Los santos varones




El placer de encadenar la lectura de varios libros de un mismo autor.
Terminamos el año conociendo y presentando a Luciano Lutereau.

Acá varios motivos para regalarse la lectura de Los santos varones.*

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Un carácter irritable era un lujo que yo no podía permitirme.

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Suele ocurrir que las mujeres puedan desarrollar su admiración por un hombre sin el menor rastro de conflicto entre dos opciones. Una mujer puede amar a su marido y a un cantante francés al mismo tiempo. Sólo los hombres padecen como un problema el vínculo decisivo entre sus esposas y sus amantes. (...) Una mujer puede tener varios pares de zapatos y sentir la necesidad de comprar un par nuevo, porque es diferente a los anteriores. Y luego usar las mismas zapatillas todos los días.

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Elegir ciertas profesiones es como formular un decreto anticipado de tu inutilidad, a pesar de los estudios soberbios con que algunos especialistas - y éstas son realmente las personas que no sirven para nada - pretenden demostrar que todos somos perfectos y que llevamos dentro de cada uno una estrella, o un don diferencial que nos habilitaría a hacer cosas que nadie más puede hacer, quehaceres con los que seríamos únicos y hermosos.

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"No tenés que tenerle miedo a la oscuridad, porque Dios siempre te va a estar mirando". Y entonces sentí un horror profundo frente a la mera idea de que la oscuridad pudiese revelar un perfil atemorizante, como si un espacio emancipado fuera restringido a la condición de propiedad vigilada. A partir de ese momento comencé a temerle a las palabras de mi madre. Luego a las palabras, simplemente.


* Los santos varones, Factotum ed. Bs. As., 2011.

últimas polaroids

(notas de la residencia de verano del madrinazgo Kusmuk)


2012
nos hizo tan posibles
que ahora estamos acá
apuntalando el breve terremoto,
esos doce segundos terminales
donde seremos otros.

(todavía)

seremos la tormenta inesperada,
un pedazo de pan con mantequilla,
el jazmín perfumando la escalera del tiempo
y algunas altas olas, muy frías, a lo lejos.
seremos desde ahora un buen recuerdo
sin una foto o prisa por guardarse.

estaremos en breve descorchando
la excusa necesaria,
puliendo la mirada del amado
como quien pasa y canta o silba. o nada.

y pronto no sabremos explicarnos
nuestras torpes corduras,
ni mordernos la lengua o los olvidos,
y estaremos de nuevo
repasando las cuentas que no salen,
usaremos un nombre por costumbre
y alguien sonreirá
cuando otro diga che, no sé qué quiero
y el día nos comience una vez más.

m.trigo

pasa, sapito

poco y nada entendiste.
no te buscaba a vos,
quería un cuento.
tan poco principescas
sus cuestiones
en esa tarde azul
toda de lluvia.

pasa, sapito.

ella no te besó porque te amara,
fue por sacarte el frío
y por ser tonta
o quizá sólo buena,
pobre nena.
nada sabía ella
del más antiguo hechizo.

pasa, sapito.

no llores porque estés
de nuevo solo.
no hay cuento sin maldito
happy end.

m.trigo

Así la espera

Raros ratos. Silencio. Y el aire tan de paso
sobre todas las cosas imprecisas.
Del todo innecesarias a su vez.
Lo saben.
Quizá por eso callan. Y no esperan.
O lo hacen de otra forma.

No así, no como yo.

No se espera arañando las paredes
o mirando horizontes a punto de borrarse.
Ni se espera en andenes
por antigua que sea la costumbre.
No se espera tampoco contando cicatrices,
picaduras, restos de tatuaje
de nombre abandonado.

Sobre todo,
no se espera inventando
al filósofo inmune a tu palabra,
porque llegará el día
donde tampoco vos
sabrás qué hacer con su sonrisa a mano,
su brevedad certera,
sus ganas de ser otro y estar lejos
o de quedarse acá,
en medio del silencio de la tarde
y hacer como si nada
mientras el aire borra
cada duda.

Humanidad versus globalización, by Boccanera

(...) "Alguna vez el término humanidad designó una comunidad planetaria, una sociedad plural. Era una palabra abarcadora de la complejidad del ser, su sentir, su lucha diaria, su inventiva y su devenir histórico. Nombrarla era sentir el latido de la especie y vislumbrar las entrañas de aquello que percibimos como futuro; una palabra ubicada más allá de la abstracción que supone la mención del cosmos y lejos también de denominaciones interesadas como civilización y progreso, sospechosamente de la mano del colonizador.

Ahora, que el objeto ha reemplazado al sujeto, decimos globalización, como si ese término ocupara el espacio de la palabra humanidad, que parece haber extraviado sus rasgos esenciales, su naturaleza. A una humanidad sin lo humano, entonces, le correspondería una mundialización sin mundo; miseria y alineación en el modelo de desarrollo impuesto por el capital financiero que, además, resulta ecológicamente insostenible.

La globalización devastadora que en todas partes se siente en su casa, rebaja esa impronta de humanidad en sucesivos ajustes estructurales que empobrecen mucho más allá del salario; porque afectan la historia, la creatividad, la autoestima, la memoria, la dignidad, la alegría, la conciencia, la posibilidad del mañana. La alternativa a ese modelo involutivo es reconfigurar la democracia a la medida del hombre. Para ello es imprescindible restaurar el sentido común, ver con los ojos de la conciencia; discernir entre el "abarcar" de la globalización y el "conectar" de la solidaridad. Podría decirse que un rediseño de la sociedad en tanto seres que procuran un bien común, es posible desde el acto mínimo de distinguir aquello que vale la pena, econtrar un sentido allá donde sólo se percibe utilidad. Valer la pena, también remite a merecer. Para merecer una sociedad diferente, es necesario mantener la mirada crítica hacia lo establecido, avivar el debate, habilitar lazos sociales, contruir redes alternativas resistiendo el pensamiento único y las formas de discriminación, disputar espacios y llenarlos de contenido. En palabras de Scavino, el compromiso ético pasa, además, por sostener el propio deseo. Todo ello resulta sumamente arduo cuando desde los centros de Poder se procura un ciudadano descartable, confundido entre el deseo y la tentación, impedido de reconocer sus necesidades y de desplegar sus potencialidades".

Jorge Boccanera.

Art. "Solidaridad y memoria: una idea de reprocidad en siete miradas breves", publicado en la revista Dulce Equis Negra, n° 2, octubre 2005, Bs. As. (pp. 74-79).

Juramento

Jesús murió por los pecados de alguien
pero no por los míos
revuelta en una olla de ladrones
un comodín en la manga
espeso corazón de piedra
mis pecados son míos
grabo en mi palma
una dulce X negra
Adán no me embrujó
abrazo a Eva
y asumo toda responsabilidad
por cada bolsillo que he robado
vil y hábil
cada canción de Johnny Ace
con la que me he divertido
mucho antes de que la iglesia
lo diera por bueno y limpio
Así pues, Cristo
te digo adiós
echándote esta noche
yo misma puede encenderme la luz
y la oscuridad también está bien
te colgaron por mi hermano
pero conmigo no te pases
tu muerte fue por los pecados de alguien
pero no por los míos

Patti Smith

de Un fuego de origen desconocido.

cabreo sin motivo

a veces, como la oruga o como la más tonta de las niñas, me cabreo porque no llueve justo donde quiero. o por la estupidez de los mapas y los otros, y también, y quizá sobre todo, por la fatiga imputual de los aviones que nunca me aterrizan sobre vos.
a veces me cabreo aunque sea domingo y haga sol sólo por el raro placer de mirarme al espejo y no tener idea. no entender dónde empieza la mirada de arce o el silencio de monja a dejar marcas. no saber maquillar como si nada la sonrisa imperfecta. (tan poco monalisa desterrada).

a veces me cabreo como si fueras vos o la cocina sin lavar lo que molesta. y no logro explicarlo. y nada de disculpas por mi cara de orto o de mapache uraño. ni lo intentes.

a veces me cabreo porque es mucho más fácil.

y punto.  


m.trigo

Esta botella al mar

que a ratos todos somos, no sólo no se cansa, tampoco se extravía o estalla en mil pedazos.

Resiste. Todavía.

Espera poco y nada. Apenas otra ola. Esa fuerza extranjera donde baila. Ni tan siquiera avanza. Sólo sigue. Sin preguntarse quién la pusó acá, sin poder ni querer leer su contenido. (Otro misterio).
Más ser en plenitud que ocupación constante y tan cualquiera.

Esta botella al mar anoche llegó a vos. Orilla de un quizá donde todo comienza.

Espera bajo el sol.
No sabe nada.

Quizá si le preguntan responda que desea ser voz de tu verano.
Por supuesto no sabe lo que dice.
Pero quiere.


(a L., por ahí, quizá también acá).

Saer

(...) "si él hubiera sabido que lo que se dice debe tener un mínimo de coincidencia con lo que se hace, porque de otra manera cada palabra se convierte en un instrumento destinado a sonar y que no suena, en un oído ensordecido perpetuamente, en una cosa parecida a tener el impermeable en la tintorería un día de lluvia; si hubiera sabido además y al fin de cuentas que cada uno en sí lleva la culpa de lo que le pasa y que achacar a los de afuera es una cosa fea y hasta de bajo sentimiento, y que si bien nadie con ocupación permanente busca el perjuicio de los demás, procurando el provecho propio debe sacrificar los provechos ajenos, y que cuando existe pugna de necesidades va a salir gananciosa la que esté protegida por más fe; (...) si hubiera sabido que cada cosa admite una cosa contraria que invierte sus propiedades de lo que resulta que estando en un sitio a tiro no se puede estar en un sitio a salvo; y si, por fin, hubiera sabido que lo que se levantó de igual modo se desmorona y que lo que parece perfecto es sólo perfecto en relación a su crecimiento y no lo es respecto de su decadencia, y que cuando la decadencia de una cosa comienza a crecer y a crecer entonces se ahoga y destruye su antigua perfección.

Juan José Saer, "Un caso de ignorancia".
En la zona, Seix Barral, Buenos Aires, 2003. (1960)

Pánico

Lo que sigue son unos fragmentos de Escribir en Canadá. Una biografía de Guadalupe Muro, de Luciano Lutereau, editado por Pánico el pánico. 

Busquen títulos de la editorial Pánico. Se harán grandes regalos. 




www.panicoelpanico.com.ar








Buenos Aires

24 de septiembre

Anoche en un bar me preguntaron: "¿Y de qué trata tu último libro'". Dije "mi último y único libro es de poesía". Y vaya a saber por qué razón misteriosa al decirlo me sonrojé como una quinceañera, se me pusieron los cachetes colorados, ese calor que no sentía hace tanto tiempo. Así que me tapé la cara con la mano en que tenía el vaso, cerré los ojos y disfruté el instante que duró mi vergüenza, sintiéndome muy hermosa. 

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Diario aéreo 
(Somewhere over the rainbow)

s/f (ni hora)

ESTADOS UNIDOS: quiero decirte lo feliz que me hace que exista todo el resto del mundo, todo el resto del mundo con sus casas viejas y sus imperfecciones, con sus ropas viejas, usadas, heredadas, con su esfuerzo cotidiano, sus pequeñas tazas de café negro, sus paredes descascaradas, su cumbia, sus zapateros de barrio, su desorden y sorpresa. 

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Poética: 

Hace poco se me ocurría que un buen poema debería funcionar como un argumento en el que cada verso es una premisa que va convenciendo al lector; que éste va aceptando como "verdadera". Creo que cuando esto pasa, quien lee se deja arrastrar placenteramente a un imaginario en el cual se encuentra, de alguna manera, obligado a aceptar todo el poema como una conclusión imposible de refutar o ser escrita de otra manera. 

Contra la abulia veraniega



Viendo que el mundo sigue, habrá que aprovecharlo.


SEMINARIO INTENSIVO DE CREATIVIDAD 

del 15 al 31 de enero
martes y jueves de 19 a 22h


Pruebas y prácticas irrefutables de que el arte nos rodea.

Para los que trabajan preguntándose cómo y no para qué.


***


AHORA, ESCRIBO (7 citas por toda la ciudad)

Citas literarias y mucha, pero mucha, tinta suelta.

Porque a escribir se aprende escribiendo.

(máx. 8 personas)


Por: macarena trigo *
 
Informes: macatrigo@gmail.com
 
 
 
 
* m.trigo: actriz, directora, poeta y responsable de los contenidos de este blog.
Lic. en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Historia del Arte y Comunicación Audiovisual.

nqm#2

Llegó, salió, apareció, volvió, se escribió, se inspiró, es decir, se pintó el ojo, se puso linda para las fotos y ahora sólo te espera a vos.

Entrále nomás.

http://issuu.com/nadiequieremorir/docs/nqm__2/17

Botón de muestra: fragmento del artículo "La edición independiente como género literario", de Luciano Lutereau.

"Editar es siempre una respuesta al mercado. Lo que no quiere decir que no implique una satisfacción. No sólo porque dejar de responder es imposible, sino porque hay formas de dar lo que no se tiene. Eso es lo que llamamos amor. Además, sin lugar a dudas, es la única lógica del capitalismo la que realiza la edición independiente: con oferta creamos demanda; o mejor dicho, se invierte la demanda introduciendo lo que no había. Y esa nada misma busca que se le pague, para que su falta sea la causa de una nueva experiencia de lectura. En este punto habría que corregirse: no se trata de vender libros, porque el libro ya no es el soporte favorito de la literatura. El fetichismo de la mercancía está agotado en un paisaje más amplio de prácticas comunitarias que hicieron estallar la publicación por fuera de un formato privilegiado.

Ahora vivimos en otra parte. Lo contrario de la presencia no es la ausencia sino la distancia. El resto esá afuera".

Más o menos un millón de imposibles por minuto

No sé si esa es la cuenta más exacta porque cómo se mide el imposible y quién nos garantiza que en realidad lo sea. ¿Y está bien ir pensando que hay tanto sueño breve que nunca nos será?

Esa es una lectura. La otra bien puede ver en cada azar lejano, en esa rara suerte de imposibles, un objetivo nuevo, un horizonte sano hacia el que caminar y ver si así, de a poco, el im- se va borrando.

Cada tanto sucede porque a veces descubres que el agua en que te ahogas apenas es un vaso. Y te lo bebes. Y al final el problema o el deseo era un poco de sed. Y se te pasa.

No es frecuente esta gracia. Pero pasa.

Entonces tomar nota. Y aprender a soñar de otra manera.
Diferente.
O más grande.

John Berger

Lectura inagotable: El tamaño de una bolsa, del siempre genial John Berger.

Acá un recordatorio, un sacudirse el polvo para seguir caminando:

(...) Todos los días, a lo largo y ancho del mundo, los medios de comunicación sustituyen la realidad por mentiras. No se trata en principio de mentiras políticas o idelológicas (esas vienen más tarde), sino de mentiras visuales, materiales, sobre aquello que compone en realidad la vida humana y la vida natural. Todas las mentiras convergen en una colosal falsedad: la suposición de que la vida misma es un artículo de consumo y que aquellos que pueden comprarla, son, por definición, los que la merecen. La mayoría de nosotros sabemos que es falso, pero muy poco de lo que se nos muestra confirma nuestra resistencia.

**

Lo que nos recuerda la pintura de El Bosco - si se puede decir que las profecías recuerdan - es que el primer paso en la construcción de un mundo alternativo ha de ser rechazar la imagen del mundo que nos han impuesto y todas las falsas promesas empleadas por doquier para justificar e idealizar la necesidad, criminal e insaciable, de vender. Es vital que encontremos otro espacio.
En primer lugar, tenemos que encontrar un horizonte. Y para eso hemos de volver a tener esperanza, en contra de lo que el nuevo orden pretende y perpetra.
La esperanza, sin embargo, es un acto de fe, y la fe para sostenerse precisa de acciones concretas. Por ejemplo, la acción de aproximarse, de calcular la distancia y caminar hacia el otro. Esto conduciría a una colaboración que se opone a la discontinuidad. Resistir no significa sólo negarse a aceptar la absurda imagen del mundo que se nos ofrece, sino también denunciarla. Y cuando el infierno es denunciado desde dentro, deja de ser el infierno.

Días así no abundan

Días donde se siente del todo necesario
que alguien lleve el apunte de azares puntuales.
Donde no hay ni un poquito
de distancia o de tiempo desmigado.
Donde todo sos vos
y locas circunstancias imposibles.
Donde ayer y mañana la misma exacta cosa.
Capicúa.
Donde pensar, querer, sentir y ser
conjugan parecido.
Donde pasea y canta
el niño rescatado de tu olvido.
Donde el silencio logra ser lenguaje.
Donde no pides más. Y hasta te sobra.

m.trigo

No entiendo

El universo. Eso de la expansión.

el big bang de leyenda,
kaboom impredecible y tan probable.
Estrellas y distancias y agujeros
sin nombre.
La cruda economía. Cómo mata.
Qué pez se come a quién.
Por qué los dejan.
No darles de comer. Cómo sería.
Tiburones de acuario. Raro miedo.

Los mapas de colores y fronteras.
Los bordes de papel tan importantes.
La excusa geográfica.
Los muros berlinescos
en todas las ciudades.

El dios de los altares y blasfemias.
Sus infinitos rostros y rituales.
Sus niños infelices, su locura.
La divina injusticia practicada
como dogma constante. Para qué.

El amor como fuente de sentido
si sólo implica a dos desmemoriados.
Decir bebo los vientos, beso el piso,
querer atrapar agua entre las manos
y luego ir a llorar. Y no aprender.

Otras cosas tampoco.

Cómo se quita el miedo,
a dónde hay que mudarse,
cuánto dura crecer,
por qué nos duele,
de qué nos sirve el ego,
qué mierda es ser feliz
y a quién puede importarle
nada de esto.

m.trigo

Consejos de Borges *

"Adolfo Bioy Casares, en un número especial de la revista francesa L'Herne, cuenta que, hace treinta años, Borges, él mismo y Silvina Ocampo proyectaron escribir a seis manos un relato ambientado en Francia y cuyo protagonista hubiera sido un joven escritor de provincias. El relato nunca fue escrito, pero de aquel esbozo ha quedado algo que pertenece al propio Borges: una irónica lista de dieciséis consejos acerca de lo que un escritor no debe poner nunca en sus libros. Ahí va ese curioso inédito borgiano.

En literatura es preciso evitar:

1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.
2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.

5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
7. Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.
8. La enumeración caótica.

9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
10. El antropomorfismo.
11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.
12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.

13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.
15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:
16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio".

* Fragmento del artículo "Así escribo mis cuentos", por J.L. Borges, publicado en la revista Quimera 103-104, octubre 1991, reeditado en octubre de 2001. (Quimera 207-208).



Flashback al estreno de La naranja mecánica

Febrero de 1972. Anthony Burgess ve la película de Kubrick sobre su novela y escribe esto que hoy leemos:

"(...) Tengo una observación final que hacer y ésta no les va a interesar a aquellos que les guste pensar en la naranja de Kubrick más que en la de Burgess. El lenguaje tanto de la película como del libro (llamado nadsat, el sufijo “adolescente” ruso, como en pyatnadsat, que significa “quince”) no es mera decoración ni es una indicación siniestra del poder subliminal que el superestado comunista pueda tener sobre los jóvenes. Quiso convertir a La naranja mecánica en, entre otras cosas, un manual de lavado de cerebros. Uno lee el libro o ve la película y al final debería encontrarse en posesión de un vocabulario ruso mínimo –sin esfuerzo, con sorpresa–. Así funciona el lavado de cerebros. Elegí palabras rusas porque se mezclan mejor con el inglés que las francesas o alemanas (porque el alemán es una especie de inglés no demasiado exótico). Pero la lección de La naranja no tiene nada que ver con la ideología o las técnicas represivas de la Rusia soviética: está preocupada con lo que puede pasarnos a cualquiera de nosotros en Occidente si no mantenemos nuestra guardia alta. Si La naranja, como 1984, toma el lugar de una de las advertencias literarias –o cinematográficas– en contra de la debilidad, el pensamiento poco riguroso y la exagerada confianza en el Estado, entonces tendrá algún valor. Por mi parte, el libro no me gusta tanto como otros que escribí: lo he mantenido, hasta hace poco, en una jarra cerrada –mermelada, preservada en un estante antes que una naranja en un plato–. Lo que me gustaría es ver una película de otra de mis novelas, todas las cuales son singularmente no agresivas, pero temo que eso es pedir demasiado. Parece que debo ir por la vida como la fuente y el origen de una gran película y como el hombre que debe insistir, contra todos los que piensan lo contrario, que es la criatura viva menos violenta. Como Stanley Kubrick".

Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/subnotas/4881-607-2012-12-16.html

Pizca de Foucault

"Mientras que lo fabuloso no puede funcionar más que en la indecisión entre lo verdadero y lo falso, la literatura se instaura en una decisión de no verdad: se ofrece explícitamente como artificio, pero comprometiéndose a producir efectos de verdad que son como tales perceptibles. La importancia que en la época clásica se ha concedido a lo natural y a la imitación constituye sin duda una de las primeras formas de formular este funcionamiento "de verdad" de la literatura. La ficción ha reemplazado desde entonces lo fabuloso; la novela se liberó de lo fantástico y no se desarrollará más que liberándose totalmente de sus ataduras. La literatura forma parte, por tanto, de este gran sistema de coacción que en Occidente ha obligado a lo cotidiano a pasar por el orden del discurso, pero la literatura ocupa un lugar especial: consagrada a buscar lo cotidiano más allá de sí misma, a traspasar los límites, a descubrir de forma brutal o insidiosa los secretos, a desplazar las reglas y los códigos, a hacer decir lo inconfesable, tendrá por tanto que colocarse ella misma fuera de la ley, o al menos hacer recaer sobre ella la carga del escándalo, de la transgresión, o de la revuelta.
Más que cualquier otra forma de lenguaje la literatura sigue siendo el discurso de lo "infame", a ella le corresponde decir lo indecible, lo peor, lo más secreto, lo más intolerable, lo desvergonzado. La fascinación que ejercen entre sí desde hace años el psicoanálisis y la literatura es significativa, pero es preciso no olvidar que esta posición singular de la literatura no es más que el efecto de un dispositivo de poder determinado que atraviesa en Occidente la economía de los discursos y las estrategias de lo verdadero".

M. Foucault.

La vida de los hombres infames.

Amante versus amado

"... el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permitásenos añadir que este amante del que estamos hablando no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.
Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. (...) Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.
Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón, pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor".

C. McCullers.

La balada del café triste, en el recomendadísimo recopilatorio de su obra, El aliento del cielo, Seix Barral, Barcelona, 2007.

Master class de W. Herzog

Clase impartida por Herzog en el último festival de cine 4+1. Imperdible.

Gracias a Camilo Vila por recordárnoslo.


acá y ahora

no entiendo demasiado. me pasa muy seguido. me pierdo en los problemas. me enreda el enunciado matemático de una rara existencia donde todo son idas y venidas sobre un mapa tan falso como esquivo. sucede que estos días la vida es como un cuento improvisado donde el tiempo no avanza y los trenes se atrasan y nos llueve despacio y el aire se enrarece sin que nadie mencione los motivos.

acá y ahora es distinto. diferente a los mundos conocidos. espejo dado vuelta donde escribir un nombre como hechizo. decirlo siete veces en voz baja. esperar y esperar el imposible. extraño cuando el mundo termina siendo un nombre recordado después de mucho tiempo sin palabra adecuada que llevarse a la boca.

acá y ahora sucede poco y nada. tormenta de palomas y mentiras. esperar a que amaine la lluvia consentida confiando en que el viento despeje algunas dudas o nos borre y nos barra nuevamente.

el tiempo de esperarte no entretiene. pero tampoco cansa. quizá porque ahora mismo no se entiende el mañana. nadie ve desde acá qué cosa sea.

Leer en voz alta by Caicedo.

"Lo que más me gusta, más que subir loma o saltar tapia, es leer en voz alta. Es una opresión blanca en el corazón. Un partirse en dos total: preocupación angustiosa por la opinión que se están haciendo los oyentes de aquel que al leer se está exponiendo. De allí, desconcentración paulatina de la lectura. Mi yo se está quemando en aquellos que no veo, pues tengo los ojos fijos y abarcando sólo los caracteres impresos. Se me hace, entonces, que el que está hablando es sólo un cascarón, una conciencia desconocida. Pero viene, repentino, el momento en que sabes complacidos a los que escuchas con la intensa satisfacción nerviosa que me produce el tacto, y dura lo que una descripción corta: ante una porción de diálogo me pregunto si no habrá que inconveniente en adaptar una voz de personaje para cada uno de los hablantes".

Andrés Caicedo.
El cuento de mi vida, Verticales de Bolsillo, Bogotá, 2007.

Autoayuda

Títulos posibles. ¿Alguno va escribiendo?


* Sobrevivir a uno mismo. 103 maneras de freezar tu ego.
* ¿Querés ser artista? Test para invalidar tus absurdas prentensiones.
* 1001 motivos para echar a correr.
* Por qué la vida no es lo que esperabas pero no es tu culpa.
* Cómo ser recordado: autobiografía para principiantes.
* Manual para vivir del aire y sus alrededores.
* 365 excusas para no hacer lo que deseas.
* Tu pareja. Todo lo que no encontrarás en ella.
* Terapias alternativas. Cómo explicárselas a tus amigos para que no te internen.
* Vicios. Prácticas avanzadas.
* Cómo prestar atención y que se note.
* Por qué enamorarse de alguien a quien detestas. El mito de la incompatibilidad de caracteres.
* El mundo no se acabó. Cómo reinsertarse en sociedad cuando las profecías (también) nos traicionan.
* Amigos. Cómo explicar el concepto a los hijos del facebook.
* El silencio dramático. Interpretando la falta de respuesta.
* Última temporada. Guía para enfrentar el duelo tras el fin de tu serie favorita.
* Dejáte de joder. Cómo empezar.
* Vocación. Prueba para superarla. Incluye ejercicios prácticos y guía de soluciones al final.
* Quién merece qué según ellos. Enteráte por fin de qué parte del pastel te toca.
* Manual de emergencia para estados paradójicos. vol. I: Ni yo mismo me entiendo.

No seré

Se admiten versiones musicales.

**

No, no seré
tu princesa prometida,
no sére
tu niña consentida,
ni seré
la que aguante a tus amigas o a tu ex
no seré,
lo que quiera tu mamá cuando me ve.

No, no seré
la que diga que te cuides si te vas,
ni quien banque tus crisis de ansiedad.
No seré
la que espera sentada en un café
ni seré
la que rece por verte aparecer.

No seré
el sentido de tu vida,
ni seré
la que cure tus heridas,
no seré
tu excusa o tu mentira,
tu fin o tu alegría,
no seré.

No, no seré
la madre de tus hijos,
ni seré
la que quiera llegar a fin de mes,
no seré
la que llene tu sonrisa cada vez
la que entienda tu silencio o tu desdén,
no, no seré.

Homo ultravilento, by Fresán

"Y ahora hace frío y Rodríguez, leyendo sobre la mortal heladera refrigerada, se pregunta si él también tendrá una parte roja en su cerebro y si en cualquier momento se pondrá en marcha. No con la frialdad calculadora del “héroe” de la serie Breaking Bad (su favorita) sino con la furia de un Hulk que está verde y al que no se deja salir. Razones para estallar no le faltan, botones para presionar que activen los engranajes abundan, motivos para desatar un tsunami sobran. Porque, aquí y ahora, lo imposible se hace certeza en cualquier esquina de noticiero donde acechan –y su efecto es acumulativo– todas esas voces más que dignas de ser reducidas a pedazos. Algunas al azar... Rajoy explicando que “la realidad” (y para Rajoy la realidad es casi un villano de la Marvel Comics, algo parecido a Galactus) es la razón detrás del incumplimiento de otra de sus promesas y no, no se van a actualizar las pensiones. El juez y la policía intentando explicar la puesta en libertad del mega-mafioso Gao Ping cortesía de un tecnicismo legal que a alguien se le pasó por alto. La plana mayor y vieja Guardia del PSOE cobijándose de su invierno privado con un ejercicio retro en el que Felipe González aparece, siempre, como el espíritu de navidades pasadas tan pero tan feliz de conocerse primero y de que lo reconozcan después dictaminando que “el PSOE ha perdido la vocación de mayoría” entre aplausos automáticos y sin que nadie se atreva a explicarle que lo que ha perdido y sigue perdiendo el PSOE son votantes que lo aguanten y soporten. La buena nueva de que se otorgará residencia automática a todo aquel extranjero que se compre uno de esos tantos inmuebles pagando de 160.000 euros para arriba por alguna de las muchas viviendas desocupadas (algo me dice que muchos amigos de Gao Ping están interesados en el asunto). Los delirios del papa Benedicto XVI (ahora resulta que los reyes magos eran andaluces y el chiste fácil es “Claro, si trabajan una vez al año”). Las discusiones a los gritos en las tertulias televisivas sobre las recién publicadas memorias de Aznar donde reaparece su célebre cuaderno azul y se analiza cómo decidió que Rajoy sería su marioneta/continuadora, y momento formidable: el entonces presidente de gobierno llamando al Rey desde un avión con problemas mecánicos para avisarle que, “si nos ocurría algo” buscaran entre los restos su cuadernito azul con el nombre de su sucesor".

Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-209631-2012-12-11.html

Dudas sobre la distancia

¿Cuántos milímetros constituyen la distancia adecuada?
¿Cuántos mapas hacen falta para que dos vidas se encuentren?
¿Si un vuelo se demora el territorio retrocede?
Cuando un tren nos deja en la puerta de la infancia, ¿qué atajo toma?
Si al verte la multitud desaparece, ¿por qué habitamos mundos diferentes?
¿Cuál es la distancia más corta entre dos sueños?
La suma de todas las palabras empleadas en un día para llegar a vos, ¿cuánto mide?
¿Cuál es la distancia mínima para un desencuentro?
Si al pensarte estás conmigo, ¿cómo hacés para estar en todas partes?
¿Cuántos pasos días besos miedos nos separan?
¿El abismo entre lo que se hace y lo que se desea cuántas veces se salta?
¿Cuántas esquinas dobla el presente para convertirse en recuerdo?
Cuando me olvides ¿seguiré a tu lado?

¿Cómo se llama la distancia exacta que hay entre la persona que fui y la que soy?
¿Y cómo se calcula?

m.trigo


Cartas a mi querido espectador


Carta/respuesta al espectáculo Cartas a mi querido espectador de Fabián Gandini presentado ayer dentro del 1° Festival M -Zero en el teatro El Extranjero.

**

Querido Fabián,

ayer recibí tus cartas. Gracias. Como bien decís, una carta es un intento de aproximación. Uno de mis intentos favoritos. Por eso recibir anoche todas esas cartas juntas fue uno de esos raros regalos para los que la palabra "gracias" queda chiquita, pobre.

La carta número siete tuvo un raro efecto en la noche. Vi como se alejaba. El tiempo se detuvo o se amplió. Era uno de tus objetivos. Conseguir que las palabras me obligaran no sólo a reflexionar sobre el imposible ahora, sino a focalizar sobre los múltiples planos azarosos y sutiles que construyen eso que a ratos llamamos realidad y, a veces, cuando estamos más inspirados, vida.

La vida en el escenario se oculta bajo infinitos artificios. Muchos de los cuales tenemos tan mecanizados que obviamos. De ambos lados. Intérpretes y espectadores. Tus cartas me obligaron a detenerme en la importancia de lo mínimo, del silencio, el sonido, la voz. Vos no lo sabés, pero a veces deseo convertirme en voz en off de la vida de alguien. No la mía. Algún otro. Tu carta desde la cocina me recordó esa idea. Cuando se escribe a solas y en la noche para ordenar el mundo y se desea que el otro, el destinatario final e ideal de esa carta, pudiera estar ahí compartiendo esa mesa de cocina y ese breve paréntesis silencioso. Sabemos que si estuviera con nosotros en ese momento no habría carta. Ahí también hay dos opciones posibles.

Quisiera conservar para siempre todas las versiones de tu carta número cuatro. Me hizo reír y me obligó a cruzar la puerta que me permitiría llegar a esa mesa de cocina desde la que me escribiste después. Hasta entonces, lo sabés, desconfiaba un poco de todo ese despliegue de papeles. Por inercia, obviamente. Demasiado silencio. Demasiada quietud. ¿Cuándo empieza a bailar todo este asunto?, me preguntaba. Impaciente, sí. Entonces sacaste el as de la carta número cuatro y me explicaste infinidad de cosas con muy pocas palabras. Me relajé. Acepté el juego. Me sentí una pieza necesaria. No imprescindible. Pero precisa.

Mi mundo no danza tanto como quisiera. Pero está lleno de palabras. A veces demasiadas. Palabras que forman frases con las que darle sentido a mi relato, a mi propia voz en off. En el fondo, todos buscamos eso: llenarnos de sentido. Con lo que se hace. O dice. O baila. O.

Y el sentido mayúsculo, la madre de todos los sentidos, se da cuando alguien ahí afuera nos entiende sin preguntas, se suma a nuestra idea, se sabe de repente menos solo, se reconoce en nosotros y nos quiere por un rato. Decís que mandaste tus cartas con cierta antelación, que quizá no era el momento porque la suma de todo esto dentro de unos meses ofrecerá un resultado "más cerrado, más armado y más seguro". Puede ser. Pero acá y ahora, en este mediodía de domingo con sol, desde esta mesa de madera en la que te escribo tratando de responder con una sola carta a tus cuatro meses de escritura, sabiendo de antemano que es imposible, pero amparándome en la confianza que depositaste en mí anoche, necesito que sepas que sí, que "algo de ellos se deja ver" y que "abordar lo precario para descubrir la potencia de la imagen" es un buen camino. La imagen como metáfora infinita.

Quiero que sepas que tu percepción del tiempo arranca más de una carcajada. Mirás al tiempo con la filosofía literal de la infancia. Ese modo de conocimiento intuitivo y espontáneo que luego perdemos, pero cuya lógica rotunda siempre es acertada. Por eso, puedo afirmar que vi cómo la carta siete se alejaba. Un poco triste incluso, sabiendo que su momento de gloria había terminado. Y puedo afirmar que los momentos en los que vos eras ella, y ella era yo, me hicieron sentir extrañamente querida y recordada. Posible en múltiples lugares de los que nada sé.

La voz que sugería un simulacro de aplauso en la posdata era ya la de un amigo que esperaba mi respuesta en algún lugar. Esta es mi respuesta.

De nuevo, gracias,

macarena trigo.

**

Cartas a mi querido espectador
Creación e interpretación: Lucia Disalvo y Fabián Gandini.
Idea y dirección: Fabían Gandini.

FESTIVAL MOVMIENTO ZERO
del 7 al 9 diciembre
Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3328

Ahora que el viento sopla

y nos hace posibles y despeina certezas y nos barre el cansancio, parece un buen momento para llenar la boca con palabras espejo, de esas casi en desuso. Vocalizar clarito, el impacto sonoro de un te quiero, o simplemente olvido, o ese misterio inmenso del ahora.

Se me ocurre también mirar el horizonte y hacer rodar despacio cada inquietud o miedo hacia ese fin del mundo mentiroso. Volvernos medievales. Dejar que allá termine el mapa conocido y que todo resbale hacia un averno clásico. Observar que sin lastre el pensamiento avanza renovado.

Ahora que el viento sopla probemos la quietud. Ser montaña o ser piedra esperando otra lluvia.
Dejarse estar y ser.

Ahora.

Life in a Day

El mundo no terminará en unas semanas. Para decepción de unos y alegría de otros.
Lo que nos preguntamos es cómo hace para seguir.

Tropezamos con este documental que seguro muchos conocen. Un intenso zapping por la vida.

El 24 de julio de 2010 sucedió todo esto. Y una infinidad de cosas más... Pasaron más de dos años desde que esto fue grabado, sin embargo, palpita aún su inmediatez, su urgencia.

En algunas culturas el tiempo no se limita a avanzar. Se mantiene. Ayer y mañana son un poco lo mismo. La vida sigue. Aunque no entendamos cómo se las arregla para hacernos posibles.





Arde

La educación prohibida

Fuentes e influencias

"No sé quién dijo que los novelistas leemos las novelas de los otros sólo para averiguar cómo están escritas. Creo que es cierto. No nos conformamos con los secretos expuestos en el frente de la página sino que la volteamos al revés, para descifrar las costuras. De algún modo imposible de explicar desarmamos el libro en sus piezas esenciales y lo volvemos a armar cuando ya conocemos los misterios de su relojería personal. Esa tentativa es descorazonadora en los libros de Faulkner, porque éste no parecía tener un sistema orgánico para escribir sino que andaba a ciegas por su universo bíblico como un tropel de cabras sueltas en una cristalería. Cuando se logra desmontar una página suya, uno tiene la impresión de que le sobran resortes y tornillos y que será imposible devolverla otra vez a su estado original. Hemingway, en cambio, con menos inspiración, con menos pasión y menos locura, pero con un rigor lúcido, dejaba sus tornillos a la vista por el lado de fuera, como en los vagones de ferrocarril. Tal vez por eso Faulkner es un escritor que tuvo mucho que ver con mi alma, pero Hemingway es el que más ha tenido que ver con mi oficio".

G. García Márquez.
Leer más: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8419-2012-12-03.html

encadenado

Cuestión de andar mirando lo menos conveniente, lo que ya tiene dueño, dueña, vida.
Vida ajena y tan propia que en nada nos precisa.
Precisa nunca fuimos. Ni lista. Ni sensata.
Sensata es la razón y el calendario. Ahorrar ayuno siempre. Por las dudas.
Dudas sobran y asoman como la mala hierba por todos los rincones. A veces hasta vos.
Vos excusa recuerdo placebo tontería. Vos. the end la promesa domingos la distancia.
Distancia es cicatriz. Olvidada en la nuca. Y cada tanto araña.
Araña aún el misterio de haberte conocido para nada.
Nada no. Nunca es nada. Porque todo nos sirve, se guarda, se destila.
Destila ahora mi sombra, mi paso por tu orilla como vida distinta e imposible.
Imposible por qué.
Porque:


m.trigo

qué sucede

cuando el tiempo es silencio. y por qué nunca acierto a entender su lenguaje. la construcción perfecta de quien no necesita explicaciones. por qué embadurno todo con esta prisa loca que me mata como si hubiera meta. un lugar señalado. la equis grande. qué sucede allá afuera que me importe o precise justo ahora. y a mí. no a cualquiera que pase y barra bien. a mí. la extranjera dudosa perdida en aeropuertos donde llueve que aún envía postales al País de los Hoteles. habitación 523. buenas noches. tu llave está en la recepción. espero tu llamada. u otra canción cualquiera donde asoma la vida como foto borrosa y una es apenas extra, al fondo, y va de rojo. qué sucede allá adentro donde sólo estas vos y el millón de certezas levantadas como antaño murallas de castillo. cómo hacer las preguntas adecuadas cuando nada se entiende del sistema. la profesión del número. los cables. los botones. "ellos están llenos de botones"... qué sucede en el mundo estropeado que nos traduzca ahora esta estúpida tarde que insiste en despedirse de lo que nunca fue. ni puta idea.

m.trigo.

Con un golpe de viento

entender que el recuerdo
es una nube.

Pedacito de vos
desdibujado
casi desconocido
casi nada.

Acá y ahora sos nube
con forma de cualquiera.
Lo bueno y lo peor
como un secreto
a prueba de tormentas
y distancias.

Con un golpe de viento
entender que pasaste
como un verano largo
y aunque incendiaste todo
nos devolviste el mar
y el imposible.

Acá y ahora sos ola
fugaz sobre mi orilla.
Desmemoria precisa,
mensaje sin botella
prometida
perdido de antemano.

Con un golpe de viento
saberse tan de agua,
futura nube luego
toda desconocida,
breve
y nada.

m.trigo

Las Multitudes

Es de noche. Estamos en un bosque. Y es verano. Y es pero no es Shekaspeare. Ellas están enfadadas. Ellos están enfadados. Pero todos se aman. Y se buscan. Y es pero no es Lisístrata. Las Multitudes, última creación de Federico León, es una obra que visita la gran tradición teatral rescatando recursos esenciales para construir una dramaturgia consistente y poética que nos recuerda que el agotado imaginario colectivo aún puede manejarse con inteligencia, humor y sensibilidad para volver a contarnos, sí, de nuevo, la historia que todos necesitamos escuchar, la que todos entendemos: te quiero pero no puedo quererte. No ahora. No así. No de este modo.

El amor es el motor de esta enorme puesta en escena. Temática y técnicamente nos atrevemos a decir. Amantes de todas las edades se pierden, buscan y encuentran. Ninguno aprendió nada con el paso del tiempo. El amor no mejora con la edad. Por eso en Las Multitudes, donde niños y ancianos se dan la mano mientras juegan a organizar una azarosa e ingenua estrategia de conquista, también se nos cuenta que el amor no es suficiente. Hace falta escuchar, entender, perdonar. Y empezar de nuevo. Elegir cada vez un nuevo comienzo. Todo eso, qué duda cabe, son algunas de las premisas que sustentan todo esfuerzo colectivo. Ellos ejemplifican tal hazaña.

Las Multitudes se teje como un cuento sinfin. Una noche de Las mil y una noches. Un relato antiguo y oral, donde la metáfora más sencilla apela a que nos interroguemos, sí, de nuevo, una vez más, sobre nuestra existencia y sobre aquello que le da valor. La vida es breve. Eso también nos lo recuerdan. Sin mencionarlo. Lo vemos en esos niños a los que los padres buscan preocupados, niños que pronto serán los adolescentes torpes a los que el amor deja sin palabra y un poco más tarde los hombres indecisos entre la novia y la amante que se convertirán en ancianos inagotables que tratan de explicar lo inexplicable a esas mujeres suyas, las de siempre.

Todos somos uno, nos recuerda Federico León, sin necesidad de mencionarlo. Desde la práctica. Ahí están: ciento veinte actores de todas las edades que no ofrecen soluciones pero nos obligan a recordar y a interrogarnos sobre aquello que creíamos resuelto u olvidado.

León consigue poblar el escenario de tradiciones, clásicos, cuentos, música e historias de vida. Genera una coralidad orgánica donde todo es posible, inclusive nuestra ausencia. Ellos son tantos que hasta saben ser su propio público. Nos dejan atrás. En silencio. Sabiendo que la platea, por costumbre, es mansa, no cantará con ellos, no les robará su aplauso, no se animará a bailar, a participar de la fiesta, (¿de la vida?). En un sencillo pero muy eficaz juego de espejos, nosotros somos ellos, todos ellos, reconociéndonos en todas las edades, recordándonos en unas e imaginándonos en otras. Sabiendo, dándonos cuenta ahí, con ellos, que hubo noches así, breves y extrañas, donde todo, de repente, tenía algún sentido.

Que toda esta profundidad se logre en una hora, a través de una troupe multitudinaria, con un texto sencillo y una puesta en escena apoyada en los mínimos recursos expresivos, es algo que debe mencionarse pero sólo para que ustedes mismos se den el lujo de experimentarlo en persona.    


Las Multitudes  

Dramaturgia y dirección: Federico León.

Actúan: Sacha Amaral, Sergio Andorno, Verónica Analia Armani, Raúl Tadeo Arrieta, Azul Badino, Francisco Balducci, Sebastian Balducci, Thais Balducci, Ulises Bercovich, Cristina Blanco, Elsa Bloise, Leticia Bosco, Mariano Boullon, Julie Boute, Sofía Brihet, Valentina Brodsky, Gustavo Bulacio, Carmen Bustos Peralta, Daniel Calderón, Juan Manuel Castiglione, Ricardo Coniglio, Carolina Cortella, Ricardo Dansa, Nicolás Devincente, Maria Del Carmen Diz, Silvia Djeska, Iara Ekman, Elsa Espinosa, Isaac Fain, Guido Fizz, Joaquín Foong Quintanilla, Clara Forte, Shantal Galiardou, Néstor Gallo, Lara Sol Gaudini, Chiara Gaudio, Oscar Mariano Grilli, Hernán Guebard, Leandro Juárez, Milagros Juárez, Lucia Juliá, Paula Kosoy, Alicia Labraga, Lucas Lagomarsino, Sebastián Lamota, Juan Ignacio Lanzutti, Julieta Lanzutti, Martín Leis, Aldana Leyria, Natali Lipski, Isabela Longuitano, Giuliana Lonquitano, Laila Maltz, Bruno Manzanares, Carolina Martin Ferro, Mariel Massera, Tomas Mesa Llauradó, Maria Elena Miceli, Ariadna Celeste Miérez, Dora Mils, Fernanda Montenegro, Giselle Mailina Motta, Nelly Carmen Muraca, Flavia Noguera, Sofia Palomino, Silvia Mabel Pereira, Julia Perette, David Perez, Marta Piatigorsky, Lucia Porcel, Leonardo Porte, Joaquín Pulpeiro, Antonella Querzoli, María Cecilia Rapacini, Sol Rodriguez, Carmen Roig, Patricia Russo, Diana Saimovichi, Mariana Sanguinetti, María Laura Santos, Josefina Scaro, Raúl Schurlein, Néstor Segade, Norma Sosa, Martín Tchira, Julian Tello, Emanuel Torres, Renata Toscano, María José Trucco, Bruno Ulisse, Diego Vegezzi, Dalmiro Villanueva, Mirta Zabala, Norberto Zambelli, Miguel Zandonadi, Gabriel Zayat, Julián Zucker, Tasio Zurita.

Vestuario: Gabriela A. Fernández.
Escenografía: Ariel Vaccaro.
Iluminación: Alejandro Le Roux.
Música: Diego Vainer.
Casting: María Laura Berch.

Asesoramiento coreográfico: Luciana Acuña.
Asistencia de vestuario: Estefanía Bonessa, Maria Celeste Lorenzo.
Asistencia general: Aldana Aranea, Jesica Monge, Pía Patruno, Rodrigo Pérez.

Asistente de producción: Malena Juanatey.
Asistencia de dirección: Claudia Schijman.
Producción: Judith Martin, Tatiana Saphir.
Producción general: Florencia Wasser.
Coordinación técnica: Julián Tello.
Coreografía: Luciana Acuña, Claudia Schijman.


Cento Cultural General San Martín
Sarmiento 1551.
De jueves a domingo, 21h.
Hasta el 16 de diciembre.

Leer también:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8075-2012-07-15.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-25892-2012-07-20.html
http://www.losinrocks.com/destacados/entrevista-a-federico-leon

Visita guiada

Amaneces con William trepado a tu balcón.
Como un globo cualquiera te sonríe.
Habla del nombre eterno y mentiroso.
Qué es un nombre, la rosa y la inconstante.
Lo ignoras sabiamente.

Porque ayer fue Rubén el que jodía:
"en caballo con alas hacia aquí se encamina
el feliz caballero...",
y anteayer era un Jaime saludable:
"receto tiempo, abstinencia, soledad".

En todos reconoces la duda que te ronda.
El imposible intacto de belleza.
No querer pero sí, saberse el juego.

William queda allá afuera con sus versos perfectos
y aparece Alejandra en el café.

"Abandonaré al objeto amado.
Dejaré la obsesión.
Necesito toda la valentía del mundo".

Y remueves la eterna cucharita
del tiempo sin futuro prometido,
y revuelves completa la mañana
sabiendo bajo el sol
que nada nuevo.

m.trigo





Suecia

No tengo una puta idea
y estás lejos
cinco horas más atrás
ocho horas más adelante
qué importa
ocho horas y nada para ser más precisos
y esas vidas lejanas
tienen una idea
y mirarlas tomar
café y té respectivamente
me hacía inmensamente feliz
porque tienen una idea
y cuando hablan de ella
había alegría
y si me preguntaban
se me ocurría algo.

**

Las nubes son increíbles. Están ahí, esperando que las vea. Yo no puedo porque estoy ocupada conmigo misma. Mi dificultad por existir consiste en un darme por vencida. Tenía ciertas ideas de cómo era la cosa y de golpe perdí el tren. Las nubes no se alteran por mi ignorancia. Están presentes, yo no las veo. Un poco luz, un poco gris, reflejo de un vidrio recortado con el azul. Una gaviota. Y mis problemas son en resumen no aceptar mi vida. No encaminar lo que tengo y pensar una y otra vez en lo que no quiero que suceda. En cambio el cuervo lleva un recipiente para papas fritas vacío, de plástico blando. Simplemente eso.
A través del vidrio se siente el sol. Dicen que es un día hermoso. Yo sólo siento las sombras de las moscas que se interponen entre el afuera y el yo. Mis manos que parecen de piel de reptil. Atrapar a los insectos. Ahora, la sombra de la nube lo cambia todo. Existe un gran impedimento que no puedo expresar. Cada vez estoy más sola. Por un lado es un accidente. Por otro es una corriente que empuja a las moscas hacia fuera. Y finalmente es una elección. No sé si mía o de ellas.

**

Alejandra Szir.
Suecia, Libros de Tierra Firme, Bs. As., 2006.

Homo ladrillo, by Fresán

(...) Pozos, raíces, piedras fundamentales, volver a lo del principio. A gente que sale eyectada de sus casas por no poder pagar las hipotecas, a ambientes enfermos y desahuciados, a atmósferas descontroladas. España como una zona de desastre o como uno de esos edificios recubiertos de andamios que se intenta restaurar contrarreloj. Y alguien, en la Cumbre de Cádiz, habla de dar facilidades a jóvenes emigrantes españoles y alguien recuerda las dificultades que hasta hace pocos años se impusieron a jóvenes inmigrantes latinoamericanos. Y Rodríguez se acuerda de J. G. Ballard, aquel que escribió cuentos en los que cada vez más personas viven en menos espacio y que abre su Rascacielos con las siguientes palabras: “Tiempo después, mientras estaba sentado en su balcón comiéndose al perro...”
Pues eso.

Rodrigo Fresán.

Leer completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-208202-2012-11-20.html

Vecina




Con el final de año a punto de agotarnos y la mirada puesta en el nuevo horizonte que el calendario ofrece, estamos estos días tropezando con pequeños regalos como éste. Una nota de Micaela Ortelli en Radar que nos presenta a dos pájaros cantores, Marianela y Laura. Sus ganas de cantar por encima del dónde, cómo y cuándo. Sin dudar ni un poquito el para qué. Y resultando entonces que el para quién se responde solito.

Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8385-2012-11-20.html

imposible poema

escrito en los andenes. la precisión del hierro, el horizonte lejos y el incierto regreso marcado por las migas de algún cuento.

café de esta ciudad en una esquina. mirar por la ventana y saberse mentira. voz en off de algún cuadro sin museo.

la orilla de ese río al que no vamos nunca. ese río mentira que nos duele por dentro. los recuerdos.

algún mapa inventado. esa cosa de n. y tantos otros que adentro de un dibujo mueven mundos. fronteras y estrategias entre el ser o no ser. y otras cuestiones.

espera de aeropuerto. donde todo sos vos. los controles del miedo. los sellos junto a un nombre que no nos pertenece.

la distancia prudente practicada por dos desconfiados que aprenden a quererse sabiendo que el olvido les concierne. será pronto su casa, su bandera.

y enrarecer el día a cambio de.

m.trigo

Apuntes sobre la felicidad

LA FELICIDAD. Todo lo que debe saber al respecto y por qué no es lo más importante en la vida. Así se titula un certero y muy recomendable ensayo de Wilhelm Schmid* por el que venimos paseando hace rato. Acá algunas fotos del paisaje (interior).

* En la era moderna la falta de felicidad sólo se concibe como anhedonía, una ausencia de placer que debe ser curada con todos los medios, si no, amenaza la muerte, sobre todo la muerte social, pues nadie quiere tener a su alrededor a personas que no "están de buen humor". (...) El ser humano enferma no sólo por causas internas y externas, sino también por conceptos que fijan unas normas de vida tan altas que hacen que la vida fracase.

* La simetría, el equilibrio y la armonía normalmente no se logran de forma sincrónica, en el momento, sino más bien de forma diacrónica, a lo largo del tiempo. (...) El sereno sosiego es la conciencia de que en todo lo que existe hay también otra posibilidad.

* Ésta es la paradoja de la plenitud: que es posible un tipo de felicidad que no excluye la infelicidad, sino que la incluye.

* Con la interpretación de un poema, aunque pueda parecer trivial, se adquiere un know-how de cómo se produce la creación de sentido. Pero también se refiere a la plenitud de posibles interpretaciones de la propia vida y de la vida en su conjunto que pueden evitar que nos encerremos en un círculo demasiado estrecho a la hora de comprender la vida, o bien en la convicción de una falta de sentido general. La plenitud hermenéutica es un componente esencial de la plenitud de sentido: potencialmente la actividad de esta interpretación no se acaba, puesto que siempre está abierta a otras conexiones nunca vistas y desatendidas; las interpretaciones musicales son un buen ejemplo de ello. La gran cantidad de posibles interpretaciones sugiere incluso´que en la vida todo está lleno de conexiones, es decir, lleno de sentido; sería determinante percibirlo así, y la plenitud máxima consistiría entonces en ver el sentido absoluto de la propia vida, quizá en la vida en general.

* Las conexiones narrativas tienen una importancia especial para proporcionar sentido mental: todo lo que se puede contar tiene sentido. La narración ensambla, a menudo en "imágenes portadoras de sentido", los sucesos y las informaciones más variadas en conexiones que sólo deben ser más o menos plausibles para ser aceptadas como plenas de sentido. Por eso los seres humanos están encantados de contar historias y, a la inversa, de escucharlas. No es importante que se trate de historias reales o inventadas: en ambos casos nos protegen de la experiencia inescrutable de la falta de sentido.

* Toda búsqueda, por muy insignificante que sea, crea sentido cuando un ser humano se dedica a ella por razones ideales y no sólo materiales.

* ed. Pre-textos, Valencia, 2007.

Camarón

Hablando de aprender de los mejores.

no es sencillo

no es sencillo. entender la belleza de lo inútil. o la preocupación por lo que nunca fue. el miedo al abandono en las esquinas. el eco conocido de todas las tormentas. explicarte el adentro sin parecer la víctima de una mala parábola. desear que lo soñado se nos vuelva. no realidad. posible. desear por una vez algo posible. traducirme a un idioma que sólo entiendas vos. o cosechar silencios. y paciencia. sin mala prisa mata. sinsentido. no contemplar la vida como sala de espera de una guardia. tan cínico consuelo reparando qué golpe.

no es sencillo encontrarte en medio de la tarde y hacer como si nada desde siempre. sabiendo qué mentira parasiempre. y no tener ni un gesto que redima. o la perfecta ola que nos borre. la memoria hecha orilla. no saber qué se quiere. ahora. sólo ahora. no aprender a pedir. olvidar a la niña cenando a oscuras, sola. porque no se molesta. nunca. a nadie. porque el mundo es muy serio. y la vida sucede. en otra parte. no ser la pesadilla repetida. ni el favor. o la culpa. ni ayuno o transición. practicar la distancia. el salto en el vacío. la duda por sistema.

no es sencillo el amor. raro juguete roto. la niña lo agradece. pero esconde. ser feliz justo ahora. sólo ahora. sin preguntarse cómo. sin precisar galletas de la buena fortuna que te traigan a vos. ser breve. más concreta. ser justa y necesaria como dios antes de. no pensarse tan menos. y saberse de paso y tan de agua. un alto porcentaje. aprender a ser agua. y un poquito de luz. y no rendirte cuentas. no dar explicaciones que no pides.

no es sencillo.

m.trigo

Más Kartun

"El teatro te deja entrar empujado por vanidades, pero una vez en su organismo te vuelve órgano. Te metaboliza. Es como los genes, nuestros verdaderos patrones, El teatro te incorpora a su metafísica por razones menores, y una vez que te pone a teatrar es muy difícil que te suelte. Te agrega a su ritual de siglos y en cambio de entenderlo mirándolo desde la realidad, empezás a entender la realidad mirándola desde el teatro".


Leer completo: http://www.lanacion.com.ar/1526952-mauricio-kartun-la-tragedia-no-es-desdicha

Qué maravilla

Qué maravilla... que para una persona otra persona resulte encantandora porque posee una serie de hábitos, porque tiene una particular forma de ser.
Y qué maravilla que esa persona se convierta en una verdadera mierda el día que decide cambiar su forma de ser, cambiar sus hábitos de siempre, ¡convencida de que ese cambio es lo mejor para su vida!
Qué maravilla... que, con esta nueva forma de ser y pensar, esa persona se tire años y años sin resultar atractiva para nadie.
Y qué maravilla... cuando, siguiendo su camino, sin hacer alarde de nada, sin reclamar nada, esa persona deslumbra a otra que acaba de llegar y que reconoce, en aquel ser callado, el misterio que nadie vio antes.
¡Qué maravilla... que conocer e intuir sean, finalmente, palabras vacías!

¿Quién podría confiar en la ciencia luego de esto?

Rodrigo García,
En algún momento de la vida deberías seriamente dejar de hacer el ridículo.

ahora, adiós

El último suspiro encadenado a esa rara distancia que nos hace posibles por un tiempo. El aquí y el ahora tan fugaces. El final de algún cuento nunca escrito. La canción sin grabar que nadie escucha. Una puesta de sol que siempre es diferente. La intuición que aparece como uno de esos cortes al pasar ciertas hojas. La extraña cicatriz. Los silencios que llenas de un sentido cualquiera que en nada se parece a lo que encierran. Un nombre y apellido que te harán sonreír cuando ya estés muy lejos de este instante.

Hubiera preferido

no dar explicaciones ni disculpas,
no enredar la metáfora
ni andar pensando en vos
como si fueras alguien
dispuesto a restaurarme.
Hubiera preferido
ser capaz de besarte
y que vos me dijeras,
pero nena, salí, qué te tomaste.
Y morirme un poquito en ese instante,
emborracharme luego
y santaspascuas.
Hubiera preferido
que el amor fuera un chiste
o un buen libro.
Y no un asco que siempre sale mal.

Hubiera preferido
sentirme mejor sola.
Criar gatos y eso.
O lo de hacerme monja.
Sería yo buenísima
rompiéndole las bolas
a dios a toda hora
con cuestiones retóricas
y dudas infumables.

Hubiera preferido cocinar.
O querer tener hijos.
O al menos serte útil.
Pero se ve que el día de reparto
de virtudes sensatas
y buenas intenciones
yo me dormí en el baño
la resaca.

m.trigo

La mujer puerca

"Si una piensa con lógica, no hay milagros", afirma rotunda pero paradójicamente la mujer. Porque ella desea que los haya, vive a la eterna espera de un milagro, de una señal, por mínima que sea, algo que logre mantener el fuego del amor desmedido que alimenta hace años. Una señal del amado que resignifique la oscuridad de su existencia.

Todo amor es difícil, pero si el objeto de tu amor es un dios, sin duda, tu vida será pronto un infierno. Así nos lo cuenta ella, el personaje encarnado con apasionado virtuosismo por una Valeria Lois en estado de gracia, si se nos permite abusar de la jerga espiritual. Un excelente trabajo que alimenta con precisión, ritmo, organicidad, pensamiento y emoción, los infinitos recovecos de un texto tan ágil como intenso.

Santiago Loza vuelve a conmovernos con un texto inteligente y poético al que, en esta ocasión, se le suma un humor afinadísimo que surge de la literalidad con la que el personaje asume desde niña el fantástico mundo de los conceptos religiosos: el espíritu santo en forma de paloma, la hagiografía como el desfile triunfal de los menos agraciados, el limbo como una transición necesaria o la inevitable separación de cuerpo y alma, son sólo algunas de las muchas ideas que pueblan el "ecosistema espiritual" en el que creció esta mujer. Ideas que se resignificaron con su experiencia vital y su empeño en practicarlas hasta las últimas consecuencias.

Quizá es fácil amar a un dios obviando su silencio, pero cuando éste se convierte en un gesto de amor no correspondido a lo largo de una vida, el sinsentido de la existencia se ve agravado por una insignificancia intolerable. ¿Cómo amar y ser amado por alguien que todo nos lo da y todo nos lo quita?

Este nuevo texto de Loza arranca sinceras carcajadas en la platea gracias al profundo entendimiento y a la generosidad con los que la actriz y el director, Lisandro Rodríguez, se aproximan a ese universo posible. De a poco, la ingenua fe de la infancia se va oscureciendo en el relato hasta convertirse en la duda espantosa que tantas veces corroe la soledad de una vida.

Como en todos los programas de mano de sus obras, ésta también cuenta con unas certeras frases de Santiago Loza resumiendo su propuesta. Quedan acá, como la mejor carta de presentación que podemos ofrecer para animarlos a verla.

"LA MUJER PUERCA es la historia de una huérfana. Como esos relatos de Dickens devorados en la niñez. Está dedicado a la tristeza de los huerfanitos en su periplo errante buscando un lugar de origen. Algún lugar que contenga. LA MUJER PUERCA es una especie de fenómeno, ridícula y tierna, posee melodrama y humor.

También algunos pensamientos sobre el amor.
El amor no correspondido por Dios hacia esta pequeña mujer herida.

LA MUJER PUERCA es la travesía de un cuerpo partido y repartido. La necesidad y la necedad de amar cuando alrededor hay silencio".



La mujer puerca

Texto: Santiago Loza.
Dirección: Lisandro Rodríguez.
Actúa: Valeria Lois.
Vestuario y escenografía: José Escobar, Lisandro Rodríguez.
Diseño de luces: Matías Sendón.

Fotografía: Nora Lezano.
Diseño gráfico: Lisandro Rodriguez.
Asistencia de dirección: Cammila Gomez Grandoli.
Prensa: María Sureda.
Producción: Elefante Club De Teatro, Natalia Fernández Acquier.
Colaboración artística: Mariano Villamarín.

Elefante Club de Teatro
Guardavieja 4257
Sábados 21 y 22.30h
reservas: www.alternativateatral.com

Anoche by Rosenvinge




"Cuando vuelvo a casa
intento recordar
qué era lo que anoche
tenía que olvidar.
Fui yo la apuñalada
o yo clavé el puñal.

Ya es mañana qué más da".

Quizá sos vos

Hay alguien allá afuera
que no nos pertenece.

Porque nadie es de nadie
y estamos practicando el desapego.

¿Pero se puede amar "desapegando"?
¿Amar como diciendo
"tequierosóloasí"?

Y que "así", sea qué.

Querer a alguien de lejos
mientras pasa.
Quererlo para siempre
y saber que es cuestión
de apenas un segundo.

Entender que no hay tiempo.
El calendario atrasa.

Querer a alguien jamás imaginado.
Tan diferente en todo.
Intransitable.

Querer porque se quiere.
Sin razones.
Y no esperar a cambio algo de luz.

Porque sabemos, sí,
"ningún ser aporta claridad a la vida de otro ser,
eso es así,
y a mí no me jodáis". *

Pero se quiere igual.

Porque la vida emperra
y nos desgasta
en ciertos imposibles
que ayudan a pasarla
"con un poco de azúcar"**
o un buen trago de whiskey.

Se quiere igual a alguien
que no nos pertenece
pero nos deja un rastro
de dudas y promesas,
nos abre interrogantes
como puentes
e ignora casi todo
pero entiende.

Hay alguien allá afuera
empapado de lluvia
y de palabras
a quien olvidaremos
con prácticas constantes
de distancia adecuada,
alguien que nunca quiso
ser objeto de estudio
ni de amor,
pero inspira y provoca
intermitencias raras
y círculos perfectos
en este falso lago
sin orillas.

Alguien
quizá sos vos.

m.trigo

* Rodrigo García, Versus.
** Según nos educó la "prácticamente perfecta en todo", Mary Poppins.

David González

Poemas de El amor ya no es contemporáneo, ed. Baile del sol, Tenerife, 2005.


"Existe un mundo en otro lugar". Robert Creely.




Metáfora

Cada persona es un mundo.

Esperemos que no sea este.

**
"Como si nada de esto hubiera sucedido realmente". Antonio Orihuela.


El resto del camino
a veces ocurre:
me quedo parado
en mitad del pasillo,
mirando fijamente
las baldosas del suelo,
sin reconocerlas,
ni reconocer en ellas

los
pasos
perdidos.

**  
Poemas de Algo que declarar. Poesía de no ficción. Bartleby ed, Madrid, 2007.



Estación terminal

lápiz y papel

una estufa encendida

casa de poeta

**


Poesía completa



Cuando tú te acuestas, nunca primero de las ocho,
con el frío en los ojos y el sueño en los huesos, rendida,
yo me levanto, y en vez de darte un beso, unos mimos
o un simple buenos días, una sonrisa aunque fuera,
o tener, por lo menos, una palabra amable para contigo,
en vez de eso, lo que hago es protestar, quejarme:
¡Joder, tía, cada vez llegas más tarde a casa!

o como mucho, si me despierto de buenas, preguntarte:

¿Qué tal anoche? ¿Hubo mucha gente? ¿Fue alguien conocido?

Luego te cierro la puerta, para que no te moleste el ruido
y después de la insulina y el desayuno integral
me encierro a solas con mi conciencia y empiezo a escribir.
Cuando te despiertas, nunca después de las dos, a veces antes,
yo sigo aún encerrado en mi estudio, escribiendo,
y después de comer, si antes de empezar no he puesto cara de asco
y dejado la comida en el plato después de despotricar contra ella:
¿Otra vez lo mismo? ¿Otra vez hay esta mierda, joder?

en tanto tú te pones a recoger la mesa, yo me pongo en pie
y con la taza de café en la mano, café que tú me has preparado,
sin agradecerte los alimentos ni decirte lo bien que sabía todo,
me dirijo a mi estudio para continuar escribiendo,
y así, mientras tú terminas de fregar los platos y de desentrastiar
un poco la cocina y después te acuestas a descansar un rato,
yo, encerrado en mi estudio, a solas con mi conciencia, escribo.

Cuando ya has descansado lo suficiente, llamas a mi puerta,
me sobresaltas, dejo el bolígrafo y levanto la vista del papel:
abres la puerta una rendija, un poco más, asomas la cabezuca:
¿Se puede?

¿Qué quieres?, te miro, sin levantarme de mi silla de madera.
Te he dejado hecha la merienda, me voy a hacer lo del bar,
¿quieres que te traiga algo de la calle? Qué necesitas, dime.

y mientras tú haces lo del bar, es decir, mientras tú limpias,
barres, pasas la fregona y repones botellas vacías,
yo continúo aquí, encerrado en mí mismo, escribiendo,
y cuando luego regresas, justo a tiempo para la cena,
lo primero que te pregunto según entras por la puerta es
¿Te acordaste de traerme eso? ¿Me compraste el papel y el tabaco?

y después vuelvo a mi mundo y continuo escribiendo,
todo el santo día escribiendo
todo el santo día escribiendo POESÍA
y luego, al a hora de la verdad, cuando lo hay que demostrar,
qué poca (o ninguna)
me queda para ti.

**

Kartun y Guzmán

Parece que nuestras buenas intenciones de seguir aprendiendo con y de los mejores están generando alguna onda expansiva de muchas y óptimas condiciones para que eso suceda. ¿O será que esa puerta siempre está ahí pero la pasamos de largo porque estamos demasiado preocupados para ocuparnos de lo que nos interesa? Uhm...

Hoy estuvimos entre los afortunados que asistieron a la charla con Mauricio Kartun y Osqui Guzmán en la Biblioteca Nacional. Un ameno diálogo con dos creadores de los que reconocen y valoran la importancia de la intuición, el azar y la causalidad. Pero que, por supuesto, hablan del trabajo del artista como una ocupación constante que implica "horas culo" y una formación amplia y polifacética, consecuente con el oficio. Hay que tener todo eso y despúes, "salir a que te pasen cosas con el arte y en la vida".

Compartimos algunas de sus reflexiones por lo necesarias e inspiradoras.

* "Básicamente es juego". O. Guzmán.

* "Buenos Aires es la gran factoría Stanislavski. Y todo porque los barcos paraban primero en Argentina y los rusos bajaron acá. Perdimos al actor popular y nos convertimos en una fábrica de actores realistas. Hasta los exportamos". M. Kartun.

* "Día tras día descubro esta vida. Así me va. A veces bien, a veces mal. Trabajo muy inconscientemente alrededor de todo lo que me pasa". O. Guzmán.

* "Como actores de improvisación, estamos entrenados para trabajar en el encuentro, que es un placer, y no en la búsqueda, que es angustiante. En la energía del encuentro todo sirve, todo adquiere sentido, lo mezclás, le decís sí a todo". O. Guzmán.

* "Creer que el acto creativo implica el uso de un esfínter con el que hay que hacer fuerza, habla de búsqueda, no de encuentro. El artista es alguien que tiene la capacidad de crear sentido y forma a partir de patrones vagos". M. Kartun.

* "Hay un malentendido casi extravagante en el mundo del actor y es que muchos dejan de formarse considerando que ya no hay ningún maestro que pueda aportarles algo nuevo. Pero la formación del actor, como la del bailarín o el cantante, no termina nunca. Es algo constante que se nutre de otras experiencias y disciplinas que van mucho más allá de las clases de actuación. No es una formación cerrada y finita. Debe involucrarse en despertar cuerpo y mente. Está la pintura, la poesía, la cama elástica... Cuando yo comencé a practicar en la cama elástica, las devoluciones que me daba el profesor podían perfectamente aplicarse al teatro". O. Guzmán.

* "Los ensayos son un lugar para probar, encontrar y abandonar. Lo que sucede, conviene". M. Kartun.

* "La creación es un acto violento. Como el amor". M. Kartun.

* "El relato es una excusa para que el espectador nos siga. Cuando se elige laburar no sólo sobre el relato si no también sobre la sustancia poética, tenemos que engañar al espectador para que nos acompañe en todo ese subtexto, para no perder su atención". M. Kartun.

Tiempo


Obras en conexión: Un hueco y No soy un caballo.

por Macarena Trigo *

La charla con los creadores de estas dos obras el pasado 31 de octubre en Silencio de Negras, nos llevó a reflexionar sobre cuestiones mucho más amplias que su temática o las soluciones estéticas elegidas y queremos hoy detenernos sobre algunas de las preguntas barajadas esa noche.

La crítica y la teoría tienden a observar al objeto de estudio como algo terminado. Un libro, un cuadro, una película o una obra de teatro se convierten en una criatura estática que puede diseccionarse y reinventarse por completo en función de los objetivos finales del pretendido análisis. Asumimos nuestra parte de culpa porque nos reconocemos en esa fascinación que genera una pieza de arte descubierta a la que queremos otorgarle tantos significados y valores como nos sea posible. Pero no por nada quien esto escribe decidió hace años tratar de ejercer algún desempeño artístico para poder refutar con cierto criterio algunos conceptos que nunca nos convencen del todo. Por eso hoy, a la luz de la larga conversación mantenida con Juan Pablo Gómez, Patricio Aramburu, Alejandro Hener, Eduardo Pérez Winter, Walter Jakob, Diego Cremonesi, y Franciso Egido elegimos comenzar haciendo memoria sobre las coincidencias vitales que se mencionaron a la hora de poner en relación sus obras.

* Queríamos hacerla mucho tiempo.

Esa fue una de las primeras certezas mencionadas. Algo que actores y directores de ambos proyectos reconocían haber perseguido como un primer ideal: la necesidad de hacer tantas funciones de una obra como sea posible para poder entender su verdadera naturaleza.

Todos sabemos que una obra de teatro no está terminada el día de su estreno. Recién ahí estará poniendo a prueba su razón de ser, su interés, su valía. Y sólo en presencia de distintos públicos la obra irá creciendo. Las actuaciones responderán cada vez más a la verdad depositada en el texto. La emoción llegará sin forzarla. El pensamiento no desaparecerá. Se irán puliendo las distracciones, los gestos innecesarios. Los personajes estarán cada vez más presentes. Serán. ¿Se consigue eso en las ocho funciones a las que tantas veces se limita la vida de una obra en nuestro hiperactivo y superpoblado circuito off?

Un hueco recién terminó su cuarta y última temporada. Última por decisión propia, última porque se elije cerrar un ciclo para dar cabida a una nueva creación en la que ya laburan. No soy un caballo, concluirá este mes su tercera temporada.

Las dos obras han sabido subsistir en los márgenes del teatro off. Un hueco, nunca conoció sala de teatro. Se estrenó y se mantiene en uno de los vestuarios del club Estrella Maldonado. Encontraron en ese espacio una esencialidad que no sólo beneficiaría artísticamente a la obra potenciando su dramaturgia, si no que serviría de a poco para identificarlos dentro del maremágnum de obras que pueblan la ciudad. Ellos son “esos del vestuario del club”. Sí. La alta calidad de la propuesta trajo los merecidos reconocimientos de la crítica, los premios pertinentes y los festivales. Y después la obra se instaló en el mejor sistema de prensa: el boca en boca. Sin embargo, todavía son muchos los que nunca oyeron hablar de esta original propuesta. Muchos, los que llegan a verla sin la menor referencia, sorprendidos de que las instalaciones sean tan incómodas y el contexto tan ajeno a lo que el hábito de “ver teatro” implica.

No soy un caballo se da en Silencio de Negras. Una de esas salas que pelea por subsistir al margen del circuito teatral más transitado. Ubicada para muchos en tierra de nadie (Luis Sáenz Peña 663), es una de tantas casas antiguas convertidas en espacio escénico. Casas a las que la ficción despeja de mobiliario para llenarlas de historias. Nunca tuvieron prensa, más allá de las notas en blogs y reseñas en revistas teatrales. Es difícil convocar público aunque la sala pequeña. Una realidad conocida por todos, sí. Lo que cambia es el modo de enfrentarse a ella, la importancia que se le da, el deseo de continuar. Ellos decidieron seguir y mantenerse aunque el público no les acompañara siempre. Tuvieron la suerte de que la sala les apoye incondicionalmente. Su director, Eduardo Pérez Winter, es uno de los responsables de la misma.

Sin duda, uno de los principales motivos por los que muchos se animan a abrir un espacio teatral propio tiene que ver con ese deseo de poder mostrar por tiempo indefinido y sin presiones un trabajo que costó mucho sacar adelante. La dificultad, una vez conseguido ese espacio propio, pasa por no sacrificar la propia creatividad en aras de pagar el alquiler. Programar sólo a otros, dejar de producir o querer producir obras que resulten más “atractivas” aunque se alejen de nuestras inquietudes más genuinas. ¿Cómo hacer para que el esfuerzo de mantener un espacio artístico no termine por extenuar nuestra creatividad? ¿Y cómo lograr que lleguen a esos espacios gente que nada tenga que ver con el ámbito teatral?

Lo que nos lleva a otras preguntas polémicas de esa noche.

* ¿Hacemos teatro sólo para actores?

¿Para los amigos de mis amigos? ¿Nos preocupa llegar a otro tipo de público, a ese ideal no premeditado, al perfecto desconocido que no tendrá piedad y sabrá dormirse pese a la incomodidad de la silla o abandonar la sala si se aburre? ¿Acaso no nos aburrimos nosotros mismos, mortalmente, con muchas de las obras que vemos? ¿Acaso no dejamos de agradecer al azar, a las recomendaciones o al gusto cultivado cada pequeño gran hallazgo que nos resignifica el dedicarnos a esto y recordar que sí, que después de todo, tenía un sentido y era un sentido profundo y verdadero? ¿Por qué pasa tan poco ese milagro? ¿Somos los “teatristas” el público más jodido? ¿Y por qué tantos otros alardean de no ver nada, de no ir al teatro hace años? ¿Y cómo sobreviven?

Por supuesto que no encontramos respuestas unívocas ni grandes soluciones. A veces, las conversaciones sobre lo que se ama sirven para recordarnos que el objeto de nuestra pasión es y será siempre un misterio. Y también que no estamos solos, es posible encontrarse y seguir aprendiendo si de verdad hay ganas de comunicarse y de ser generoso. ¿No brilla más ese actor arriesgado que logra atravesarnos con un texto, que cualquier virtuoso empeñado en conquistarnos con la excelencia de su técnica? ¿Los verdaderos maestros no tienen la puerta siempre abierta y muy poco que decir?

* ¿Qué sería la dramaturgia del actor?

Es tema para un largo ciclo de conferencias. No habría dos personas que lo definan del mismo modo y todos terminaríamos mencionando determinados ítems con los que tropezamos muy seguido: el actor creador, la participación en la escritura del texto, la propuesta personal para construir un mundo posible, la suma de todas las herramientas con las que…

En Un hueco y en No soy un caballo, los actores formaron parte del proceso de escritura. Las improvisaciones que durante meses sirvieron para ir armando a esos personajes y sus intrincados vínculos de amistad, fueron de a poco convirtiéndose en esa base que terminaría por ser el texto de la obra. Y ojo, sí, que nadie confunda o limite la dramaturgia con el texto. Es una parte, pero no sólo.

¿Cuánta conciencia hay de esos porcentajes creativos? ¿Y cuánta confianza hay que depositar finalmente en el director elegido para darle forma a nuestros hallazgos?

Las dos obras comparten un germen de interés destacable: el deseo de laburar entre ellos. Conociendo la fugacidad con la que tantos proyectos se arman y desarman animados por una leve idea que nadie concretiza o el modo en el que las cooperativas se desintegran, no es una cuestión menor esa capacidad de elección y compromiso. Parecieran ser cosas muy obvias, sin embargo, éste es un rubro donde nada debe darse por sentado y elegir con quién laburar, sabiendo de antemano el esfuerzo de toda índole que implicará el asunto, no es para nada un tema menor a la hora de preguntarse sobre la permanencia de una obra en cartel.

* La caja de herramientas.

Fue una de las metáforas más socorridas de la noche para explicarnos la importancia que tienen determinados hallazgos que uno empieza considerando azarosos o muy particulares y que después, a la larga, terminan conformando una suerte de tópicos constructivos tan sólidos como universales que nos permiten establecer relaciones y complicidades que exceden nuestras primeras intuiciones al respecto.

Así, por ejemplo, estas dos obras abordan la amistad masculina en tríos de personajes que parecen conocerse desde siempre. Aprendieron a convivir y a burlarse de sus imposibilidades y defectos. Todos rondan la treintena y no terminan de encajar en una madurez que parece haberles alcanzado por sorpresa y comparten la sensación de pérdida y cierta desesperanza en las circunstancias que los reúnen.

Dentro de todo triángulo, es inevitable que se active el juego de "el tercero en discordia". Ese rol donde el punto de vista sobre el otro (que recién salió de la pieza o que expone argumentos con los que pareciera resolverles la existencia) siempre está mutando, resulta clave para entender que nada es trivial en esos vínculos.

El paréntesis circunstancial en el que se encuentran permite que el paso del tiempo habilite ciertas licencias que les llevarán al enfrentamiento, la borrachera y esa instancia en la que terminan por decirse en voz alta verdades muy incómodas.

Así, en No soy un caballo, Esteban se hipersensibiliza a lo largo del fin de semana y sus amigos terminan por ser el blanco de su confusión.

ESTEBAN: No puede ser, siempre tenés algo más que decir. Conseguite algo que hacer, viejo, pero no me jodas más. Se te mete algo en la cabeza y no podés parar. Por favor. Estás todo el tiempo maquinando. Todo el tiempo metiendo fichas. No tenés filtro, no tenés filtro.

Hugo, Maxi y Lucas, los personajes de Un hueco, ya están de por sí es una situación que propicia el desequilibrio y la sensibilidad exacerbada: el velorio de un amigo común. Se irán turnando ese rol del tercero en discordia pero Hugo, el amigo que viene desde capital al entierro, será quien lo represente con más intensidad. Hugo se fue, "maduró lejos del árbol", se burla Maxi, pero creció ahí con ellos. Conoce a la perfección la vida repetitiva y sin expectativas que tienen sus amigos pero la distancia aliviana esa realidad y se permite aconsejarles para que tengan "nuevos circuitos", "otro tipo de movida". A lo que Lucas replica contundentemente:
LUCAS: ¿Qué circuitos? ¿Qué circuitos? Cortála con las boludeces Hugo. Acá, ya sabés como es: agarrás el auto, salís por Roca, morfás algo en Aladín, hacés puerta en Go-out. Volvés por Aladín, agarrás José Foresto, la rotonda del puente, el puente y terminamos todos en el río. Después volvemos: por Roca o por Alsina. Esto es una hamstera: das vueltas, das vueltas y lo único que hacés es cansarte las patas. Y gastar nafta. Una inmensa rueda gigante de fabricar boludos. Boludos que se pasan toda la semana, toda la vida, boludeando.

* El regreso imposible

Dentro de esa caja de herramientas, como subtema intenso con el que se empatiza fácilmente, podemos mencionar el hecho de que en ambas obras está presente el conflicto interno que supone el regresar al lugar donde se creció.

En No soy un caballo, Esteban regresa a la quinta de sus veranos de infancia, un espacio muy atado a la figura de Gregorio, ese abuelo al que se nos presenta como un personaje extraordinario. Alguien que para las gentes del pueblo era "el desquiciao".

Todo pueblo que se precie tiene un loco, sí, pero acá la figura de Gregorio se tiñe de algo épico, de una rudeza extraña y algo atávica. Un hombre en comunión con la naturaleza que se entendía mejor con los caballos que con las personas. Ninguna de las anécdotas que se nos cuentan sobre su relación con los caballos es trivial: montaba desnudo y sin silla, no dudaba en guarecer a su caballo en la casa cuando llovía, llegó incluso a bautizarlo, por las dudas, y murió abrazado a él. Toda una leyenda difícil de asumir para Esteban, el nieto. Confundido entre el orgullo, sus propios recuerdos y la extrañeza sembrada por años de silencio cuando la familia dejó de ir allá y perdieron el contacto con ese abuelo raro y con todo lo que le rodeaba.

En Un Hueco, como ya señalamos, es Hugo quien regresa y se enfrenta al hecho de que ahí será siempre “Huguito”. Sus actitudes críticas son vistas como "fobias de porteño" y la sutil idealización que permite la distancia, concibiendo el pueblo como un lugar "más tranquilo", donde "los pibes saben lo que es treparse a un árbol por lo menos", es brutalmente desclasificada por sus amigos.
LUCAS: Cortála con las boludeces, Hugo. Acá los nenes apenas aprenden a caminar ya se sientan en la vereda como los viejos. Te juro que en el remoto caso que tenga un hijo, lo voy a obligar a jugar a la PlayStation todo el día con tal de que no salga a la vereda.

Lucas y Maxi mantienen un lúcido y doloroso entendimiento de lo que son sus vidas en ese pueblo. Una existencia rutinaria donde ni siquiera la conversación se renueva. En este sentido, sin duda, la descripción del juego red con el que se entretienen por las tardes es uno de los momentos más agudos y crueles de la obra. Lucas explica cómo el juego consiste en darle vida y ocupación a un hombrecito que puede terminar sin salir de su casa, jugando al mismo videojuego donde un hombrecito, a su vez, juega a lo mismo, abriendo así un círculo infernal de realidades virtuales y anodinas. Con esta metáfora ágil, el infierno de ese pueblo provinciano trasciende a un universal con el que resulta imposible no identificarse.

* Pueblo chico

Las dos obras comparten un poderoso y universal imaginario común: el de la provincia anónima cuyas características vienen a resumirse en el refrán "pueblo chico, infierno grande".

"Cuarenta mil habitantes y una sola oreja", apunta Maxi en Un hueco. Eso es algo que Esteban, en No soy un caballo, también conoce y que no logra hacerle entender a Matías cuando éste entabla conversación con los hombres de la zona. Allí todos están al tanto de todo, nadie da puntada sin hilo, quieren saber cosas sobre su familia, sobre la venta de la propiedad, y Esteban choca con la inconsciencia de Matías sobre esos manejos que carecen de sentido para alguien ajeno a ese mundo, pero que se nutren de años y años de pequeños rencores y disputas.

Otro detalle compartido es la importancia dada a las apariencias. Antes de entrar a la pulpería Esteban les recuerda que se pongan las boinas que les compró para la ocasión, detalle que los amigos olvidaron y que hace que él los rete: "Acá se entra prolijo y con boina. ¿Tanto cuesta respetar las costumbres de otro lugar?"

En Un hueco, la importancia dada al lugar del velorio, el club deportivo donde Matías trabajaba, y a los presentes ese día, también señala con mucha lucidez esa cuestión de lo aparente que termina por ser patético según el punto de vista de quién observe la situación.

HUGO: Es una cuestión de respeto. En un momento así, ponés lo que haya que poner y hacés algo digno. Algo que todo el mundo recuerde.
MAXI: ¿Digno? ¿Digno? ¿Qué es digno?
HUGO: Digno. Dignidad. ¿No sabés lo qué es?
MAXI; Sí, sí. No se puede hacer algo digno con estos viejos de mierda que te llenan lo que sea: entierro o bautismo, ellos vienen. Ni saben a qué vienen.
HUGO: ¿Está mal? Es una cuestión de dignidad.
MAXI: Basta con eso. Ya está acá y por lo menos lo velan en el lugar que él trabajaba.
HUGO: ¿A vos te gustaría que te velaran en un salón lleno de trofeos de vóley, de handball, de equipos que no conoce nadie?

El personaje de Robustiano en No soy un caballo afirma categóricamente: "Acá la gente es rencorosa". No necesita más explicaciones. Del mismo modo en que tampoco hace falta que añada nada cuando apunta: "El cariño es complicado en el campo. Hay mucho viento". Son frases que permiten intuir una lógica de pensamiento asentada en la experiencia de vida. Robustiano no duda en afirmar que “en la capital hay mucha gente. Son de pelear seguido, seguro".

Ese enfrentamiento entre la capital y la provincia se define con humor y contundencia en Un hueco. Hugo resume así algunas de las diferencias vitales y tópicas de la gran ciudad.

HUGO: ¿Cuántas veces les dije que se vinieran? Allá las minas se arreglan, se maquillan, no son los bagres retorcidos éstos de acá. Allá tenés cosas. Cines, joda. Vos estuviste. Salís a la noche por Av.Santa Fe ¿te acordás? y está lleno de gente en los bares, mirando vidrieras. Entrás a agarrar tarjetitas de cosas para hacer y no te alcanzan los bolsillos. Yo no salgo mucho pero la movida está.
Un poco antes comentaba que "a todo el mundo le gusta Buenos Aires". Sin embargo, la experiencia personal de Lucas en la capital fue un desastre. Frente a esos potenciales entretenimientos que Hugo señala como gran ventaja, su recuerdo de apunta al anonimato padecido en toda gran ciudad: la sensación de sentirse perdido y la dificultad para conocer gente.

LUCAS: (...) no conocí a nadie. Ni una persona. Ni una mina ni nada. Vos laburabas odo el día y yo andaba como bola sin manija de la mañana a la noche. Quería hacer el UBA XXI y me decías “Andá a la facultad”. No sabía ni qué bondi me tenía que tomar. (...) Andaba por la calle preguntándole a la gente dónde quedaba la Avenida Rivadavia. ¿Sabés la cara que me ponían? ¿Sabés cómo se sentía? Un pajuerano. Después me vengo a enterar que la Rivadavia de allá es como la Roca de acá.
Otro subtema interesante en común es la presencia de la muerte como detonante no sólo de obligados reencuentros, sino también de enfrentamientos con la burocracia que acarrea y cómo la presencia de una escritura revuelve a cualquier familia.

En Un hueco, es la hermana del difunto con la que evitan encontrarse porque anda averiguando qué saben ellos sobre la escritura de cierto departamento. En No soy un caballo, Esteban se encuentra liquidando lo poco que queda de esa propiedad para saldar deudas. Nadie en la familia quiso hacerse cargo.

* ¿Las diferencias? Estéticas.

Hasta acá vemos las muchas conexiones vitales, de fondo y tema que comparten pero no podemos evitar ahora detenernos en algunas cuestiones estéticas que hacen que los caminos elegidos para sus puestas sean tan diferentes como interesantes y acertados.

Un hueco, como ya mencionamos, se desarrolla en el vestuario de un club deportivo, el Estrella de Maldonado. Las funciones comparten ese contexto en el que ellos, después de cuatro temporadas, terminaron por ser una pieza más del quehacer cotidiano de los domingos. No obstante, cada vez que su reducido público llega al club, reaparece el extrañamiento y la experiencia teatral que se nos ofrece obliga a que agudicemos los sentidos y nos comprometamos físicamente con lo que ahí pasa.

En Un hueco se participa desde el momento en el que se adquiere el compromiso de asistir. Como público estamos apostando por la diferencia, buscando ser parte de algo poco frecuente: presenciar cómo el arte ficcionaliza la realidad más inmediata. Ese vestuario es el mejor de los espacios escénicos posibles para la obra. Favorece y potencia todo lo que les ocurre a los personajes sin distraer. Nos los presenta en un primerísimo primer plano que nos hace testigos más que espectadores de esa intimidad dolorosa y confusa en la que se encuentran. Sin embargo, ese vestuario, no está ahí. La obra comienza y los actores nos llevan a ese “pueblo choto” de provincia construyendo para nosotros dos nuevas realidades: por un lado, una realidad inmediata, ese salón del que huyen, donde se vela al amigo, donde rondan personajes a los que sólo conoceremos desde su punto de vista, y desde el que nos llega entrecortada la música que lo disfraza, como queriendo distraer la evidencia de la muerte. Por otro lado, lo que conoceremos en profundidad a lo largo de la obra será ese pueblo. Sus pocas calles, su rutina, su nada cotidiana. Un pueblo único pero tan parecido a otros que se universaliza con cada pequeña anécdota que cuentan.

La proximidad física del público supone un desafío para los actores. El espacio es tan poderoso e íntimo que el peligro está en que se “vean los hilos” o se fuerce la emoción. Nada de eso sucede. El trabajo de dirección de actores y las propuestas de los mismos para construir sus personajes resuelven con una solidez impecable una actuación que, reforzada por la sencillez y la contundencia de los pocos elementos que constituyen la puesta, bien podemos describir como hiperrealista o cinematográfica.

En No soy un caballo, el espacio se aborda confiando en la potente imaginación del público que deberá aceptar la flexibilidad de la propuesta y construir junto a los actores. Desde la primera escena la mirada al horizonte lejano de los actores nos advierte que habrá que desempolvar la imaginación y construir con ellos ese mundo posible al alcance de la mano. La sala elegida en Silencio de Negras es alargada, el público ocupa uno de sus frentes y los actores se adueñan de las dos puertas de acceso estableciendo un código estético y funcional que sostendrán durante toda la obra. Las puertas se abren y cierran incansablemente llevándonos a los distintos ambientes de esa casona enorme. Y no sólo eso, también sabrán convertirse en la entrada de una pulpería y un establo en una suerte de continuidad que mantienen gracias a sólidas actuaciones que, al igual que en Un hueco, aprovechan la proximidad del público para lograr que el pensamiento de los personajes, sus torpezas y dudas, sean algo digno de contemplar.

A ese hallazgo tan sencillo como potente del uso de las puertas como constructor de múltiples espacios escénicos, se suma algún elemento cuya presencia parcial sirve para activar una potente metonimia que se tiñe de ensoñación y simbolismo, así, por ejemplo: la llegada de Matías a la pulpería en la noche o el galope final de Esteban a caballo.

Si bien es cierto que el código de actuación es realista, capítulo aparte merece la construcción del personaje de Robustiano, el viejo custodio de la finca que aún se encarga de los caballos. Su aparición en el establo en medio de la noche sorprende no sólo a los personajes, también al público, que recordará en ese instante las posibilidades infinitas del juego teatral. Francisco Egido, el mismo actor que da vida al personaje de Fernando, encarna a ese peculiar lugareño que nos permitirá intuir un poco más del microcosmos del pueblo. La dirección, confiando en un público ideal que a esa altura del relato ya es partícipe del mismo, elige que un mismo actor interprete un segundo personaje y que lo haga subrayando al máximo la teatralidad de esa construcción: arrodillado, la cara semioculta y la voz un tanto dislocada, servirán para generar un extrañamiento inicial que tampoco tarda en disiparse, porque, como el resto de la propuesta, nos ofrece un regalo: sorprendernos del buen manejo de la teatralidad cuando está en función de la forma elegida.

De forma muy simplista, podemos afirmar que frente al hiperrealismo de Un hueco, tenemos la hipertetralidad bien entendida de No soy un caballo. Dos soluciones muy distintas qeue nos acercan a universos ficcionales que se dan la mano.

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Queremos aprovechar para agradecer la generosa colaboración de todos los implicados en estos primeros encuentros bautizados como "Obras en conexión". Su disponibilidad, generosidad y buen humor nos permiten seguir pensando que nuestro deseo de aprender de los mejores está bien encaminado.

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* Actriz y directora de teatro. Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Historia del Arte y Comunicación Audiovisual. Obras en cartel: La omisión de la familia Coleman (actriz y asistente de dirección), Pie para el beso (texto y directora).

NO SOY UN CABALLO sigue realizando funciones los miércoles a las 21hs.

reservas: 4381 1445.