encadenado

Cuestión de andar mirando lo menos conveniente, lo que ya tiene dueño, dueña, vida.
Vida ajena y tan propia que en nada nos precisa.
Precisa nunca fuimos. Ni lista. Ni sensata.
Sensata es la razón y el calendario. Ahorrar ayuno siempre. Por las dudas.
Dudas sobran y asoman como la mala hierba por todos los rincones. A veces hasta vos.
Vos excusa recuerdo placebo tontería. Vos. the end la promesa domingos la distancia.
Distancia es cicatriz. Olvidada en la nuca. Y cada tanto araña.
Araña aún el misterio de haberte conocido para nada.
Nada no. Nunca es nada. Porque todo nos sirve, se guarda, se destila.
Destila ahora mi sombra, mi paso por tu orilla como vida distinta e imposible.
Imposible por qué.
Porque:


m.trigo

qué sucede

cuando el tiempo es silencio. y por qué nunca acierto a entender su lenguaje. la construcción perfecta de quien no necesita explicaciones. por qué embadurno todo con esta prisa loca que me mata como si hubiera meta. un lugar señalado. la equis grande. qué sucede allá afuera que me importe o precise justo ahora. y a mí. no a cualquiera que pase y barra bien. a mí. la extranjera dudosa perdida en aeropuertos donde llueve que aún envía postales al País de los Hoteles. habitación 523. buenas noches. tu llave está en la recepción. espero tu llamada. u otra canción cualquiera donde asoma la vida como foto borrosa y una es apenas extra, al fondo, y va de rojo. qué sucede allá adentro donde sólo estas vos y el millón de certezas levantadas como antaño murallas de castillo. cómo hacer las preguntas adecuadas cuando nada se entiende del sistema. la profesión del número. los cables. los botones. "ellos están llenos de botones"... qué sucede en el mundo estropeado que nos traduzca ahora esta estúpida tarde que insiste en despedirse de lo que nunca fue. ni puta idea.

m.trigo.

Con un golpe de viento

entender que el recuerdo
es una nube.

Pedacito de vos
desdibujado
casi desconocido
casi nada.

Acá y ahora sos nube
con forma de cualquiera.
Lo bueno y lo peor
como un secreto
a prueba de tormentas
y distancias.

Con un golpe de viento
entender que pasaste
como un verano largo
y aunque incendiaste todo
nos devolviste el mar
y el imposible.

Acá y ahora sos ola
fugaz sobre mi orilla.
Desmemoria precisa,
mensaje sin botella
prometida
perdido de antemano.

Con un golpe de viento
saberse tan de agua,
futura nube luego
toda desconocida,
breve
y nada.

m.trigo

Las Multitudes

Es de noche. Estamos en un bosque. Y es verano. Y es pero no es Shekaspeare. Ellas están enfadadas. Ellos están enfadados. Pero todos se aman. Y se buscan. Y es pero no es Lisístrata. Las Multitudes, última creación de Federico León, es una obra que visita la gran tradición teatral rescatando recursos esenciales para construir una dramaturgia consistente y poética que nos recuerda que el agotado imaginario colectivo aún puede manejarse con inteligencia, humor y sensibilidad para volver a contarnos, sí, de nuevo, la historia que todos necesitamos escuchar, la que todos entendemos: te quiero pero no puedo quererte. No ahora. No así. No de este modo.

El amor es el motor de esta enorme puesta en escena. Temática y técnicamente nos atrevemos a decir. Amantes de todas las edades se pierden, buscan y encuentran. Ninguno aprendió nada con el paso del tiempo. El amor no mejora con la edad. Por eso en Las Multitudes, donde niños y ancianos se dan la mano mientras juegan a organizar una azarosa e ingenua estrategia de conquista, también se nos cuenta que el amor no es suficiente. Hace falta escuchar, entender, perdonar. Y empezar de nuevo. Elegir cada vez un nuevo comienzo. Todo eso, qué duda cabe, son algunas de las premisas que sustentan todo esfuerzo colectivo. Ellos ejemplifican tal hazaña.

Las Multitudes se teje como un cuento sinfin. Una noche de Las mil y una noches. Un relato antiguo y oral, donde la metáfora más sencilla apela a que nos interroguemos, sí, de nuevo, una vez más, sobre nuestra existencia y sobre aquello que le da valor. La vida es breve. Eso también nos lo recuerdan. Sin mencionarlo. Lo vemos en esos niños a los que los padres buscan preocupados, niños que pronto serán los adolescentes torpes a los que el amor deja sin palabra y un poco más tarde los hombres indecisos entre la novia y la amante que se convertirán en ancianos inagotables que tratan de explicar lo inexplicable a esas mujeres suyas, las de siempre.

Todos somos uno, nos recuerda Federico León, sin necesidad de mencionarlo. Desde la práctica. Ahí están: ciento veinte actores de todas las edades que no ofrecen soluciones pero nos obligan a recordar y a interrogarnos sobre aquello que creíamos resuelto u olvidado.

León consigue poblar el escenario de tradiciones, clásicos, cuentos, música e historias de vida. Genera una coralidad orgánica donde todo es posible, inclusive nuestra ausencia. Ellos son tantos que hasta saben ser su propio público. Nos dejan atrás. En silencio. Sabiendo que la platea, por costumbre, es mansa, no cantará con ellos, no les robará su aplauso, no se animará a bailar, a participar de la fiesta, (¿de la vida?). En un sencillo pero muy eficaz juego de espejos, nosotros somos ellos, todos ellos, reconociéndonos en todas las edades, recordándonos en unas e imaginándonos en otras. Sabiendo, dándonos cuenta ahí, con ellos, que hubo noches así, breves y extrañas, donde todo, de repente, tenía algún sentido.

Que toda esta profundidad se logre en una hora, a través de una troupe multitudinaria, con un texto sencillo y una puesta en escena apoyada en los mínimos recursos expresivos, es algo que debe mencionarse pero sólo para que ustedes mismos se den el lujo de experimentarlo en persona.    


Las Multitudes  

Dramaturgia y dirección: Federico León.

Actúan: Sacha Amaral, Sergio Andorno, Verónica Analia Armani, Raúl Tadeo Arrieta, Azul Badino, Francisco Balducci, Sebastian Balducci, Thais Balducci, Ulises Bercovich, Cristina Blanco, Elsa Bloise, Leticia Bosco, Mariano Boullon, Julie Boute, Sofía Brihet, Valentina Brodsky, Gustavo Bulacio, Carmen Bustos Peralta, Daniel Calderón, Juan Manuel Castiglione, Ricardo Coniglio, Carolina Cortella, Ricardo Dansa, Nicolás Devincente, Maria Del Carmen Diz, Silvia Djeska, Iara Ekman, Elsa Espinosa, Isaac Fain, Guido Fizz, Joaquín Foong Quintanilla, Clara Forte, Shantal Galiardou, Néstor Gallo, Lara Sol Gaudini, Chiara Gaudio, Oscar Mariano Grilli, Hernán Guebard, Leandro Juárez, Milagros Juárez, Lucia Juliá, Paula Kosoy, Alicia Labraga, Lucas Lagomarsino, Sebastián Lamota, Juan Ignacio Lanzutti, Julieta Lanzutti, Martín Leis, Aldana Leyria, Natali Lipski, Isabela Longuitano, Giuliana Lonquitano, Laila Maltz, Bruno Manzanares, Carolina Martin Ferro, Mariel Massera, Tomas Mesa Llauradó, Maria Elena Miceli, Ariadna Celeste Miérez, Dora Mils, Fernanda Montenegro, Giselle Mailina Motta, Nelly Carmen Muraca, Flavia Noguera, Sofia Palomino, Silvia Mabel Pereira, Julia Perette, David Perez, Marta Piatigorsky, Lucia Porcel, Leonardo Porte, Joaquín Pulpeiro, Antonella Querzoli, María Cecilia Rapacini, Sol Rodriguez, Carmen Roig, Patricia Russo, Diana Saimovichi, Mariana Sanguinetti, María Laura Santos, Josefina Scaro, Raúl Schurlein, Néstor Segade, Norma Sosa, Martín Tchira, Julian Tello, Emanuel Torres, Renata Toscano, María José Trucco, Bruno Ulisse, Diego Vegezzi, Dalmiro Villanueva, Mirta Zabala, Norberto Zambelli, Miguel Zandonadi, Gabriel Zayat, Julián Zucker, Tasio Zurita.

Vestuario: Gabriela A. Fernández.
Escenografía: Ariel Vaccaro.
Iluminación: Alejandro Le Roux.
Música: Diego Vainer.
Casting: María Laura Berch.

Asesoramiento coreográfico: Luciana Acuña.
Asistencia de vestuario: Estefanía Bonessa, Maria Celeste Lorenzo.
Asistencia general: Aldana Aranea, Jesica Monge, Pía Patruno, Rodrigo Pérez.

Asistente de producción: Malena Juanatey.
Asistencia de dirección: Claudia Schijman.
Producción: Judith Martin, Tatiana Saphir.
Producción general: Florencia Wasser.
Coordinación técnica: Julián Tello.
Coreografía: Luciana Acuña, Claudia Schijman.


Cento Cultural General San Martín
Sarmiento 1551.
De jueves a domingo, 21h.
Hasta el 16 de diciembre.

Leer también:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8075-2012-07-15.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-25892-2012-07-20.html
http://www.losinrocks.com/destacados/entrevista-a-federico-leon

Visita guiada

Amaneces con William trepado a tu balcón.
Como un globo cualquiera te sonríe.
Habla del nombre eterno y mentiroso.
Qué es un nombre, la rosa y la inconstante.
Lo ignoras sabiamente.

Porque ayer fue Rubén el que jodía:
"en caballo con alas hacia aquí se encamina
el feliz caballero...",
y anteayer era un Jaime saludable:
"receto tiempo, abstinencia, soledad".

En todos reconoces la duda que te ronda.
El imposible intacto de belleza.
No querer pero sí, saberse el juego.

William queda allá afuera con sus versos perfectos
y aparece Alejandra en el café.

"Abandonaré al objeto amado.
Dejaré la obsesión.
Necesito toda la valentía del mundo".

Y remueves la eterna cucharita
del tiempo sin futuro prometido,
y revuelves completa la mañana
sabiendo bajo el sol
que nada nuevo.

m.trigo





Suecia

No tengo una puta idea
y estás lejos
cinco horas más atrás
ocho horas más adelante
qué importa
ocho horas y nada para ser más precisos
y esas vidas lejanas
tienen una idea
y mirarlas tomar
café y té respectivamente
me hacía inmensamente feliz
porque tienen una idea
y cuando hablan de ella
había alegría
y si me preguntaban
se me ocurría algo.

**

Las nubes son increíbles. Están ahí, esperando que las vea. Yo no puedo porque estoy ocupada conmigo misma. Mi dificultad por existir consiste en un darme por vencida. Tenía ciertas ideas de cómo era la cosa y de golpe perdí el tren. Las nubes no se alteran por mi ignorancia. Están presentes, yo no las veo. Un poco luz, un poco gris, reflejo de un vidrio recortado con el azul. Una gaviota. Y mis problemas son en resumen no aceptar mi vida. No encaminar lo que tengo y pensar una y otra vez en lo que no quiero que suceda. En cambio el cuervo lleva un recipiente para papas fritas vacío, de plástico blando. Simplemente eso.
A través del vidrio se siente el sol. Dicen que es un día hermoso. Yo sólo siento las sombras de las moscas que se interponen entre el afuera y el yo. Mis manos que parecen de piel de reptil. Atrapar a los insectos. Ahora, la sombra de la nube lo cambia todo. Existe un gran impedimento que no puedo expresar. Cada vez estoy más sola. Por un lado es un accidente. Por otro es una corriente que empuja a las moscas hacia fuera. Y finalmente es una elección. No sé si mía o de ellas.

**

Alejandra Szir.
Suecia, Libros de Tierra Firme, Bs. As., 2006.

Homo ladrillo, by Fresán

(...) Pozos, raíces, piedras fundamentales, volver a lo del principio. A gente que sale eyectada de sus casas por no poder pagar las hipotecas, a ambientes enfermos y desahuciados, a atmósferas descontroladas. España como una zona de desastre o como uno de esos edificios recubiertos de andamios que se intenta restaurar contrarreloj. Y alguien, en la Cumbre de Cádiz, habla de dar facilidades a jóvenes emigrantes españoles y alguien recuerda las dificultades que hasta hace pocos años se impusieron a jóvenes inmigrantes latinoamericanos. Y Rodríguez se acuerda de J. G. Ballard, aquel que escribió cuentos en los que cada vez más personas viven en menos espacio y que abre su Rascacielos con las siguientes palabras: “Tiempo después, mientras estaba sentado en su balcón comiéndose al perro...”
Pues eso.

Rodrigo Fresán.

Leer completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-208202-2012-11-20.html

Vecina




Con el final de año a punto de agotarnos y la mirada puesta en el nuevo horizonte que el calendario ofrece, estamos estos días tropezando con pequeños regalos como éste. Una nota de Micaela Ortelli en Radar que nos presenta a dos pájaros cantores, Marianela y Laura. Sus ganas de cantar por encima del dónde, cómo y cuándo. Sin dudar ni un poquito el para qué. Y resultando entonces que el para quién se responde solito.

Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8385-2012-11-20.html

imposible poema

escrito en los andenes. la precisión del hierro, el horizonte lejos y el incierto regreso marcado por las migas de algún cuento.

café de esta ciudad en una esquina. mirar por la ventana y saberse mentira. voz en off de algún cuadro sin museo.

la orilla de ese río al que no vamos nunca. ese río mentira que nos duele por dentro. los recuerdos.

algún mapa inventado. esa cosa de n. y tantos otros que adentro de un dibujo mueven mundos. fronteras y estrategias entre el ser o no ser. y otras cuestiones.

espera de aeropuerto. donde todo sos vos. los controles del miedo. los sellos junto a un nombre que no nos pertenece.

la distancia prudente practicada por dos desconfiados que aprenden a quererse sabiendo que el olvido les concierne. será pronto su casa, su bandera.

y enrarecer el día a cambio de.

m.trigo

Apuntes sobre la felicidad

LA FELICIDAD. Todo lo que debe saber al respecto y por qué no es lo más importante en la vida. Así se titula un certero y muy recomendable ensayo de Wilhelm Schmid* por el que venimos paseando hace rato. Acá algunas fotos del paisaje (interior).

* En la era moderna la falta de felicidad sólo se concibe como anhedonía, una ausencia de placer que debe ser curada con todos los medios, si no, amenaza la muerte, sobre todo la muerte social, pues nadie quiere tener a su alrededor a personas que no "están de buen humor". (...) El ser humano enferma no sólo por causas internas y externas, sino también por conceptos que fijan unas normas de vida tan altas que hacen que la vida fracase.

* La simetría, el equilibrio y la armonía normalmente no se logran de forma sincrónica, en el momento, sino más bien de forma diacrónica, a lo largo del tiempo. (...) El sereno sosiego es la conciencia de que en todo lo que existe hay también otra posibilidad.

* Ésta es la paradoja de la plenitud: que es posible un tipo de felicidad que no excluye la infelicidad, sino que la incluye.

* Con la interpretación de un poema, aunque pueda parecer trivial, se adquiere un know-how de cómo se produce la creación de sentido. Pero también se refiere a la plenitud de posibles interpretaciones de la propia vida y de la vida en su conjunto que pueden evitar que nos encerremos en un círculo demasiado estrecho a la hora de comprender la vida, o bien en la convicción de una falta de sentido general. La plenitud hermenéutica es un componente esencial de la plenitud de sentido: potencialmente la actividad de esta interpretación no se acaba, puesto que siempre está abierta a otras conexiones nunca vistas y desatendidas; las interpretaciones musicales son un buen ejemplo de ello. La gran cantidad de posibles interpretaciones sugiere incluso´que en la vida todo está lleno de conexiones, es decir, lleno de sentido; sería determinante percibirlo así, y la plenitud máxima consistiría entonces en ver el sentido absoluto de la propia vida, quizá en la vida en general.

* Las conexiones narrativas tienen una importancia especial para proporcionar sentido mental: todo lo que se puede contar tiene sentido. La narración ensambla, a menudo en "imágenes portadoras de sentido", los sucesos y las informaciones más variadas en conexiones que sólo deben ser más o menos plausibles para ser aceptadas como plenas de sentido. Por eso los seres humanos están encantados de contar historias y, a la inversa, de escucharlas. No es importante que se trate de historias reales o inventadas: en ambos casos nos protegen de la experiencia inescrutable de la falta de sentido.

* Toda búsqueda, por muy insignificante que sea, crea sentido cuando un ser humano se dedica a ella por razones ideales y no sólo materiales.

* ed. Pre-textos, Valencia, 2007.

Camarón

Hablando de aprender de los mejores.

no es sencillo

no es sencillo. entender la belleza de lo inútil. o la preocupación por lo que nunca fue. el miedo al abandono en las esquinas. el eco conocido de todas las tormentas. explicarte el adentro sin parecer la víctima de una mala parábola. desear que lo soñado se nos vuelva. no realidad. posible. desear por una vez algo posible. traducirme a un idioma que sólo entiendas vos. o cosechar silencios. y paciencia. sin mala prisa mata. sinsentido. no contemplar la vida como sala de espera de una guardia. tan cínico consuelo reparando qué golpe.

no es sencillo encontrarte en medio de la tarde y hacer como si nada desde siempre. sabiendo qué mentira parasiempre. y no tener ni un gesto que redima. o la perfecta ola que nos borre. la memoria hecha orilla. no saber qué se quiere. ahora. sólo ahora. no aprender a pedir. olvidar a la niña cenando a oscuras, sola. porque no se molesta. nunca. a nadie. porque el mundo es muy serio. y la vida sucede. en otra parte. no ser la pesadilla repetida. ni el favor. o la culpa. ni ayuno o transición. practicar la distancia. el salto en el vacío. la duda por sistema.

no es sencillo el amor. raro juguete roto. la niña lo agradece. pero esconde. ser feliz justo ahora. sólo ahora. sin preguntarse cómo. sin precisar galletas de la buena fortuna que te traigan a vos. ser breve. más concreta. ser justa y necesaria como dios antes de. no pensarse tan menos. y saberse de paso y tan de agua. un alto porcentaje. aprender a ser agua. y un poquito de luz. y no rendirte cuentas. no dar explicaciones que no pides.

no es sencillo.

m.trigo

Más Kartun

"El teatro te deja entrar empujado por vanidades, pero una vez en su organismo te vuelve órgano. Te metaboliza. Es como los genes, nuestros verdaderos patrones, El teatro te incorpora a su metafísica por razones menores, y una vez que te pone a teatrar es muy difícil que te suelte. Te agrega a su ritual de siglos y en cambio de entenderlo mirándolo desde la realidad, empezás a entender la realidad mirándola desde el teatro".


Leer completo: http://www.lanacion.com.ar/1526952-mauricio-kartun-la-tragedia-no-es-desdicha

Qué maravilla

Qué maravilla... que para una persona otra persona resulte encantandora porque posee una serie de hábitos, porque tiene una particular forma de ser.
Y qué maravilla que esa persona se convierta en una verdadera mierda el día que decide cambiar su forma de ser, cambiar sus hábitos de siempre, ¡convencida de que ese cambio es lo mejor para su vida!
Qué maravilla... que, con esta nueva forma de ser y pensar, esa persona se tire años y años sin resultar atractiva para nadie.
Y qué maravilla... cuando, siguiendo su camino, sin hacer alarde de nada, sin reclamar nada, esa persona deslumbra a otra que acaba de llegar y que reconoce, en aquel ser callado, el misterio que nadie vio antes.
¡Qué maravilla... que conocer e intuir sean, finalmente, palabras vacías!

¿Quién podría confiar en la ciencia luego de esto?

Rodrigo García,
En algún momento de la vida deberías seriamente dejar de hacer el ridículo.

ahora, adiós

El último suspiro encadenado a esa rara distancia que nos hace posibles por un tiempo. El aquí y el ahora tan fugaces. El final de algún cuento nunca escrito. La canción sin grabar que nadie escucha. Una puesta de sol que siempre es diferente. La intuición que aparece como uno de esos cortes al pasar ciertas hojas. La extraña cicatriz. Los silencios que llenas de un sentido cualquiera que en nada se parece a lo que encierran. Un nombre y apellido que te harán sonreír cuando ya estés muy lejos de este instante.

Hubiera preferido

no dar explicaciones ni disculpas,
no enredar la metáfora
ni andar pensando en vos
como si fueras alguien
dispuesto a restaurarme.
Hubiera preferido
ser capaz de besarte
y que vos me dijeras,
pero nena, salí, qué te tomaste.
Y morirme un poquito en ese instante,
emborracharme luego
y santaspascuas.
Hubiera preferido
que el amor fuera un chiste
o un buen libro.
Y no un asco que siempre sale mal.

Hubiera preferido
sentirme mejor sola.
Criar gatos y eso.
O lo de hacerme monja.
Sería yo buenísima
rompiéndole las bolas
a dios a toda hora
con cuestiones retóricas
y dudas infumables.

Hubiera preferido cocinar.
O querer tener hijos.
O al menos serte útil.
Pero se ve que el día de reparto
de virtudes sensatas
y buenas intenciones
yo me dormí en el baño
la resaca.

m.trigo

La mujer puerca

"Si una piensa con lógica, no hay milagros", afirma rotunda pero paradójicamente la mujer. Porque ella desea que los haya, vive a la eterna espera de un milagro, de una señal, por mínima que sea, algo que logre mantener el fuego del amor desmedido que alimenta hace años. Una señal del amado que resignifique la oscuridad de su existencia.

Todo amor es difícil, pero si el objeto de tu amor es un dios, sin duda, tu vida será pronto un infierno. Así nos lo cuenta ella, el personaje encarnado con apasionado virtuosismo por una Valeria Lois en estado de gracia, si se nos permite abusar de la jerga espiritual. Un excelente trabajo que alimenta con precisión, ritmo, organicidad, pensamiento y emoción, los infinitos recovecos de un texto tan ágil como intenso.

Santiago Loza vuelve a conmovernos con un texto inteligente y poético al que, en esta ocasión, se le suma un humor afinadísimo que surge de la literalidad con la que el personaje asume desde niña el fantástico mundo de los conceptos religiosos: el espíritu santo en forma de paloma, la hagiografía como el desfile triunfal de los menos agraciados, el limbo como una transición necesaria o la inevitable separación de cuerpo y alma, son sólo algunas de las muchas ideas que pueblan el "ecosistema espiritual" en el que creció esta mujer. Ideas que se resignificaron con su experiencia vital y su empeño en practicarlas hasta las últimas consecuencias.

Quizá es fácil amar a un dios obviando su silencio, pero cuando éste se convierte en un gesto de amor no correspondido a lo largo de una vida, el sinsentido de la existencia se ve agravado por una insignificancia intolerable. ¿Cómo amar y ser amado por alguien que todo nos lo da y todo nos lo quita?

Este nuevo texto de Loza arranca sinceras carcajadas en la platea gracias al profundo entendimiento y a la generosidad con los que la actriz y el director, Lisandro Rodríguez, se aproximan a ese universo posible. De a poco, la ingenua fe de la infancia se va oscureciendo en el relato hasta convertirse en la duda espantosa que tantas veces corroe la soledad de una vida.

Como en todos los programas de mano de sus obras, ésta también cuenta con unas certeras frases de Santiago Loza resumiendo su propuesta. Quedan acá, como la mejor carta de presentación que podemos ofrecer para animarlos a verla.

"LA MUJER PUERCA es la historia de una huérfana. Como esos relatos de Dickens devorados en la niñez. Está dedicado a la tristeza de los huerfanitos en su periplo errante buscando un lugar de origen. Algún lugar que contenga. LA MUJER PUERCA es una especie de fenómeno, ridícula y tierna, posee melodrama y humor.

También algunos pensamientos sobre el amor.
El amor no correspondido por Dios hacia esta pequeña mujer herida.

LA MUJER PUERCA es la travesía de un cuerpo partido y repartido. La necesidad y la necedad de amar cuando alrededor hay silencio".



La mujer puerca

Texto: Santiago Loza.
Dirección: Lisandro Rodríguez.
Actúa: Valeria Lois.
Vestuario y escenografía: José Escobar, Lisandro Rodríguez.
Diseño de luces: Matías Sendón.

Fotografía: Nora Lezano.
Diseño gráfico: Lisandro Rodriguez.
Asistencia de dirección: Cammila Gomez Grandoli.
Prensa: María Sureda.
Producción: Elefante Club De Teatro, Natalia Fernández Acquier.
Colaboración artística: Mariano Villamarín.

Elefante Club de Teatro
Guardavieja 4257
Sábados 21 y 22.30h
reservas: www.alternativateatral.com

Anoche by Rosenvinge




"Cuando vuelvo a casa
intento recordar
qué era lo que anoche
tenía que olvidar.
Fui yo la apuñalada
o yo clavé el puñal.

Ya es mañana qué más da".

Quizá sos vos

Hay alguien allá afuera
que no nos pertenece.

Porque nadie es de nadie
y estamos practicando el desapego.

¿Pero se puede amar "desapegando"?
¿Amar como diciendo
"tequierosóloasí"?

Y que "así", sea qué.

Querer a alguien de lejos
mientras pasa.
Quererlo para siempre
y saber que es cuestión
de apenas un segundo.

Entender que no hay tiempo.
El calendario atrasa.

Querer a alguien jamás imaginado.
Tan diferente en todo.
Intransitable.

Querer porque se quiere.
Sin razones.
Y no esperar a cambio algo de luz.

Porque sabemos, sí,
"ningún ser aporta claridad a la vida de otro ser,
eso es así,
y a mí no me jodáis". *

Pero se quiere igual.

Porque la vida emperra
y nos desgasta
en ciertos imposibles
que ayudan a pasarla
"con un poco de azúcar"**
o un buen trago de whiskey.

Se quiere igual a alguien
que no nos pertenece
pero nos deja un rastro
de dudas y promesas,
nos abre interrogantes
como puentes
e ignora casi todo
pero entiende.

Hay alguien allá afuera
empapado de lluvia
y de palabras
a quien olvidaremos
con prácticas constantes
de distancia adecuada,
alguien que nunca quiso
ser objeto de estudio
ni de amor,
pero inspira y provoca
intermitencias raras
y círculos perfectos
en este falso lago
sin orillas.

Alguien
quizá sos vos.

m.trigo

* Rodrigo García, Versus.
** Según nos educó la "prácticamente perfecta en todo", Mary Poppins.

David González

Poemas de El amor ya no es contemporáneo, ed. Baile del sol, Tenerife, 2005.


"Existe un mundo en otro lugar". Robert Creely.




Metáfora

Cada persona es un mundo.

Esperemos que no sea este.

**
"Como si nada de esto hubiera sucedido realmente". Antonio Orihuela.


El resto del camino
a veces ocurre:
me quedo parado
en mitad del pasillo,
mirando fijamente
las baldosas del suelo,
sin reconocerlas,
ni reconocer en ellas

los
pasos
perdidos.

**  
Poemas de Algo que declarar. Poesía de no ficción. Bartleby ed, Madrid, 2007.



Estación terminal

lápiz y papel

una estufa encendida

casa de poeta

**


Poesía completa



Cuando tú te acuestas, nunca primero de las ocho,
con el frío en los ojos y el sueño en los huesos, rendida,
yo me levanto, y en vez de darte un beso, unos mimos
o un simple buenos días, una sonrisa aunque fuera,
o tener, por lo menos, una palabra amable para contigo,
en vez de eso, lo que hago es protestar, quejarme:
¡Joder, tía, cada vez llegas más tarde a casa!

o como mucho, si me despierto de buenas, preguntarte:

¿Qué tal anoche? ¿Hubo mucha gente? ¿Fue alguien conocido?

Luego te cierro la puerta, para que no te moleste el ruido
y después de la insulina y el desayuno integral
me encierro a solas con mi conciencia y empiezo a escribir.
Cuando te despiertas, nunca después de las dos, a veces antes,
yo sigo aún encerrado en mi estudio, escribiendo,
y después de comer, si antes de empezar no he puesto cara de asco
y dejado la comida en el plato después de despotricar contra ella:
¿Otra vez lo mismo? ¿Otra vez hay esta mierda, joder?

en tanto tú te pones a recoger la mesa, yo me pongo en pie
y con la taza de café en la mano, café que tú me has preparado,
sin agradecerte los alimentos ni decirte lo bien que sabía todo,
me dirijo a mi estudio para continuar escribiendo,
y así, mientras tú terminas de fregar los platos y de desentrastiar
un poco la cocina y después te acuestas a descansar un rato,
yo, encerrado en mi estudio, a solas con mi conciencia, escribo.

Cuando ya has descansado lo suficiente, llamas a mi puerta,
me sobresaltas, dejo el bolígrafo y levanto la vista del papel:
abres la puerta una rendija, un poco más, asomas la cabezuca:
¿Se puede?

¿Qué quieres?, te miro, sin levantarme de mi silla de madera.
Te he dejado hecha la merienda, me voy a hacer lo del bar,
¿quieres que te traiga algo de la calle? Qué necesitas, dime.

y mientras tú haces lo del bar, es decir, mientras tú limpias,
barres, pasas la fregona y repones botellas vacías,
yo continúo aquí, encerrado en mí mismo, escribiendo,
y cuando luego regresas, justo a tiempo para la cena,
lo primero que te pregunto según entras por la puerta es
¿Te acordaste de traerme eso? ¿Me compraste el papel y el tabaco?

y después vuelvo a mi mundo y continuo escribiendo,
todo el santo día escribiendo
todo el santo día escribiendo POESÍA
y luego, al a hora de la verdad, cuando lo hay que demostrar,
qué poca (o ninguna)
me queda para ti.

**

Kartun y Guzmán

Parece que nuestras buenas intenciones de seguir aprendiendo con y de los mejores están generando alguna onda expansiva de muchas y óptimas condiciones para que eso suceda. ¿O será que esa puerta siempre está ahí pero la pasamos de largo porque estamos demasiado preocupados para ocuparnos de lo que nos interesa? Uhm...

Hoy estuvimos entre los afortunados que asistieron a la charla con Mauricio Kartun y Osqui Guzmán en la Biblioteca Nacional. Un ameno diálogo con dos creadores de los que reconocen y valoran la importancia de la intuición, el azar y la causalidad. Pero que, por supuesto, hablan del trabajo del artista como una ocupación constante que implica "horas culo" y una formación amplia y polifacética, consecuente con el oficio. Hay que tener todo eso y despúes, "salir a que te pasen cosas con el arte y en la vida".

Compartimos algunas de sus reflexiones por lo necesarias e inspiradoras.

* "Básicamente es juego". O. Guzmán.

* "Buenos Aires es la gran factoría Stanislavski. Y todo porque los barcos paraban primero en Argentina y los rusos bajaron acá. Perdimos al actor popular y nos convertimos en una fábrica de actores realistas. Hasta los exportamos". M. Kartun.

* "Día tras día descubro esta vida. Así me va. A veces bien, a veces mal. Trabajo muy inconscientemente alrededor de todo lo que me pasa". O. Guzmán.

* "Como actores de improvisación, estamos entrenados para trabajar en el encuentro, que es un placer, y no en la búsqueda, que es angustiante. En la energía del encuentro todo sirve, todo adquiere sentido, lo mezclás, le decís sí a todo". O. Guzmán.

* "Creer que el acto creativo implica el uso de un esfínter con el que hay que hacer fuerza, habla de búsqueda, no de encuentro. El artista es alguien que tiene la capacidad de crear sentido y forma a partir de patrones vagos". M. Kartun.

* "Hay un malentendido casi extravagante en el mundo del actor y es que muchos dejan de formarse considerando que ya no hay ningún maestro que pueda aportarles algo nuevo. Pero la formación del actor, como la del bailarín o el cantante, no termina nunca. Es algo constante que se nutre de otras experiencias y disciplinas que van mucho más allá de las clases de actuación. No es una formación cerrada y finita. Debe involucrarse en despertar cuerpo y mente. Está la pintura, la poesía, la cama elástica... Cuando yo comencé a practicar en la cama elástica, las devoluciones que me daba el profesor podían perfectamente aplicarse al teatro". O. Guzmán.

* "Los ensayos son un lugar para probar, encontrar y abandonar. Lo que sucede, conviene". M. Kartun.

* "La creación es un acto violento. Como el amor". M. Kartun.

* "El relato es una excusa para que el espectador nos siga. Cuando se elige laburar no sólo sobre el relato si no también sobre la sustancia poética, tenemos que engañar al espectador para que nos acompañe en todo ese subtexto, para no perder su atención". M. Kartun.

Tiempo


Obras en conexión: Un hueco y No soy un caballo.

por Macarena Trigo *

La charla con los creadores de estas dos obras el pasado 31 de octubre en Silencio de Negras, nos llevó a reflexionar sobre cuestiones mucho más amplias que su temática o las soluciones estéticas elegidas y queremos hoy detenernos sobre algunas de las preguntas barajadas esa noche.

La crítica y la teoría tienden a observar al objeto de estudio como algo terminado. Un libro, un cuadro, una película o una obra de teatro se convierten en una criatura estática que puede diseccionarse y reinventarse por completo en función de los objetivos finales del pretendido análisis. Asumimos nuestra parte de culpa porque nos reconocemos en esa fascinación que genera una pieza de arte descubierta a la que queremos otorgarle tantos significados y valores como nos sea posible. Pero no por nada quien esto escribe decidió hace años tratar de ejercer algún desempeño artístico para poder refutar con cierto criterio algunos conceptos que nunca nos convencen del todo. Por eso hoy, a la luz de la larga conversación mantenida con Juan Pablo Gómez, Patricio Aramburu, Alejandro Hener, Eduardo Pérez Winter, Walter Jakob, Diego Cremonesi, y Franciso Egido elegimos comenzar haciendo memoria sobre las coincidencias vitales que se mencionaron a la hora de poner en relación sus obras.

* Queríamos hacerla mucho tiempo.

Esa fue una de las primeras certezas mencionadas. Algo que actores y directores de ambos proyectos reconocían haber perseguido como un primer ideal: la necesidad de hacer tantas funciones de una obra como sea posible para poder entender su verdadera naturaleza.

Todos sabemos que una obra de teatro no está terminada el día de su estreno. Recién ahí estará poniendo a prueba su razón de ser, su interés, su valía. Y sólo en presencia de distintos públicos la obra irá creciendo. Las actuaciones responderán cada vez más a la verdad depositada en el texto. La emoción llegará sin forzarla. El pensamiento no desaparecerá. Se irán puliendo las distracciones, los gestos innecesarios. Los personajes estarán cada vez más presentes. Serán. ¿Se consigue eso en las ocho funciones a las que tantas veces se limita la vida de una obra en nuestro hiperactivo y superpoblado circuito off?

Un hueco recién terminó su cuarta y última temporada. Última por decisión propia, última porque se elije cerrar un ciclo para dar cabida a una nueva creación en la que ya laburan. No soy un caballo, concluirá este mes su tercera temporada.

Las dos obras han sabido subsistir en los márgenes del teatro off. Un hueco, nunca conoció sala de teatro. Se estrenó y se mantiene en uno de los vestuarios del club Estrella Maldonado. Encontraron en ese espacio una esencialidad que no sólo beneficiaría artísticamente a la obra potenciando su dramaturgia, si no que serviría de a poco para identificarlos dentro del maremágnum de obras que pueblan la ciudad. Ellos son “esos del vestuario del club”. Sí. La alta calidad de la propuesta trajo los merecidos reconocimientos de la crítica, los premios pertinentes y los festivales. Y después la obra se instaló en el mejor sistema de prensa: el boca en boca. Sin embargo, todavía son muchos los que nunca oyeron hablar de esta original propuesta. Muchos, los que llegan a verla sin la menor referencia, sorprendidos de que las instalaciones sean tan incómodas y el contexto tan ajeno a lo que el hábito de “ver teatro” implica.

No soy un caballo se da en Silencio de Negras. Una de esas salas que pelea por subsistir al margen del circuito teatral más transitado. Ubicada para muchos en tierra de nadie (Luis Sáenz Peña 663), es una de tantas casas antiguas convertidas en espacio escénico. Casas a las que la ficción despeja de mobiliario para llenarlas de historias. Nunca tuvieron prensa, más allá de las notas en blogs y reseñas en revistas teatrales. Es difícil convocar público aunque la sala pequeña. Una realidad conocida por todos, sí. Lo que cambia es el modo de enfrentarse a ella, la importancia que se le da, el deseo de continuar. Ellos decidieron seguir y mantenerse aunque el público no les acompañara siempre. Tuvieron la suerte de que la sala les apoye incondicionalmente. Su director, Eduardo Pérez Winter, es uno de los responsables de la misma.

Sin duda, uno de los principales motivos por los que muchos se animan a abrir un espacio teatral propio tiene que ver con ese deseo de poder mostrar por tiempo indefinido y sin presiones un trabajo que costó mucho sacar adelante. La dificultad, una vez conseguido ese espacio propio, pasa por no sacrificar la propia creatividad en aras de pagar el alquiler. Programar sólo a otros, dejar de producir o querer producir obras que resulten más “atractivas” aunque se alejen de nuestras inquietudes más genuinas. ¿Cómo hacer para que el esfuerzo de mantener un espacio artístico no termine por extenuar nuestra creatividad? ¿Y cómo lograr que lleguen a esos espacios gente que nada tenga que ver con el ámbito teatral?

Lo que nos lleva a otras preguntas polémicas de esa noche.

* ¿Hacemos teatro sólo para actores?

¿Para los amigos de mis amigos? ¿Nos preocupa llegar a otro tipo de público, a ese ideal no premeditado, al perfecto desconocido que no tendrá piedad y sabrá dormirse pese a la incomodidad de la silla o abandonar la sala si se aburre? ¿Acaso no nos aburrimos nosotros mismos, mortalmente, con muchas de las obras que vemos? ¿Acaso no dejamos de agradecer al azar, a las recomendaciones o al gusto cultivado cada pequeño gran hallazgo que nos resignifica el dedicarnos a esto y recordar que sí, que después de todo, tenía un sentido y era un sentido profundo y verdadero? ¿Por qué pasa tan poco ese milagro? ¿Somos los “teatristas” el público más jodido? ¿Y por qué tantos otros alardean de no ver nada, de no ir al teatro hace años? ¿Y cómo sobreviven?

Por supuesto que no encontramos respuestas unívocas ni grandes soluciones. A veces, las conversaciones sobre lo que se ama sirven para recordarnos que el objeto de nuestra pasión es y será siempre un misterio. Y también que no estamos solos, es posible encontrarse y seguir aprendiendo si de verdad hay ganas de comunicarse y de ser generoso. ¿No brilla más ese actor arriesgado que logra atravesarnos con un texto, que cualquier virtuoso empeñado en conquistarnos con la excelencia de su técnica? ¿Los verdaderos maestros no tienen la puerta siempre abierta y muy poco que decir?

* ¿Qué sería la dramaturgia del actor?

Es tema para un largo ciclo de conferencias. No habría dos personas que lo definan del mismo modo y todos terminaríamos mencionando determinados ítems con los que tropezamos muy seguido: el actor creador, la participación en la escritura del texto, la propuesta personal para construir un mundo posible, la suma de todas las herramientas con las que…

En Un hueco y en No soy un caballo, los actores formaron parte del proceso de escritura. Las improvisaciones que durante meses sirvieron para ir armando a esos personajes y sus intrincados vínculos de amistad, fueron de a poco convirtiéndose en esa base que terminaría por ser el texto de la obra. Y ojo, sí, que nadie confunda o limite la dramaturgia con el texto. Es una parte, pero no sólo.

¿Cuánta conciencia hay de esos porcentajes creativos? ¿Y cuánta confianza hay que depositar finalmente en el director elegido para darle forma a nuestros hallazgos?

Las dos obras comparten un germen de interés destacable: el deseo de laburar entre ellos. Conociendo la fugacidad con la que tantos proyectos se arman y desarman animados por una leve idea que nadie concretiza o el modo en el que las cooperativas se desintegran, no es una cuestión menor esa capacidad de elección y compromiso. Parecieran ser cosas muy obvias, sin embargo, éste es un rubro donde nada debe darse por sentado y elegir con quién laburar, sabiendo de antemano el esfuerzo de toda índole que implicará el asunto, no es para nada un tema menor a la hora de preguntarse sobre la permanencia de una obra en cartel.

* La caja de herramientas.

Fue una de las metáforas más socorridas de la noche para explicarnos la importancia que tienen determinados hallazgos que uno empieza considerando azarosos o muy particulares y que después, a la larga, terminan conformando una suerte de tópicos constructivos tan sólidos como universales que nos permiten establecer relaciones y complicidades que exceden nuestras primeras intuiciones al respecto.

Así, por ejemplo, estas dos obras abordan la amistad masculina en tríos de personajes que parecen conocerse desde siempre. Aprendieron a convivir y a burlarse de sus imposibilidades y defectos. Todos rondan la treintena y no terminan de encajar en una madurez que parece haberles alcanzado por sorpresa y comparten la sensación de pérdida y cierta desesperanza en las circunstancias que los reúnen.

Dentro de todo triángulo, es inevitable que se active el juego de "el tercero en discordia". Ese rol donde el punto de vista sobre el otro (que recién salió de la pieza o que expone argumentos con los que pareciera resolverles la existencia) siempre está mutando, resulta clave para entender que nada es trivial en esos vínculos.

El paréntesis circunstancial en el que se encuentran permite que el paso del tiempo habilite ciertas licencias que les llevarán al enfrentamiento, la borrachera y esa instancia en la que terminan por decirse en voz alta verdades muy incómodas.

Así, en No soy un caballo, Esteban se hipersensibiliza a lo largo del fin de semana y sus amigos terminan por ser el blanco de su confusión.

ESTEBAN: No puede ser, siempre tenés algo más que decir. Conseguite algo que hacer, viejo, pero no me jodas más. Se te mete algo en la cabeza y no podés parar. Por favor. Estás todo el tiempo maquinando. Todo el tiempo metiendo fichas. No tenés filtro, no tenés filtro.

Hugo, Maxi y Lucas, los personajes de Un hueco, ya están de por sí es una situación que propicia el desequilibrio y la sensibilidad exacerbada: el velorio de un amigo común. Se irán turnando ese rol del tercero en discordia pero Hugo, el amigo que viene desde capital al entierro, será quien lo represente con más intensidad. Hugo se fue, "maduró lejos del árbol", se burla Maxi, pero creció ahí con ellos. Conoce a la perfección la vida repetitiva y sin expectativas que tienen sus amigos pero la distancia aliviana esa realidad y se permite aconsejarles para que tengan "nuevos circuitos", "otro tipo de movida". A lo que Lucas replica contundentemente:
LUCAS: ¿Qué circuitos? ¿Qué circuitos? Cortála con las boludeces Hugo. Acá, ya sabés como es: agarrás el auto, salís por Roca, morfás algo en Aladín, hacés puerta en Go-out. Volvés por Aladín, agarrás José Foresto, la rotonda del puente, el puente y terminamos todos en el río. Después volvemos: por Roca o por Alsina. Esto es una hamstera: das vueltas, das vueltas y lo único que hacés es cansarte las patas. Y gastar nafta. Una inmensa rueda gigante de fabricar boludos. Boludos que se pasan toda la semana, toda la vida, boludeando.

* El regreso imposible

Dentro de esa caja de herramientas, como subtema intenso con el que se empatiza fácilmente, podemos mencionar el hecho de que en ambas obras está presente el conflicto interno que supone el regresar al lugar donde se creció.

En No soy un caballo, Esteban regresa a la quinta de sus veranos de infancia, un espacio muy atado a la figura de Gregorio, ese abuelo al que se nos presenta como un personaje extraordinario. Alguien que para las gentes del pueblo era "el desquiciao".

Todo pueblo que se precie tiene un loco, sí, pero acá la figura de Gregorio se tiñe de algo épico, de una rudeza extraña y algo atávica. Un hombre en comunión con la naturaleza que se entendía mejor con los caballos que con las personas. Ninguna de las anécdotas que se nos cuentan sobre su relación con los caballos es trivial: montaba desnudo y sin silla, no dudaba en guarecer a su caballo en la casa cuando llovía, llegó incluso a bautizarlo, por las dudas, y murió abrazado a él. Toda una leyenda difícil de asumir para Esteban, el nieto. Confundido entre el orgullo, sus propios recuerdos y la extrañeza sembrada por años de silencio cuando la familia dejó de ir allá y perdieron el contacto con ese abuelo raro y con todo lo que le rodeaba.

En Un Hueco, como ya señalamos, es Hugo quien regresa y se enfrenta al hecho de que ahí será siempre “Huguito”. Sus actitudes críticas son vistas como "fobias de porteño" y la sutil idealización que permite la distancia, concibiendo el pueblo como un lugar "más tranquilo", donde "los pibes saben lo que es treparse a un árbol por lo menos", es brutalmente desclasificada por sus amigos.
LUCAS: Cortála con las boludeces, Hugo. Acá los nenes apenas aprenden a caminar ya se sientan en la vereda como los viejos. Te juro que en el remoto caso que tenga un hijo, lo voy a obligar a jugar a la PlayStation todo el día con tal de que no salga a la vereda.

Lucas y Maxi mantienen un lúcido y doloroso entendimiento de lo que son sus vidas en ese pueblo. Una existencia rutinaria donde ni siquiera la conversación se renueva. En este sentido, sin duda, la descripción del juego red con el que se entretienen por las tardes es uno de los momentos más agudos y crueles de la obra. Lucas explica cómo el juego consiste en darle vida y ocupación a un hombrecito que puede terminar sin salir de su casa, jugando al mismo videojuego donde un hombrecito, a su vez, juega a lo mismo, abriendo así un círculo infernal de realidades virtuales y anodinas. Con esta metáfora ágil, el infierno de ese pueblo provinciano trasciende a un universal con el que resulta imposible no identificarse.

* Pueblo chico

Las dos obras comparten un poderoso y universal imaginario común: el de la provincia anónima cuyas características vienen a resumirse en el refrán "pueblo chico, infierno grande".

"Cuarenta mil habitantes y una sola oreja", apunta Maxi en Un hueco. Eso es algo que Esteban, en No soy un caballo, también conoce y que no logra hacerle entender a Matías cuando éste entabla conversación con los hombres de la zona. Allí todos están al tanto de todo, nadie da puntada sin hilo, quieren saber cosas sobre su familia, sobre la venta de la propiedad, y Esteban choca con la inconsciencia de Matías sobre esos manejos que carecen de sentido para alguien ajeno a ese mundo, pero que se nutren de años y años de pequeños rencores y disputas.

Otro detalle compartido es la importancia dada a las apariencias. Antes de entrar a la pulpería Esteban les recuerda que se pongan las boinas que les compró para la ocasión, detalle que los amigos olvidaron y que hace que él los rete: "Acá se entra prolijo y con boina. ¿Tanto cuesta respetar las costumbres de otro lugar?"

En Un hueco, la importancia dada al lugar del velorio, el club deportivo donde Matías trabajaba, y a los presentes ese día, también señala con mucha lucidez esa cuestión de lo aparente que termina por ser patético según el punto de vista de quién observe la situación.

HUGO: Es una cuestión de respeto. En un momento así, ponés lo que haya que poner y hacés algo digno. Algo que todo el mundo recuerde.
MAXI: ¿Digno? ¿Digno? ¿Qué es digno?
HUGO: Digno. Dignidad. ¿No sabés lo qué es?
MAXI; Sí, sí. No se puede hacer algo digno con estos viejos de mierda que te llenan lo que sea: entierro o bautismo, ellos vienen. Ni saben a qué vienen.
HUGO: ¿Está mal? Es una cuestión de dignidad.
MAXI: Basta con eso. Ya está acá y por lo menos lo velan en el lugar que él trabajaba.
HUGO: ¿A vos te gustaría que te velaran en un salón lleno de trofeos de vóley, de handball, de equipos que no conoce nadie?

El personaje de Robustiano en No soy un caballo afirma categóricamente: "Acá la gente es rencorosa". No necesita más explicaciones. Del mismo modo en que tampoco hace falta que añada nada cuando apunta: "El cariño es complicado en el campo. Hay mucho viento". Son frases que permiten intuir una lógica de pensamiento asentada en la experiencia de vida. Robustiano no duda en afirmar que “en la capital hay mucha gente. Son de pelear seguido, seguro".

Ese enfrentamiento entre la capital y la provincia se define con humor y contundencia en Un hueco. Hugo resume así algunas de las diferencias vitales y tópicas de la gran ciudad.

HUGO: ¿Cuántas veces les dije que se vinieran? Allá las minas se arreglan, se maquillan, no son los bagres retorcidos éstos de acá. Allá tenés cosas. Cines, joda. Vos estuviste. Salís a la noche por Av.Santa Fe ¿te acordás? y está lleno de gente en los bares, mirando vidrieras. Entrás a agarrar tarjetitas de cosas para hacer y no te alcanzan los bolsillos. Yo no salgo mucho pero la movida está.
Un poco antes comentaba que "a todo el mundo le gusta Buenos Aires". Sin embargo, la experiencia personal de Lucas en la capital fue un desastre. Frente a esos potenciales entretenimientos que Hugo señala como gran ventaja, su recuerdo de apunta al anonimato padecido en toda gran ciudad: la sensación de sentirse perdido y la dificultad para conocer gente.

LUCAS: (...) no conocí a nadie. Ni una persona. Ni una mina ni nada. Vos laburabas odo el día y yo andaba como bola sin manija de la mañana a la noche. Quería hacer el UBA XXI y me decías “Andá a la facultad”. No sabía ni qué bondi me tenía que tomar. (...) Andaba por la calle preguntándole a la gente dónde quedaba la Avenida Rivadavia. ¿Sabés la cara que me ponían? ¿Sabés cómo se sentía? Un pajuerano. Después me vengo a enterar que la Rivadavia de allá es como la Roca de acá.
Otro subtema interesante en común es la presencia de la muerte como detonante no sólo de obligados reencuentros, sino también de enfrentamientos con la burocracia que acarrea y cómo la presencia de una escritura revuelve a cualquier familia.

En Un hueco, es la hermana del difunto con la que evitan encontrarse porque anda averiguando qué saben ellos sobre la escritura de cierto departamento. En No soy un caballo, Esteban se encuentra liquidando lo poco que queda de esa propiedad para saldar deudas. Nadie en la familia quiso hacerse cargo.

* ¿Las diferencias? Estéticas.

Hasta acá vemos las muchas conexiones vitales, de fondo y tema que comparten pero no podemos evitar ahora detenernos en algunas cuestiones estéticas que hacen que los caminos elegidos para sus puestas sean tan diferentes como interesantes y acertados.

Un hueco, como ya mencionamos, se desarrolla en el vestuario de un club deportivo, el Estrella de Maldonado. Las funciones comparten ese contexto en el que ellos, después de cuatro temporadas, terminaron por ser una pieza más del quehacer cotidiano de los domingos. No obstante, cada vez que su reducido público llega al club, reaparece el extrañamiento y la experiencia teatral que se nos ofrece obliga a que agudicemos los sentidos y nos comprometamos físicamente con lo que ahí pasa.

En Un hueco se participa desde el momento en el que se adquiere el compromiso de asistir. Como público estamos apostando por la diferencia, buscando ser parte de algo poco frecuente: presenciar cómo el arte ficcionaliza la realidad más inmediata. Ese vestuario es el mejor de los espacios escénicos posibles para la obra. Favorece y potencia todo lo que les ocurre a los personajes sin distraer. Nos los presenta en un primerísimo primer plano que nos hace testigos más que espectadores de esa intimidad dolorosa y confusa en la que se encuentran. Sin embargo, ese vestuario, no está ahí. La obra comienza y los actores nos llevan a ese “pueblo choto” de provincia construyendo para nosotros dos nuevas realidades: por un lado, una realidad inmediata, ese salón del que huyen, donde se vela al amigo, donde rondan personajes a los que sólo conoceremos desde su punto de vista, y desde el que nos llega entrecortada la música que lo disfraza, como queriendo distraer la evidencia de la muerte. Por otro lado, lo que conoceremos en profundidad a lo largo de la obra será ese pueblo. Sus pocas calles, su rutina, su nada cotidiana. Un pueblo único pero tan parecido a otros que se universaliza con cada pequeña anécdota que cuentan.

La proximidad física del público supone un desafío para los actores. El espacio es tan poderoso e íntimo que el peligro está en que se “vean los hilos” o se fuerce la emoción. Nada de eso sucede. El trabajo de dirección de actores y las propuestas de los mismos para construir sus personajes resuelven con una solidez impecable una actuación que, reforzada por la sencillez y la contundencia de los pocos elementos que constituyen la puesta, bien podemos describir como hiperrealista o cinematográfica.

En No soy un caballo, el espacio se aborda confiando en la potente imaginación del público que deberá aceptar la flexibilidad de la propuesta y construir junto a los actores. Desde la primera escena la mirada al horizonte lejano de los actores nos advierte que habrá que desempolvar la imaginación y construir con ellos ese mundo posible al alcance de la mano. La sala elegida en Silencio de Negras es alargada, el público ocupa uno de sus frentes y los actores se adueñan de las dos puertas de acceso estableciendo un código estético y funcional que sostendrán durante toda la obra. Las puertas se abren y cierran incansablemente llevándonos a los distintos ambientes de esa casona enorme. Y no sólo eso, también sabrán convertirse en la entrada de una pulpería y un establo en una suerte de continuidad que mantienen gracias a sólidas actuaciones que, al igual que en Un hueco, aprovechan la proximidad del público para lograr que el pensamiento de los personajes, sus torpezas y dudas, sean algo digno de contemplar.

A ese hallazgo tan sencillo como potente del uso de las puertas como constructor de múltiples espacios escénicos, se suma algún elemento cuya presencia parcial sirve para activar una potente metonimia que se tiñe de ensoñación y simbolismo, así, por ejemplo: la llegada de Matías a la pulpería en la noche o el galope final de Esteban a caballo.

Si bien es cierto que el código de actuación es realista, capítulo aparte merece la construcción del personaje de Robustiano, el viejo custodio de la finca que aún se encarga de los caballos. Su aparición en el establo en medio de la noche sorprende no sólo a los personajes, también al público, que recordará en ese instante las posibilidades infinitas del juego teatral. Francisco Egido, el mismo actor que da vida al personaje de Fernando, encarna a ese peculiar lugareño que nos permitirá intuir un poco más del microcosmos del pueblo. La dirección, confiando en un público ideal que a esa altura del relato ya es partícipe del mismo, elige que un mismo actor interprete un segundo personaje y que lo haga subrayando al máximo la teatralidad de esa construcción: arrodillado, la cara semioculta y la voz un tanto dislocada, servirán para generar un extrañamiento inicial que tampoco tarda en disiparse, porque, como el resto de la propuesta, nos ofrece un regalo: sorprendernos del buen manejo de la teatralidad cuando está en función de la forma elegida.

De forma muy simplista, podemos afirmar que frente al hiperrealismo de Un hueco, tenemos la hipertetralidad bien entendida de No soy un caballo. Dos soluciones muy distintas qeue nos acercan a universos ficcionales que se dan la mano.

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Queremos aprovechar para agradecer la generosa colaboración de todos los implicados en estos primeros encuentros bautizados como "Obras en conexión". Su disponibilidad, generosidad y buen humor nos permiten seguir pensando que nuestro deseo de aprender de los mejores está bien encaminado.

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* Actriz y directora de teatro. Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Historia del Arte y Comunicación Audiovisual. Obras en cartel: La omisión de la familia Coleman (actriz y asistente de dirección), Pie para el beso (texto y directora).

NO SOY UN CABALLO sigue realizando funciones los miércoles a las 21hs.

reservas: 4381 1445.

La felicidad de la etiqueta adecuada



poemas en frasco
(cosecha 2012)
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by m.trigo

Una bandera blanca no tiene por qué ser necesariamente una toalla


A veces
hay que descender
de las alturas
Caminar una vez más
entre mortales
Reconciliarse un poco
con la mediocre
comodidad
del que se permite
ir existiendo sin hacer
tantas preguntas
Sentarse por ejemplo
ante la tele
Poner películas
de vídeo
Llamar por teléfono
para lanzar un esoese
o confesarle a alguien
que le quieres
Enviar felicitaciones navideñas
a conocidos, hermanos
y demás familia
Hablar de política
con la mujer
de la limpieza
Comprar pipas con sal
o un cupón
de lotería
Hacer de cicerone
Sonreírle a una solterona
Decir gracias en el banco
Dejar pasar a una viejita
que te clava la punta
del paraguas
en la cola
de la tienda
Leer el Hola
en la taza del váter
o en la consulta
de un dentista
Inclinarte y hacer muecas
gilipollas
delante del bebé de la vecina
Decir: "Qué día más espléndido"
o "Cielo, pásame la sal"
o "Tus ojos me recuerdan
al lucero de la aurora"
Comprarte una corbata
Guiñarle el ojo
a un parapléjico
Solidarizarte con un guardia
en un atasco
Interesarte por el hijo enfermo
de la estanquera
Escuchar declaraciones
de un político
y no sentir asco
ni odio
sino pena
(quiere decirse
compasión)
Aceptar que hay gente
para todo:
aficionados al fútbol
comedores de caracoles
lectores del último Planeta
taxistas
policías
acomodadores
porteros
conductores de autobús
traumatólogos
psiquiatras
funcionarios de Correos
(y que si uno ha tenido
un poco más de suerte
no es por su cara bonita
sino por algún prodigioso
y bendito accidente
de la biología)

A veces
-sólo a veces -
hay que bajar de las alturas
- o subir
de las profundidades -
y atreverse a ser estúpido
y feliz
sin necesidad siquiera
de estar enamorado
y recordarse
que la guerra todo el tiempo
puede acabar
con el más grande estratega

Salir por un momento
de la Obra
y si esa bala
que -desde algún lugar
más o menos alejado
en el tiempo y en el espacio -
ahora mismo
viene a por ti
te alcanza
entretenido
en alguno de estos
mezquinos menesteres
que no se diga
que no estuviste aquí
que no te pringaste
como el mejor cantamañanas
que no fuiste del todo
un ser humano

Roger Wolfe

Días sin pan, ed. Renacimiento, 2007.