Un clásico durísimo

"Recuérdenlo: Bruce Willis venía de la comedia televisiva Moonlighting: luz de luna, era gracioso y carismático, y también macizo, aunque no particularmente musculoso como sus futuros socios de género y cadena gastronómica Stallone y Schwarzenegger. Triunfo del seso y el coraje sobre los bíceps, uno no sólo quería sino que también sentía que podía identificarse con McClane. Casi todo lo que hacía Willis en la película –saltar por el hueco de un ascensor, lanzarse desde un piso 40 amarrado a una manguera contra incendios, correr descalzo sobre vidrios rotos– era más bien improbable, pero en el fondo físicamente posible (o casi). La perfecta ejecución de la fórmula –el tipo común en circunstancias extraordinarias– convirtió a Duro de matar en un clásico de los ’80 y una de las mejores películas de acción de todos los tiempos".


Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8627-2013-02-28.html

hombrecitos hermosos

a todos ellos


a los que desconozco,
serios y muy callados,
por motivos del todo
secretísimos
consienten mi excesiva
verborragia,
emails de medianoche,
poemas clandestinos,
mensajes imprudentes.

tienen nombres extraños
que no uso.
y los llamo a mi modo.
los invento.

los invoco en cafés
donde observo la vida
como si fuera un cuadro.
les cuento mis hazañas
viajando en colectivo
y rondan mis esquinas
cuando llueve.


todos tienen su novia.
mujercitas a tono con sus días
que los hacen felices
y los dejan tranquilos.

eso empapa mi amor de combustible
y lo torna incendiario
porque lo sé imprudente,
absurdo, contramano.
pero desde hace un tiempo
el amor desmerece la estructura,
los puentes levadizos,
la acción en consecuencia.
está siendo una excusa,
una forma de ver.
y de escribir.
por eso es que mis hombres,
ausentes y perfectos,
inventados de afuera para adentro,
son como catedrales
donde sólo yo rezo.

con fe en los precipicios.
sin miedo ni esperanza,
asumo mi conquista
de improbables,
sin exigir milagros
ni buenas intenciones.

evitando las ruinas
de todo happy end.

All you need is less

La vida no es constante ni acertada.
Al menos por acá.
Se alimenta de sueños que ni siquiera escribo,
de ganas de ser otra y estar lejos.
Ni la menor idea de ser quién o estar dónde.
Es apenas capricho mentiroso.

Imaginar que es fácil ser cualquiera
que no se nos parezca.
Sería sencillísimo tener una familia escandinava,
un marido oculista, mellizos rubiecitos
y vocación concreta y hasta útil.

Después, al poco rato,
ya aparecen problemas en esa vida ilusa:
la tan muy poca luz de los inviernos,
esa amante alemana del famoso oculista
cuya existencia ignoro a duras penas,
los niños detestables después de media tarde,
un idoma imposible
y la abulia perfecta de esos países raros
donde todo funciona como debe.


Ya dicen los de oriente
que aquel que no es feliz con lo que tiene,
tampoco lo será
con eso que imagina deseable.

Hay que ser oriental. Qué duda cabe.

cuestiones prosaicas

ahora que ya sabemos

que el otro es mi mirada
y lo que quiero,
apenas lo que busco,
lo que temo,
que el amor es la droga
más barata,
el infierno es lo mismo,
el futuro no existe,
y el pasado es tan sólo
la selección de trufas
que una cerda entrenada
nos encuentra,
sigue siendo difícil
ponerse cierta ropa,
respirar despacito,
dar las gracias,
sonreír cuando llueve
o cuando escampa,
cocinarse las sobras,
entender a los padres,
olvidar a los ex,
desatender los hijos
medio día.


ahora que ya sabemos
que todo lo aprendido
sirve para
sólo cuando se olvida
sabiamente,
que no hay tiempo de prisa
ni dolor que merezca
ser pieza de museo
porque todo principio
avanza hacia un final
premeditado,
sigue siendo imposible
andar sobre seguro,
mantener la distancia
más prudente,
atarle muy cortito
el piolín al deseo
y volver a estudiar
como si nunca
la inmensa extravagancia
de estar vivo.

Escribir y callar

"Al leer, como doble del autor del libro que tenemos entre manos, hay veces en las que conseguimos algo mucho más extraordinario desde el punto de vista del buen lector. Entramos de lleno en el corazón de la novela. En verdad, lo único que se persigue al leer es impregnarse del mundo narrativo o poético que el escritor ha tenido la generosidad de presentarnos. Entrar en una obra creativa requiere ciertas exigencias lectoras. La primera: concentrarse en el texto al punto de formar parte del texto que estamos leyendo. La segunda: ser hábil para leer más allá de lo que el autor pensaba que seríamos capaces de leer en su libro. Y tercera: leer para descubrir el silencio del libro. Pretensiones que no se dan cuando la novela que se lee resulta tan acomodaticia, previsible y simple que se lee de corrido. Y se olvida al momento. A la espera de la llegada de una segunda novela del mismo autor que el mercado publicará de inmediato dado el éxito de la anterior.

Vivimos en un sistema dedicado a producir libros como máquinas tragaperras de lectura. La máquina-libro ha devorado el lenguaje literario. (...)

Escribir es difícil. (...) Escribir para contar lo que no se escribe. Escribir las cosas como nadie las ha escrito antes. Menudo objetivo insensato el nuestro. Porque finalmente el autor es el gran inválido del lenguaje, un paciente malcriado que ha olvidado los motivos de su enfermedad y los deja a disposición del investigador clínico y crítico que operará en el cuerpo de su texto".

Nuria Amat.

Escribir y callar, Siruela, Madrid, 2010.

Y bue

Práctica y teoría

Toda la tradición insobornable
que acompaña y nos duele
y nos redime.

Miguel Ángel. Buñuel.

Qué hacer con ellos.
No se acuestan con nadie.
No joden con desgana.
Te rompen la cabeza
y hacen hambre,
abren culpas, heridas,
recuerdos y promesas
sobre un mundo distinto.

No se elige al amado.
Y no se hace el amor.


**


El arte es la pasión más durarera.

También la más perversa, agotadora.
No acepta explicaciones, no educa con paciencia,
no mide consecuencias ni perdona.
Desconoce el olvido. Ignora a los cobardes.
Malnutre a los fenómenos de paso
malvendiendo sus pruebas de estar vivos.
Pensarse la vanguardia tiene un precio.
Y muchos lo tatúan en su ombligo.

m.trigo

enredadera


vendría a ser un poco lo de siempre, por más que usted precise, nunca es más de lo mismo, y me haga sonreír sólo con eso. estaría otra vez por empezarse el cuento si usted no echa a correr en dirección contraria. acá se afinan lápices, se compran los cuadernos, se le advierte.

el jardín es más verde, las intenciones otras, renovadas, el impulso es el mismo. las ganas de plantarle en medio de mi vida como un árbol en vías de extinción. por el placer secreto de mirarlo crecer tras cada lluvia, de sentarme a su sombra, de arañar su corteza con mi nombre como nena del todo insportable.


**

no entendería nunca ese deseo
de comprarle camisas
como a otros chocolate,
helados, libros, mapas.
ni tampoco los versos de aeropuerto,
los besos suspendidos, cancelados.
o los nervios, la prisa, las razones
para negar la santa trinidad
que a ratos parecía siendo tantos,
doblando toda esquina inesperada,
omnipresente ahora. qué explicarle.

**

no existe el no entenderse.
será entonces torpeza sólo mía.
me perdí muchas clases
de exacta puntería.

tiendo a desconocerme,
a explicar los detalles,
a probar tu paciencia
con recursos legales.

y así estamos. nos va.
sin comprender ni cómo.
raramente.

**

nunca es abuso si no hace mal. pero hace rato ya que viene siendo un círculo vicioso. ida y vuelta a ese centro abandonado. una sala de espera de aeropuerto de donde no nos vamos. hay tormenta y café. y varios libros nuevos con un nombre entrelíneas. a vos no se te duerme la sonrisa. y yo no sé qué hacer. cómo sentarme.

**

El idioma que usan todos

Es el título de uno de los poemarios de Ignacio Molina editados por Pánico el Pánico, editorial ya recomendada. Insistimos. Reincidimos.

¿Qué causas y azares nos llevan a los libros? La respuesta es infinita. Hay lecturas recomendadas que forman parte indiscutible de nuestra biografía. Libros que marcan un antes y un después. O un continuará. Asomarse a estos poemas de Molina es un continuará. Nos quedamos con ganas de más.

Confirmamos de golpe que cierta "afinidad virtual" es también textual. Qué extraños y poderosos son esos vínculos de libre asociación online que armamos con poquísimos referentes.

Leer hace unos días esta nota del autor: http://www.clarin.com/sociedad/hijo-llego-empezaba-separar-mama_0_854314719.html

y encontrarse con El idioma que usan todos, tuvo ayer el raro efecto de quien lee a / con alguien conocido. Será que cada vez somos más fragmentarios. Nuestras presencias en la web gozan de un carisma, un talante, un humor y una inmediatez difícil de asumir. Será eso. Algo así.

No conozco a Molina, pero ayer viajamos juntos en colectivo y me hizo sonreír más de una vez. Me arrancó una carcajada con este poema:

Un mundo mejor

Como un dirigente obstinado
de la izquierda revolucionaria
que se presenta a las elecciones
sólo para divulgar sus ideas,

yo te escribo mensajes de texto
sabiendo que no los vas a responder
pero declamando mi utopía
de que un mundo mejor es posible.

**

¿No es una tentación inmediata convertir esos versos en un mensaje de texto en sí?

¿Y quién, habiendo leído o no esa nota de prensa mencionada donde el autor une vida y obra hablando de su paternidad, no experimentaría su personalísimo flashback o inmediato flashforward, ante esta sutil medida del tiempo?

El futuro es nuestro

Todavía no se compusieron las canciones
que a mi hijo le recordarán su adolescencia.

**

El idioma que usan todos es un poemario vivo. Habitado. Tan íntimo y personal como sólo saben serlo esos hallazgos creativos que aciertan a hablarnos de emociones que todos experimentamos. También es una historia. Pero esa mejor la escriben ustedes cuando lo lean.


Otros títulos de Ignacio Molina: Los estantes vacíos (Entropía, 2006), En los márgenes (17 Grises, 2011), Viajemos en subte a China (Pánico el Pánico, 2009), Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010), Tribus urbanas (Kier, 2009).

Su blog: http://unidadfuncional.blogspot.com.ar/

Gracias a Nurit Kasztelan que nos abrió la puerta y nos lo hizo llegar.


http://libreriamicasa.wordpress.com/

http://www.panicoelpanico.com.ar/

Que no

Que no.

Que no era así, ni asá,
ni a su manera.

Que dejara de verlo en cada cosa,
de sentirle el adentro,
de quererlo tan cerca.
De inventarlo.

Que no anduviera más
a medianoche sola,
dejara de beber los vientos para,
durmiera nueve horas,
se cuidara del mar,
hiciera algo de dieta,
perdiera otro horizonte.

Que pensara otra cosa,
respirara profundo,
comiera chocolate,
tomara duchas frías.

Que no.
Que no era así, ni asá,
ni a su manera.

Que no todos servían.
Algunos nunca más,
otros se rompen,
o no saben llegar,
perdidos de antemano
en la costumbre.

Que quizá estaba bien
pero era poco,
sobraban los motivos,
estúpidas razones,
tatuajes,
y era mejor cuidarse,
dejar pasar el tiempo,
lavarse la cabeza,
descoserse.

Que no.
Que no era así, ni asá.
Ni a su manera.

Poesía en resistencia

Siempre pasa. Siempre nos llega el texto necesario para acompañar nuestra aventura cotidiana.

Acá toda una inspiración para el próximo evento del que seremos parte:

Y TE QUIERO EN PIJAMA
8 de marzo

Encuentro de escritores, lectores, editoriales independientes, músicos y actores, cálidamente recibidos por Espacio Café Müller. Coordinando el invento: Leticia Martín y Macarena Trigo.

Iremos informando de las novedades.

Hoy queremos compartir algunos fragmentos de este singular manifiesto del colectivo La Palabra itinerante y dedicárselo a todos los escritores y editores que nos hacen ser los lectores que somos. Gracias.




Una manera de mirar pájaros en vuelo: una aproximación a la poesía en resistencia.


Poesía en resistencia es un concepto escurridizo - voluntariamente escurridizo -, borroso, permanentemente en fuga, (pero) que tal vez pueda ser útil para agavillar las prácticas literarias y vitales de algunos autores y sensibilidades: numerosos poetas repartidos por todo el Estado, colectivos sociales y culturales, publicaciones... que parecen tantear similares búsquedas estéticas y sociales e investigaciones en los procesos de creación y difusión de la expresión artística.

Une a estos implicados: una conciencia de la responsabilidad y de la función social de los discursos estéticos y de quienes los fabrican; un compromiso decidido con la hondura, honestidad y alcances comunicativos (conscientes e inconscientes) de las prácticas estéticas, y sus búsquedas; una confianza en la utilidad de las palabras para hacer, para negar los tendenciosos discursos que hace imperar la Dominación, y construir así fisuras, posibilidades, dudas, indefiniciones que permitan la interrogación y la reflexión. (...) Les una asimismo la creación y/o participación en redes de trabajo, apoyo y colaboración para conjugar esfuerzos de pensamiento y acción y hacer más eficaces las propuestas aisladas, procurando la superación con ello de egoístas y estériles lógicas individualistas: huyen pues de la sacralización de la autoría, el solipsismo, la resignación y sus componendas - o las componendas y su resignación - , y otras formas de conservadurismo; les une también, creemos, la pretensión de centrar el protagonismo sobre la creación textual y no sobre su autor, y al mismo tiempo,la búsqueda de prácticas para accionar el texto, para ponerlo en juego y realizarlo socialmente, para conseguir el desarrollo máximo de sus potencialidades de revelación y alumbramiento. Esquivan por tanto los rancios rituales huecos y su cenicienta, aburrida, mortuoria impostura.

No es el objetivo de estos escritores obtener un hueco personal en el Espectáculo, un pequeño lugarcito de gloria en el informativo, en el cambalache del mercado y sus etiquetas. Por el contrario, su condición de personas dedicadas a la escritura les obliga a asumir con rigor ético y compromiso moral el difícil y conflictivo equilibrio entre la supervivencia económica y el rechazo del orden y lógicas institucionales y espectaculares, tratando de manetener en lo posible sin merma ni negociación sus objetivos y prácticas.

¿Cómo desarrollar proyectos de acción, difusión y realización de poesía en resistencia y hacerlas conciliar con unas estructuras sociales y culturales profundamente penetradas, contaminadas, por poderes y discursos desactivadores, paralizantes, pacificadores, vaciadores de sentido? El método más común entre los poetas de resistencia es el de la guerrilla: incursiones rápidas en territorio hostil para cubrir los objetivos, y luego regresar a terreno seguro. Como decía un músico de jazz: Llega, toca, lárgate. Se trata de usar el Espectáculo tratando de inyectar vida y negociaciones en el vaciado discurso que le es propio sin instalarse en su lógica. Se trata asimismo de buscar y encontrar lugares, y ocasiones, propicios para maniobrar. Más allá de la queja contra el mercado, más allá de la resignación, más allá de lamentar que el poder no ceda, no conceda, sus lugares y sus tiempos: multiplicar los frentes y las posibilidades, compartir y/o crear nuevos espacios, distintos espacios y tiempos, ajenos o periféricos a la Dominación, y recuperar aquellos que creemos/creen que nos han arrebatado. Se trata pues de inventar formas y actividades más allá de los rituales heredados (otras maneras de entender la publicación, la recitación, la pedagogía literaria...), y, en la confrontación con lo institucional, rechazar posturas de absoluta deserción - asumir la marginalidad es muchas veces callar - y por supuesto rechazar las de absoluta dependencia - que es casi siempre callar. (...)

Proponen estos autores acudir a la cita cotidiana con el mundo con la voluntad de distinguir, sentir, participar de la verdadera vida, la que emerge bajo simulacros y falsificaciones, y hacerlo colectivamente, compartidamente. Esto es ya una vivencia de la transformación social, un latido de otros mundos posibles. Practican pues un conflictivo y violento diálogo con/contra la capacidad devoradora de sentido y verdad que tienen las ideas y los nombres que sustituyen la experiencia y la materia, enmascarándolas.

El primer y más constante combate (además del ya citado, el que mantiene frente al lenguaje) que emprende el poeta en resistencia es el de sí mismo contra sí mismo, el de su propia transformación. Luego, esta lucha será materia para su expresión. Podrá así contarla, compartirla, tomar nota de las dificultades y dar fe de barreras y posibilidades, y hacerlo, como es su labor y ambición, levantando incendios en los matorrales del lenguaje. (Nietzsche). En poemas que persiguen intensidad emocional y comunicación verdadera. En poemas que combinan el arañazo al pensamiento y al corazón, esa punzada luminosa que tiembla en las entrañas, con el compromiso: el señalamiento y la denuncia de las heridas y opresiones de nuestro tiempo, provocando así, a partir de la palabra, un acto de cuestionamiento de la Realidad.

La poesía en resistencia es una búsqueda de la voz común del poema útil: esas pocas palabras que nos convocan y nos incluyen, y nos ayudan a vivir. Es, siguiendo a Agustín García Calvo, intentar dejar que la voz común hable de veras contra la Realidad, aunque sea a través de mi boca o de mis manos. Es tratar de vivir mereciendo nuestras ansias: vivir poéticamente, dejarse arrastrar por la aventura de lo que no está hecho, de lo que no se sabe. (...)

La poesía en resistencia está en permanente cuestionamiento, su conceptualización no es una etiqueta sino un marco borroso donde indagar, donde seguir buscando líneas de fuga, poentencialidades, nuevas acciones.

Poesía en resistencia no es un concepto que quiera solidificar magmas ni enjaular nombres o voces. Es, por el contrario, una pista donde aterrizar para armarse de combustible. Es una manera de señalar, con un vistazo, ciertos, múltiples vuelos.

Poesía en resistencia es una amalgama de inquietudes diversas que aprenden de sus diferencias, y que saben que lo que realmente importa es lo que los une, si esto es raíz y savia.

Poesía en resitencia es un proceso abierto, en construcción. Usted también puede ser un poeta en resitencia.

Queda mucho por hacer. ¿Quién quiere jugar a desnombrar y a nombrar de nuevo todo, preguntando de todo por qué? (...)

Queda seguir cuestionándonos sobre el lenguaje y el hecho creativo, sobre las violencias constantes y criminales que nos asolan y acechan, sobre el amor y el desamor, sobre el tiempo y su injusticia, sobre la belleza, sobre los frentes de lucha abiertos contra la opresión.

Queda seguir escribiendo por amor. Escribir para entender el mundo. Escribir para cambiarlo.


**

La Palabra Itinerante, colectivo de agitación y expresión.   en Once poéticas críticas, ed. Enrique Falcón, Centro de Documentación Crítica, Madrid, 2007. pp. 55-62.

En el mientras

Llega después
el amor,
la resaca,
el olvido,
la calma.

Antes todo es
deseo,
recuerdo,
el miedo,
la locura.

En el mientras
se busca,
se deshace,
se vive.

Palabras-valija

a L. Lutereau


Son lluvia repetida.
Tragos de beso largo.
Postales al País de los Hoteles.
Amor extranjerísimo.
Desvío. Contramano.

Saben guardar el tipo
en medio de una cena
donde cada cuchillo
corta bien,
pero quedan a veces
debajo de algún mueble
o en medio de una frase
acobardada.

Sirven, aciertan, saben,
apuntan, diseccionan.
Muerden, pican, sorprenden,
sacuden, saltan, pueden.

Cumplen lo que prometen.
Sientan bien.
Mejoran la nostalgia
entre semana.
Trascienden estaciones
y familias.
Y nos curan de espanto.
Y se sonríen.

Imposible del todo
retratarlas.


Por eso damos vueltas
como valija en cinta
de aeropuerto.
Algunas nunca vuelven.
Nos las roban. Se pierden.

m.trigo

César Aira. El olvido, la aventura, los recuerdos.

"Estas últimas semanas, ya desde antes de venir a París, he estado buscando un argumento para la novela que quiero escribir: una novela de aventuras, sucesiva, llena de prodigios e invenciones. Hasta ahora no se me ocurrió nada, fuera del título, que tengo desde hace años y al que me aferro con la obstinación del vacío: "La costurera y el viento". La heroína tiene que ser una costurera, en la época en que había costureras... y el viento su antagonista, ella sedentaria, él viajero, o al revés: el arte viajero, la turbulencia fija. Ella la aventura, él el hilo de las aventuras... Podría ser cualquier cosa, de hecho debería ser cualquier cosa, cualquier capricho, o todos, si empiezan a transformarse uno en otro... Por una vez, quiero permitirme todas las libertades, hasta las más improbables... Aunque lo más improbable, debo admitirlo, es que este programa funcione. A uno no lo arrastra el soplo de la imaginación sino cuando no se lo ha propuesto, o mejor: cuando se ha propuesto lo contrario. Y además, está la cuestión de encontrar un buen argumento.

Pues bien, anoche, esta mañana, al amanecer, medio dormido todavía, o más dormido de lo que creía, se me ocurrió un asunto, rico, complejo, inesperado. No todo, sólo el comienzo, pero era justo lo que necesitaba, lo que había estado esperando. El personaje era un hombre, lo que no constituía un obstáculo porque podía hacer de él el marido de la costurera... Sea como sea, cuando estuve despierto lo había olvidado. Sólo recordaba que lo había tenido, y que era bueno, y que ya no lo tenía. En esos casos no vale la pena exprimirse el cerebro, lo sé por experiencia, porque no vuelve nada, quizás porque no hay nada, nunca hubo nada, salvo la sensación perfectamente gratuita de que sí había... Con todo, el olvido no es completo; queda un pequeño resto vago, en el que me ilusiono que hay una punta de la que podría tirar y tirar... aunque entonces, para seguir con la metáfora, tirando de esa hebra terminaría borrando la figura del bordado y me quedaría entre los dedos un hilo blanco que no significaría nada. Se trata... A ver si puedo ponerlo en unas frases: Un hombre tiene una anticipación muy precisa y detallada de tres o cuatro hechos que ocurrirán encadenados en el futuro inmediato. No hechos que le pasarán a él sino a tres o cuatro vecinos, en el campo. Entra en un movimiento acelerado para hacer valer su información: la prisa es necesaria porque la eficacia del truco está en llegar a tiempo al punto en el que los hechos coincidan... Corre de una casa a otra como una bola de billar rebotando en la pampa... Hasta ahí llego. No veo más. En realidad lo que menos veo es el mérito novelesco de este asunto. Estoy seguro de que en el sueño esta agitación insensata venía envuelta en una mecánica precisa y admirable, pero ya no sé cuál era. La clave se ha borrado. ¿O es lo que debo poner yo, con mi trabajo deliberado? Si es así, el sueño no tiene la menor utilidad y me deja tan desprovisto como antes, o más. Pero me resisto a renunciar a él, y en esa resistencia se me ocurre que hay otra cosa que podría rescatar de las ruinas del olvido, y es precisamente el olvido.

Apoderarse del olvido es poco más que un gesto, pero sería un gesto consecuente con mi teoría de la literatura, al menos con mi desprecio por la memoria como instrumento del escritor. El olvido es más rico, más libre, más poderoso... Y en la raíz de esta idea onírica debió de haber algo de eso, porque esas profecías en serie, tan sospechosas, desprovistas de contenido como están, parecen ir a parar todas a un vértice de disolución, de olvido, de realidad pura. Un olvido múltiple, impersonal. Debo anotar entre paréntesis que la clase de olvido que borra los sueños es muy especial, y muy adecuada para mis fines, poruqe se basa en la duda sobre la existencia real de lo que deberíamos estar recordando; supongo que en la mayoría de los casos, si no es en todos, sólo creemos olvidado algo que en realidad no pasó. Nos hemos olvidado de nada. El olvido es una sensación pura.

El olvido se vuelve una sensación pura. Deja caer el objeto, como en una desaparición. Es toda nuestra vida, ese objeto del pasado, la que cae entonces, en los remolinos antigravitatorios de la aventura.

En mi vida ha habido poca aventura. Ninguna, de hecho. No recuerdo ninguna. Y no creo que sea casualidad, como cuando uno piensa y adiverte con sorpresa que en lo que va del año no ha visto un solo enano. Mi vida debe de tener la forma de esta falta de aventuras, lo que es lamentable porque serían una buena fuente de inspiración. Pero yo me lo he buscado, y en el futuro lo haré deliberado. Hace unos días, antes de partir, reflexionando, llegué a la conclusión de que no volveré a viajar nunca más. No saldré a la busca de la aventura. (...) Si ahora escribo, en los cafés de París, La costurera y el viento, como me he propuesto, es para acelerar el proceso. ¿Qué proceso? Uno que no tiene nombre, ni forma, ni contenido. Ni resultados. Si me ayuda a sobrevivir, lo hará como habría podido hacerlo un pequeño enigma, una adivinanza. Creo que siempre debe quedar ese extraviado punto intrigante para que un proceso se sostenga en el tiempo. (...)

Uno puede llegar a creer que tiene otra vida, además de la suya, y lógicamente cree que la tiene en otro lado, esperándolo. Pero le bastaría hacer la prueba una sola vez para comprobar que no es así. Un sólo viaje basta (yo hice dos). Hay una sola vida, y está en su lugar. Y sin embargo, algo tiene que haber pasado. Si he escrito ha sido para interponer olvido entre mi vida y yo. Ahí tuve éxito. Cuando aparece un recuerdo, no trae nada, sólo la combinatoria de sí mismo con sus restos negativos. Y el torbellino. Y yo. (...) No tuve una vida aventurera para no cargarme de recuerdos.

"... Quizá sea un punto de vista exclusivamente personal, pero experimento una irreprimible desconfianza si oigo decir que la imaginación se hará cargo de todo.

La imaginación, esta facultad maravillosa, no hace, si se la deja sin control, nada más que apoyarse en la memoria.

La memoria hace subir a la luz cosas sentidas, oídas o vistas, un poco como en los rumiantes vuelve un bolo de hierba. Puede estar masticado, pero no está digerido ni transformado". (Boulez).

César Aira
  La costurera y el viento, Beatriz Viterbo ed. Rosario, 1994.