella una profundidad alejada de parafernalias y reconocimientos. El teatro es un encuentro que nos precisa disponibles y generosos pero, sobre todo, el teatro es lo que nos hace a cada uno. Sobre esa operación poco y nada puede traducirse a ciencia cierta. Hablarán los expertos de (re)conocimiento, catarsis, emoción y epifanía. Tendrán razón, pero se quedarán cortísimos. 

El día Mundial del Teatro quizá sirva para que cada uno, en medio de su campo de batalla, renueve sus votos con la causa y vuelva a elegirla. Recordar que mucho más de lo que podamos darle al escenario, nos será entregado. Recordar que somos piezas ínfimas de una tradición comunitaria que seguiremos amando y desconociendo. Recordar que toda vez es única y entender que, así como nosotros no podemos concebir una vida sin teatro, también hay muchísimos que no lo precisan e incluso tantos otros que harán cuanto esté en su mano para que nuestras condiciones, nuestro ser, estar y hacer, sean cada vez peores. Harán cuanto esté en su mano para que abandonemos, para que nos dediquemos a cualquier otra cosa. No entendieron que después de nosotros vendrán otros. Con más valor y nuevas historias. La absurda historia de la civilización así lo prueba. 



m.trigo






Notas a pie de ensayo: el mundo es más fuerte que yo



ph. gentiliza de juan coulasso


De nuevo en obra ajena tratando de profundizar en la poética del ensayo. Invitada. Observando. Queriendo entender qué hay de distinto en esas horas, ese espacio, otra sala tan única y singular como cada una: Roseti. Lo conocí cuando aún era "La playita". Desde entonces esos metros cuadrados se reformaron, enriquecieron y expandieron en múltiples microuniversos. Casi siempre ficcionales. Un espacio de formación y ensayo que lleva varios años arremolinado creadores - docentes, directores, músicos y estudiantes de teatro - y apostando, siempre, por el valor de la búsqueda. Sabemos que sucede en muchos lugares pero no somos testigos de todo ni de tanto, por eso cuando la vida privilegia el recuento y la constatación es positiva, conviene señalarla. Poner el índice justo ahí, en lo que crece. Esa semilla sigue latiendo por algo. La realidad se contrapesa, se contrarresta y capitaliza. Las actividades en Roseti no niegan el afuera, todo lo contrario: lo cuestionan. Barajan dudas e incertidumbres. Las reparten y abren juego. Y fuego. 

En diciembre asistí a uno de los "entrenamientos públicos y ordinarios" que Juan Coulasso organizó con sus alumnos. Al llegar se nos entregaba una suerte de manifiesto que hoy no puedo evitar citar: "estas prácticas públicas no están pensadas para entretener a nadie, no quieren ser eficaces, tampoco presentan un límite inmaculado entre espectadores e intérpretes. son las síntesis de una serie de tareas que fuimos ejecutando adentro de nuestro espacio, adentro de nuestro cuerpo y adentro de nuestra realidad. el espectador como testigo de nuestra supervivencia. (...) no más ficción. no más espectáculo. la forma del mundo cambia, la forma del teatro caduca y es responsabilidad nuestra reinventarla."

Esos cimientos son mucho más que un deseo, diríamos que ya son una necesidad a juzgar por lo que acabamos de compartir en este ensayo de el mundo es más fuerte que yo. -primer boceto de la obra que nunca existió-. Ensayo abierto a colaboradores e interesados entre los que tengo la fortuna de encontrarme. 

Las actrices se preparan gestionando una disponibilidad que desea ser absoluta. La ardua tarea de posicionarse en el acá y el ahora. Cuerpo y voz. Escucha y sincronía. El espacio es un personaje más que tienen incorporadísimo tras dos años de ensayo. Sí, dos años. "Llevábamos demasiado tiempo ensayando esta obra", afirma el texto. Un texto que materializa algunas de las paradojas de la representación. Abre, sin pretensión de dilucidar, múltiples interrogantes sobre la naturaleza escénica. 

¿Podemos evadir "la realidad y la ficción" para "entregarnos a lo desconocido"? ¿Podemos? ¿Podrán? Esa es la invitación y esa es su búsqueda, su intento. 

"Los quiero deslumbrar", afirma categórica la actriz." Y al rato interroga: "¿Los estoy deslumbrado?". La ironía acaricia la columna vertebral de esta propuesta. "No estás loca. Sos actriz. Esta es tu vida", repite como un mantra el personaje que no termina de ser, que aparece y desaparece representado en dos actrices que despliegan energías enfrentadas: la verborrágica, compulsa y volátil y la terrenal, contundente y monosílabica. Dos caras de una misma moneda. En un momento dado ofrecen un hermoso desglose, enumeración caótica de las posibilidades que ambas simbolizan. 

Coulasso desfigura la expectativa dramática o narrativa. Quienes vieron Cinthia interminable, recordarán que se le da bien. Su dirección desafía al espectador, lo incluye, respeta e incomoda. Nos invita y obliga a ser parte. el mundo es más fuerte que yo... reflexiona sobre los determinantes del quehacer creativo, "directores pretenciosos del off", saluda y sonríe el texto. "La actuación es lo único real en mí", sentencia la actriz. 

Aún no están definidos ni presentes el vestuario ni la iluminación. La obra se estrenará en mayo y es difícil no preguntarse cuánto cambiará y crecerá. Su naturaleza performática combina el relato fragmentado, la expresividad física y vocal y la potencialidad de un plano acústico constante: música clásica, y batería y percusión en vivo a cargo de Matías Coulasso. 

La obra integra al público como personaje y también suma al director. Un director que observa, señala y comenta. Un director que en este ensayo ejerce sin parar: toma notas, manda un audio, controla el sonido, cambia una y otra vez de lugar y... Decide, mide, tantea, edita y todas esas sutilezas indescifrables que definen el oficio.

el mundo es más fuerte que yo. 

El título se resignifica tras el ensayo. Una investigación de dos años lo contradice. Aunque todo atente contra la fragilidad del escenario, éste no deja de ser un campo minado desde el que volar el mundo por los aires. En alguna parte de ese mundo se encuentran los cimientos del teatro conocido. Coulasso no duda en hacer presentes a los griegos como padres, acaso irresponsables, de todo este despelote. 

¿Queda algo en pie que sirva? ¿Cómo se hace? ¿Cómo se hace para seguir haciendo? 

Todo lo que no está escrito, lo que el texto no precisa decir, es un inmenso subtexto que se nos regala o, quizá, se nos exige elaborar. Algo de eso palpita ya en su futura gacetilla:

(...) "es el día del estreno y el teatro está repleto de espectadores. 
un instante antes de que la actriz diga la primera palabra, se larga a llover. tan fuerte que el teatro se inunda y hay que pedirle a la gente que se vaya. 
¡corran corran corran corran corran corran! 
cuando la lluvia para, la actriz, el baterista, el director y yo nos hundimos en un abrazo soñado.
eso era la obra: un accidente."

Por último, mencionar que si de algo trata esta lucha, la búsqueda incendiaria de una poética de construcción y supervivencia, es sin duda de la importancia y el valor de los grupos de trabajo, de los intercambios y de lo mucho que nos necesitamos cuando buscamos algo que sólo reconocemos al tenerlo delante. La ficha técnica de este proyecto habla por sí sola y muy bien de todo esto. 

Pueden empezar a desear este estreno de mayo. 

**


el mundo es más fuerte que yo
-primer boceto de la obra que nunca existió-.

de juan coulasso, victoria roland, matías coulasso, flor sanchez elía y roseti.

con la dirección coreográfica de carmen pereiro numer, el asesoramiento musical y sonoro de barbara togander, la dirección de arte de endi ruiz, el diseño de iluminación de mariano arrigoni y la asistencia técnica y artística de marina ollari y nadia lozano.

y la inestimable contribución - en diferentes etapas del proceso – de: maria florencia rua (asistencia de dirección del primer año y medio de ensayos y colaboración dramatúrgica), anabella sarrias (fotografía y registro audiovisual de los ensayos), javier swedzky (entrenamiento en manipulación de objetos durante el primer año de ensayos), mariela solari (asesoramiento escenográfico durante el primer año de ensayos), y eugenia perez tomas (asesoramiento en dramaturgia durante el primer semestre de ensayos).


A partir de mayo en Roseti
Roseti 722

FRIDA




Entre los actuales proyectos del incansable Patricio Abadi se encuentra el de abordar teatralmente una serie de biografías de mujeres-personaje. Mujeres-símbolo a las que el tiempo ha convertido en referentes culturales y sobre las que, aunque se haya escrito, dicho y hecho mucho, quizá nunca sea suficiente. La primera figura elegida para su teatralización es nada menos  que Frida Kahlo, la indómita y rebelde poeta del lienzo. La revolucionaria del amor y sus endebles estructuras. Frida. Un nombre que no precisa apellido y una historia vital asociada a infinitos contextos. Una mujer caleidoscopio cuya existencia resulta casi inverosímil. Un cuerpo hecho memoria. Un cuerpo dinamitado y expuesto al servicio de este mundo infame. Cualquiera que haya visitado la Casa Azul en México D.F. y contemplado de cerca aquellos corsés ortopédicos, tortuosos y torturantes, no puede evitar el pasmo ante la capacidad de persistencia y el coraje que palpita en ellos. En esos corsés férreos que Frida decoraba convirtiéndolos en una extensión de su intimidad y su esencia, se encuentra uno de los testimonios más aleccionadores sobre cómo la fragilidad puede convertirse en fortaleza. 

Abadi se adueña de esa certeza. La obra recorre la vida de Frida desde su cuerpo, traza una cronología de su existencia deteniéndose en cada herida determinante. Incluidas, por supuesto, las vergonzosas y lacerantes llagas del amor. Abadi crea una mujer que viaja, inmóvil, con las pocas fuerzas que le quedan, a sus recuerdos. Jimena Anganuzzi compone una Frida exhausta que, en la antesala de una muerte que no teme, recrea sus mejores y peores momentos buscando quién sabe qué sentido a la suma de los acontecimientos. 

La dirección desarrolla una puesta expresionista donde la actriz termina por ser una con su espacio: una cama donde el tiempo se detiene y rebobina. Ese espacio mínimo se convierte, a medida que el relato avanza, en la cartografía de su vida. Espacio, objetos y gestos son tan eficaces como contundentes. La poética de la muerte y el recuerdo se desarrolla con acierto en la suma de esos elementos, a los que hay que integrar el diseño sonoro de Malena Graciosi y la iluminación de Ricardo Sica que redondean la puesta. 

Resulta interesante la idea de abordar teatralmente las vidas de mujeres a las que el paso del tiempo no ha borrado de la historia. Quienes conozcan de antemano la vida y obra del personaje, encontrarán un nuevo orden expresivo de esa trayectoria y, sin duda, quienes menos sepan saldrán de la función con ganas de aproximarse más a ese ser insólito. Enormes objetivos para una pieza teatral. 



Frida Kahlo

Dramaturgia: Patricio Abadi.
Actúa: Jimena Anganuzzi.
Vestuario y escenografía: Paola Delgado.
Iluminación: Ricardo Sica.
Maquillaje: Merlina Molina Castaño.
Diseño sonoro: Malena Graciosi.
Fotografía: Nora Lezano.
Asistencia de dirección: Paula Marrón.
Dirección: Patricio Abadi.

Centro Cultural de la Cooperación
Sábados 20h. 

Pequeño acto de fe

A todos los actores con los que estoy trabajando justo ahora. 
Gracias. 


"En principio fue el verbo." "Hágase la luz." 

Dos frases perfectas, sencillas y contundentes. Dos frases que resulta imposible no amar porque de ahí venimos y ahí vamos con nuestro (in)consciente cultural. El colectivo y el otro, el más íntimo, el que educamos y malcriamos inevitablemente. El año creativo y creador recién comienza y, sin embargo, muchos ya andamos con el ánimo rengo porque las cosas, las infinitas cosas que amordazan el tan pardo contexto, se amontonan en contra de nuestras expectativas. Mirá que somos civilizados y pacientes, mirá que aprendimos a acomodar nuestros sueños para sintonizarlos con la realidad inverosímil, mirá que estamos avisados de que "con un poco de tiempo, todo puede ir a peor". 

No obstante. 

La vida es un producto de diseño destinado a consumirnos. Lo mucho o poco que hacemos debe adecuarse a unas coordenadas que rara vez tienen que ver con lo que necesitamos para sentirnos... ¿Cuál sería la palabra? Ni bien, ni felices, ni realizados. No. Ninguna de esas palabritas de autoayuda alcanza. ¿Sentirnos vivos, sería? Seguramente tampoco. La vida parece demasiado un accidente. Estamos vivos por quién sabe que azares, sobrevivimos de casualidad y el destino, esa cruz griega que brilla en las tragedias, cada vez parece más y más indómito, impredecible, truculento. No hay donde esconderse. ¿Pero no hay nada que hacer? 

Hemos estado ya en este mirador desolado tantas veces, nos animan a saltar al vacío tan a menudo, que resulta imposible no cuestionarse nuestro puñado de certezas. Esas malas hierbas que crecen como la loca esperanza, sí. 

Certezas humildemente compartidas bajo lluvia en este día:

* Creo en la ficción. En todo lo humano que redime. 
* Creo en el consuelo de todas las formas del arte y en el valor de quienes logran practicarlo porque saben que no pueden hacer otra cosa.
* Creo en la necesidad vital de una poética que traduzca este infierno. 
* Creo en los deberes y la responsabilidad que implica asumirse como artífice, pieza, parte, de cualquier ingenio que amortigüe la caída. 
* Creo en la búsqueda. Y en la necesidad. En el hambre infinito que nada entiende de límites, plazos, números o prisas. 
* Creo en la voluntad de quienes se reúnen para levantar un castillo de imposibles en medio de todos los desiertos. 
* Creo en el teatro. En su infinita capacidad para darnos sentido. 

Elijo este puñado de certezas, pero quiero irme, sí. Varias veces al día quiero irme y dedicarme a cualquier otra cosa que duela menos. Cualquier otra cosa donde no deba trabajar revolviendo lo que  amo y lo que odio como si fuera fácil o bonito. El problema es que no hay de donde ir, no hay donde esconderse de una misma. 

Si el destino es un tópico tan vulgar como el amor, la vocación, por supuesto, apenas es subtema, tontería mayúscula que desmerece todo miramiento. Las acotaciones del sistema así lo explican. 

Sin embargo. 

Siempre fue mal tiempo para la lírica. 
Siempre estuvimos fuera del afuera. 
La realidad es una madrastra que nunca nos quiso. Nos persigue  para mostrarnos la fortuna de los otros. Esos extranjeros que nunca seremos, esos que saben cómo decidir, cómo ser útiles, hermosos y valientes sin enloquecer ni despeinarse. 

El año recién comienza. No vendrán tiempos mejores y nuestro coraje quizá no alcance, pero no nos prendamos fuego todavía. Lloremos si es preciso. Volvamos a llorar para olvidar. Pero no nos odiemos como si fuéramos nosotros los culpables de cuanto no sucede. 

Nada sirve para todo, pero lo que  elegimos hacer, lo que sabemos hacer, lo que logramos pese a todo y tanto, tiene un valor. Uno que el mercado desconoce. Esto tiene todo que ver con sobrevivir y nada, pero nada, con entretener la miseria ajena. Eso creo. 




m.trigo

Pablo Bellocchio



Dramaturgo y director de teatro



¿Cómo te definís profesionalmente?
Supongo que como un laburante del teatro. Creo que con el tiempo me fui permitiendo cada vez más arriesgarme en lo que hago sin estar tan pendiente de un resultado determinado. Estoy enamorado del ensayo. Me gusta cada detalle de ese espacio; los mates, los intentos, las búsquedas, las devoluciones… Vivo para estar ahí, embarrado en ese estado de prueba permanente. El teatro quieto y solemne me aburre un poco.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Por un montón de cosas, pero sobre todo porque no puedo no hacerlo. No me sale no estar ensayando algo.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
A persistir.  A seguir probando.
¿Y lo más hermoso?
A compartir. A destronar al ego o al menos acomodarlo en un lugar más sano.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Saco muchas cosas de todo lo que me queda atragantado. Lo no dicho. Lo que me hubiera gustado decir… De ahí nacen un montón de cosas que después mutan hacia otro lado.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Me duele la falta de compromiso. El egocentrismo. Aquellos que no toman en cuenta el trabajo colectivo y ponen la mirada exclusivamente en la propia necesidad. Me duele y me enoja todo eso.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No. Marqué mis prioridades y en eso hay cosas que quedan postergadas, pero no lo vivo como un sacrificio.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Cinco.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
Sí.
¿Cuántos te esperan ahora?
Cuatro.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Esto es tan solo la mitad de todo aquello que me contaste tuvo más de un año de ensayo en total y estuvimos cuatro años en cartel.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Fue el comienzo del Colectivo Lascia y fue la primera vez que encontré desde la dramaturgia una voz propia. Una manera particular de contar una historia. Pude montarla en Timbre 4 durante dos temporadas y eso para mí fue un sueño cumplido. Se me hace difícil encontrarle algo negativo.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Mitad y mitad. Llego a la mitad de mis ingresos dirigiendo y dando clases que son dos cosas que amo. Hoy por hoy llegar a la mitad de mis ingresos me parece un montón. La otra mitad la cubro administrando una página web de noticias, Desde Boedo
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Literatura y cine.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Ensayar en el sótano de un bar, con mozos que se metían en la mitad de las escenas para acomodar cajones de Coca Cola.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Publicidad.
¿Qué estás leyendo?
Charlas con mi hemisferio derecho de Hernán Casciari y Zen en el arte de tiro con arco de Eugen Herrigel.
¿Qué autores recomendás siempre?
Kundera. Cortázar. Fontanarrosa. Italo Calvino. Hesse.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Todo aquello que incluya a Batman. Amo El Padrino. Casi todas las de Tarantino o Scorsese.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Los simples y honestos.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Compromiso. Entrega. Juego. Disciplina. Ganas. Ego en su lugar.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A todos los que puedo.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Charlo mucho con la gente del Colectivo que integro. Discutimos un montón; tenemos charlas jugosas de las que siempre salgo estallado de teatro. Somos un grupo de calentones de las tablas y es hermoso lo que aprendemos mutuamente el uno del otro.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? 
No solía hacerlo, pero con el tiempo comprendí que sí.  
¿Por qué?
Ese subsidio está ahí porque lo que hacemos es importante. Tiene valor. Entonces siento fundamental que ese apoyo económico perdure. Debemos marcar esa presencia. Que se comprenda la importancia de sostener nuestra actividad; que muchas veces se hace económicamente inviable, más allá de que uno deba lograr que su proyecto se haga independientemente de si uno cobra esa plata o no.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Por los olores, por los barrios, por la noche… Porque amo cada baldosa. Cada rincón mugriento. Cada cafetín.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando una imagen se me hace recurrente, empiezo a escribir. Si no puedo parar de pensar en eso durante algunos días, no hay más remedio… Me tengo que hacer cargo.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Sí. Va mutando, pero con el tiempo lo voy encontrando.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Un montón de arreglos caseros. Canillas que gotean. Humedad en las paredes. Desorden acumulado.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Supongo que sí, pero cuando me ocupa demasiado tiempo en la cabeza, trato de ponerme a pensar en cosas más importantes.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Macri.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Leo, escribo, juego con la computadora, y últimamente disfruto mucho de comer. Lamentablemente lo último se me va notando.