Texto con vos, la práctica





Cámara y edición: Lucas García. 

Acá un clip de las cinco horas compartidas el pasado 3 de diciembre en Una obra, un artista.
Cinco horas de escritura improvisada jugando a construir una voz en off tan posible como caprichosa.

Gracias a todos una vez más.
m.trigo

Perderse en los regresos

en cada tren de más,
cada aeropuerto en tránsito,
cada larga distancia
invocando recuerdo
amortajado
que ahora es sí
pero no,
ahora es ya
pero entonces.

Saberse de antemano
en catapulta ajena
a las leyes de fuerza
y gravedad.

A punto de hacer
flashback.

Tan noche americana
como todas,
tan niebla a medianoche
porque usted. 

Texto con vos

Acá algunos recortes de lo que fue Texto con vos ayer en Una obra, un artista.

 Gracias a todos los que colaboraron, los que vinieron a ver qué era, los lectores improvisados y los que acompañaron desde lejos.

**


¿Y qué vas a escribir? Esa era la pregunta de estos días. Tengo un secreto. Y varios subgéneros propios que puedo practicar de forma desmedida. No es gran literatura pero son temas. Recurrentes. Posibles. (...)

La escritura como evento público. ¿Por qué pensar que uno escribe como reza? Perdón, ya sé. Quién reza. Bueno, que uno/ una escribe a solas, de noche y después de una visita de qué musos. No. La verdad es que no. Yo escribo cuando puedo. Puedo bastante, sí. Tengo esa suerte. Y supongo que por eso este ejercicio, esta práctica de hoy, no me asustaba mucho. Ahora no sé. Estoy acá. No es susto. Es una especie de desafío. Conmigo misma. Sin reglas, por otra parte.

Entonces bastante absurdo, sí. Bueno, yo hago estas cosas. Practico deportes olímpicos que nadie más conoce. Querer en aeropuertos, por ejemplo. Son cosas que preciso cada tanto. En concreto, eso de los aeropuertos, es algo que conviene practicar antes de subirse a los aviones. Por las dudas. Decir te quiero a alguien. Ya lo dije algún día. Lo escribí por ahí. (...)

Qué traje hoy. No mucho.
Varios libros de poemas.
A todo pasado. De Use Lahoz. Escritor amigo de un amigo. 
Dice cosas como estas:

Ayer

Parece que fue ayer
cuando todo

parece
tanto
que no

que era, fue, sólo, eso,

nada

cuánto queda
cómo dura
rotundamente duele
este escaso amor
que se diluye
como quien lo escribe

dudando.
dudando.

Lahoz llegó a mis manos en Valladolid. En casa de Raquel y Javi. Dueños de una de las mejores bibliotecas en las que tuve la suerte de pasar unos días. Empecé a leerlo y me gustó mucho. Me gustó antes de saber que era amigo de Tito. Algunos amigos son como cartas de recomendación. Es para tenerlo en cuenta eso.

**

“La chica escribe”, dicen al pasar.
Eso.

“Escribe”.

En realidad no. La chica, pobre, está acumulando palabra tras palabra. Arma un paredón de palabras que quizá alguien lea allá afuera, por un momento, cuando pase. Pero quizá no. 

La totalidad de esto no sé si hay paciencia que lo aguante después de todo. (...) 





Cuando comencé a pensar en esta idea, en este día, en realidad creo que fue sólo por darle un nuevo marco a esta práctica literaria dirigida a un lector tan fiel como ausente. Siempre se escribe para alguien. No necesariamente con nombre y apellido, no. Ese lector va cambiando y con el paso del tiempo termina por ser ese “lector ideal” que la teoría literaria nos ofrece. Un cuento chino el lector ideal. Un cuento tan tonto como todos los otros. ¿Quién encarnará a esa supuesta persona capaz de articular todas las posibles expectativas del escritor? Lo dije muchas veces. No se puede creer en los príncipes azules, mucho menos en el lector ideal. Sobre todo si se entiende la literatura como un ejercicio de supervivencia. Como una lucha con el infierno propio. Cuando eso pasa es difícil que venga un lector a rescatarnos. (...)

Gracias por la compañía.

Estamos llenos de anécdotas rarísimas. Y esta, supongo, quedará así:

“¿Te acordás de la gallega loca que un día se puso a escribir en una vidriera de Palermo?”. Y bue. (...)

 “Qué suerte que no tiene faltas de ortografía”, dicen. (...)

Después de todas las cartas, los diarios de avión, los regalos absurdos y tanta mar en coche, qué mareo, una sigue pensando qué más podría hacerse. Cómo llegar ahí. Al cuarto oscuro. Qué podría decir, qué palabra precisa abriría esa puerta. Cueva de Alí Babá. Cuento tan largo. Ahora. Cuál sería el hechizo que vendría a romperse si logro la palabra. El adjetivo. Imposible. Nada de esto. Ninguna de estas líneas. Ya lo sé. Ninguna te convoca como debe. No importa. No es por eso que sucede. Simplemente nos llegan. Como decía aquel. Él de sus cuadros, “siguen llegando”. Bueno. Un poco es así ahora. Los poemas. Más de los merecidos. Más de los convenientes. Del todo innecesarios. Quién los cuenta, dirás. No cambia nada. Sé que no los conservas como si fueran copias de cuadros ejemplares. No es la idea. Sé que no editarás obscenidades cuando ya no esté acá y vos los sientas tuyos y entonces los poemas sean como zapatos o relojes de herencia. Algo que nadie más se atrevería a usar, a abrir, robarte. (...) 


Estás ahí. Pudiendo estar en cualquier otro lugar. Estás ahí. Como si desde siempre. Pero ahora. Y sólo por ahora. En un momento. Y no importa tampoco para qué. No es cosa de finales. No hay argumento largo. Y hace rato que huís del happy end. Entonces es así, será posible el lío, el enredo que quieras con tu nombre. Después de todo, nada, es una excusa. Y podría ser otra.
En las ventanas todas, el silencio de siempre.
Mañana no estarás.
Exactamente.
Y no habrá cien preguntas tendidas como ahora.
Mañana será un tango.

Aunque no llueva. (...)

Ok. Queda una hora. (...)

“- Es una instalación. En vivo. No habla con nadie. Está ahí. Improvisando”. (...)

La voz que se construye no es la mía. La distancia es prudencia. Y estoy prudente, sí. Y hasta diría amable. Y luego, esos paréntesis. Los momentos fugaces en los que te apareces y bueno, ahí sí, sos vos. Venís, llegás, leés. Y estás en todos ellos sin saberlo. Y no tenés idea. Como siempre.

La posibilidad de escribir para vos en cualquier parte. Dale. Convengamos que es rarísimo. Que es una de esas cosas del todo inesperadas y un tanto inconvenientes. Uno de esos regalos que no sabés muy bien dónde guardar. No te pega con nada. Y en el salón no entra. Y en esa caja rara tan llena ya de cosas y papeles, no creo que ahora entrara toda esta realidad tan paralela.

22.26 
Acá está F. V. cumpliendo la promesa anunciada de venir a rescatarme del castillo de cristal y palabras.

Nos queda un rato apenas. Un ratito. (...)

Si te quedás quietita mucho tiempo.
O al menos cinco horas.
Si lo pensás seguido y más despacio.
Si te escuchás pensarlo.

Al final, lo imposible, también llega.
No es un veredicto.

Es una impresión.
Afortunada.

**

m.trigo
fragmentos de texto improvisado escrito el 3/12/13 entre las 18 y las 23h en Lafinur 3248. 



Bibliotecaria, amor, bibliotecaria

I.

Ordenando los libros
pasan cosas. Suceden.
Se abren puertas y tumbas.
Se declaran tormentas
y precipitan juicios.
O pasiones.
Se lastiman los dedos
con una floritura
o un papel
con tu nombre,
caballo desbocado
perdido en este incendio
de palabra dormida.


II.

Detienen el orgullo
los relojes
en este extraño rato
donde la vida es esto:
una piedra francesa,
una tortuga china
entrometida ahora
entre rendijas,
queriendo ser el viento
que nos salve,
que desbarate el orden
alfabético
donde guardo tu nombre
junto a postal Degas.

Sin para qué.

m.trigo