Madrid. Su tan aquel.

Sabemos que alimenta su nostalgia en azares.
En fines de semana donde nos llega un tren
con cañas para todos
y almuerzos de terraza todavía.

Quién va a querer marcharse de Madrid.

Te anticipo señor del bar Gijón.
Personaje de Cela en La Colmena también sabrías ser.
El Retiro mediante te llena los bolsillos
de recuerdos de niñas bien besadas
y ardillas siempre en fuga.
Están todas las calles que terminan en vos.
Uno elige esas cosas como viste de verde
o sale a pasear peripatético
queriendo resolver o disociarse,
hacer planes, crecer.

A veces, cada tanto, se quiere estar allá.
Se quiere estar con vos a mitad de un Ribera
y obligarte a decir que no te mire así
ni mienta tanta cosa como invento.

Qué rara la certeza. Pesa poco y espanta.
Distorsiona a lo tonto me parece.
Prefiero el entrelíneas,
las licencias poéticas
que saben maquillarnos y nos hacen valientes
y nos llenan de ganas y pasajes de avión.

m.trigo