(del cajón de polaroids)

Sé que la vida acciona y precisa de gestos salvadores, de redentores nuevos, de cambio de estación, viajes y estrategias para seguir en pie, inmune a los derrumbes de la tarde.


No obstante, de este lado, al fondo del espejo, fugando en perspectiva de paisaje en un cuadro donde el tiempo se asoma al s. XV, son las palabras las que me sostienen. Las que crean de golpe universos certeros donde sí soy feliz.

Sé que mi amor se cansa, no entiende mis costumbres, ni traduce la letra de esta eterna canción que le canto a las plantas con la rara esperanza de que crezcan serenas y hasta dulces en su torpe belleza de cuento abandonado.

Pero confío acaso en su paciencia. En su altura y sonrisa. En sus ganas de estar a la orilla del mar donde todo comienza.

Por eso sé, que aunque la vida accione, y se venda en certezas y brindis apurados que celebran las falsas apariencias de una felicidad de poca monta, esta insana manía de llevarle el apunte a lo que nos sucede y a todo lo que no, quizá un día inaugure maneras de vivir muy diferentes, donde amarse y estar funcionen como lluvia sin gobierno.


m.trigo.