La insana fama

Fragmento de la carta que Jodie Foster hizo pública estos días:

He sido actriz desde que tenía tres años, hace cuarenta y seis. No tengo recuerdos de una infancia fuera del ojo público. Me dicen que la gente piensa en mí como una historia exitosa. Con frecuencia se me acercan perfectos desconocidos y me preguntan cómo hice para permanecer tan normal, tan equilibrada, tan privada. Por lo general les miento y les digo: “Solamente soy aburrida, supongo”. La verdad es que, como un curioso mutante radiactivo, he inventado mis propias herramientas góticas de supervivencia. He creado reglas para controlar a los ojos que miran. A lo mejor organicé las elecciones de mi carrera para permitirme (a mí y a los que amo) el máximo de dignidad personal. Y sí, me he adaptado neuróticamente al deporte de gladiadores de la cultura de la celebridad, la crueldad de una vida vivida como un blanco móvil. En mi época, con disciplina y fuerza de voluntad, todavía era posible ser una estrella y tener la autenticidad de una vida privada. (...)

Actuar es comunicar vulnerabilidad, permitir que la verdad interior brille y salga fuera, sin importar que se vea tonta o vergonzosa. Abrirse y entregarse completamente. Es un acto de libertad, amor, conexión. Los actores desean ser conocidos de la manera más profunda por las sutilezas de su personalidad, por sus imperfecciones, sus complejidades, sus instintos, su voluntad de ceder. Cuando se es menos temeroso, más verdadera es la actuación. ¿Cómo se puede hacer eso cuando uno sabe que será juzgado, traicionado, apuñalado? Si uno es inteligente, aprende a disociar, a compartimentalizar. Poner las emociones en una caja de seguridad definitivamente es útil cuando el público tira piedras. El objetivo es sobrevivir, intacta o no, cualquiera sea el costo emocional. Los actores que se convierten en celebridades supuestamente deben estar agradecidos por el interés público. Después de todo, les pagan bien. Pero quiero dejar sentado que el salario por una actuación en la pantalla grande no incluye el derecho a invadir la privacidad de nadie para destruir su sentido de sí mismo.


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