Resaca electoral

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando todos esperaban
que pasara lo mejor
después de un montón de años
de soportar maldición
de gaviotas como buitres
asolando la nación.

El Cid en su tumba andaba
revuelto de la emoción,
"qué buen vasallo sería
si tuviera buen señor".

Españolitos que vienen,
españolitos que son,
no dejen que haya una España
que les hiele el corazón. 
Sólo dios es uno y trino,
nosotros un mogollón,
más de cuarenta millones
alimentando a un dragón
al que nadie necesita
si no es para humillación.
Si los reyes despertaran
de su tonta condición
y no vivieran del cuento
ya sería otra canción,
pero todas sus princesas,
infantes y desatinos
no valen ni una moneda
de todos nuestros vecinos.

En un viejo país ineficiente,
añusgado de angustias,
temores, mala baba,
el pueblo tomó aliento,
jugó a la democracia,
ganó plazas y tiempo
esta España en dudas,
esta España cierta,
que ahora se despierta
de su santa siesta. 

Quiera un dios cualquiera
que nos quiera un poco,
regalarnos ganas
de escribir historia
con mejor memoria
y ahorrarnos ladrones
ahora que la casa
quedó sin doblones.

Camisa blanca de la esperanza,
aquí nos tienes, nadie nos manda,
quererte tanto, nos cuesta nada,
ojalá sirva, ojalá valga,
dejarte en manos de los hoy ganan.

m.trigo

Sentido

"El sentido es la porción de la experiencia que no puede ser nombrada, que no existe palabra para nombrar, por ende, no se puede comprender sino percibir. Y está enfáticamente ligada con la resonancia. El sentido es la pantalla en blanco donde se proyecta la película de nuestra existencia. Es un fondo necesario para que se apoye la construcción del mundo que hacemos, pero ese fondo debe permanecer invisible porque si no, no podría facilitar la vida. (...)

Cuando vemos que todo lo conocido no es más que una construcción, una ficción y que el mundo es inabarcable e inexplicable, estamos percibiendo el sentido.

Un objeto creado está vivo cuando genera sentido, es decir, cuando produce un chispazo de lo innombrable. Pero cuando ese objeto es capaz de semejante prodigio, lo que resuena no es un sentido ficcional, sino es que el mismo que en nuestra propia existencia".

Matías Feldman.

"El enredo del discurso realista", Detrás de escena, ed. Excursiones, Buenos Aires, 2015. 

Capitán




Cuando algo no gusta, la obviedad de los motivos se desmiga sola. Cuando algo te entusiasma resulta extraño detenerse en el análisis de los ingredientes de esa felicidad. No sabés por dónde empezar. Sobre todo cuando se ha escrito mucho y bien al respecto. No haremos hoy memoria sobre el trabajo continuado de Jakob y Mendilaharzu en el teatro independiente de los últimos años. 

Por fin hay una web donde encontrarlos: www.jakob-mendilaharzu.com

Ahí están resumidos para quien aún no los conozca. Una foto de su más tierna infancia nos cuenta que su dupla nació con premeditación y alevosía. Se conocen desde siempre. Quizá esa sea la clave de que en sus obras no haya lugar para ese azar que a menudo desordena las creaciones compartidas. No tenemos en claro cómo escriben, cómo conciben diálogos tan precisos, cómo logran apuntalar su adjetivación o hilan esas parrafadas donde todo es derroche de humor inteligente. Logran que sus personajes hablen como deben porque ya desde el texto son. Y por si con eso no alcanzara, no dudan en trabajar sobre el acento de la palabra o el ritmo de la frase. Esas sutilezas que mayormente descansan en la mucha o poca pericia de los actores, ellos las persiguen hasta marcarlas. Tenemos el privilegio de esta información porque asistimos a un ensayo de Capitán antes de su estreno y algo se comentó esa noche inolvidable. Ojalá algún valiente algún día se mande a reflexionar por escrito sobre los mil y un placeres del ensayo teatral. Esa instancia en la que la obra aún no es lo que terminará siendo. 

El ensayo que vimos una madrugada de domingo era una trinchera en primera línea de fuego. El elenco recibía asaltos de todos lados. Lo desafiaban la escenografía a prueba, los apagones, el ritmo loco de algunos párrafos, el humor, la gran expectativa en platea, los directores observando, corrigiendo y riéndose a carcajadas como si no llevaran más de un año transitando ese universo... Fue un ensayo conmovedor e inspirador. Nada como ver a grandes actores buscando desesperadamente el modo de mantener en pie a la criatura escénica que les ha tocado en suerte, para reconciliarse con muchas de las paradojas del rubro. Ayer volvimos para verlos en función. De nuevo, la platea llena, de nuevo, mucha expectativa y los directores ahí, entre su público. Un mes después de aquel ensayo la obra ya conquistó su territorio y comienza a expandirse como naturaleza orgánica. Crecerá y, a todas luces, para muchos será inolvidable.  

Capitán nació fruto del deseo del elenco de Tercer cuerpo - que celebró hace poco sus novecientas funciones - de iniciar un nuevo proyecto juntos. Un elenco en busca de director. Gran imagen. Los llamaron a ellos. La respuesta fue un rotundo sí del que todos nos beneficiamos ahora. 

Si en Los talentos fue la literatura y en La edad de oro, la música, hoy el universo abordado es el teatro. Lo hacen con el mismo entendimiento apasionado. Con conocimiento de causa y mucho amor. El modo en que el arte habita a los personajes de sus obras dándole sentido a una existencia vapuleada por el cotidiano es, sin duda, uno de los factores que alimenta nuestro entusiasmo por su trabajo. No se puede pedir más. Pero lo hay. Un texto de dramaturgia impecable, una sólida dirección de actores que nos recuerda, una vez más, el valor de la sutileza, y una puesta en escena sencilla y ágil donde el tiempo vuela. 

El argumento no se lo contamos. Cuanto antes la vean, antes podrán comentarla por ahí. 


Capitán

Actúan: Hernán Grinstein, Magdalena Grondona, Melisa Hermida, Laura Lértora, José María Marcos.
Voz en Off: Eugenia Alonso, Claudio Tolcachir.
Vestuario: María Emilia Tambutti.
Escenografía: Ariel Vaccaro.
Iluminación: Eduardo Pérez Winter.
Realización escenográfica: Ariel Vaccaro.
Edición de sonido: Rodrigo Sánchez Mariño.
Música: Gabriel Chwojnik.
Fotografía: Giampaolo Samá.
Diseño gráfico: Andrés Mendilaharzu.
Asistencia de dirección: Matías Labadens.
Prensa: Ezequiel Hara Duck.
Producción: Rocío Perez Silva, Maxime Seugé, Jonathan Zak.
Dramaturgia y dirección: Walter Jakob, Agustín Mendilaharzu.

Timbre 4
Boedo 640

viernes 23.30h
sábados 20.30h. 

Breve enumeración de hombrecitos impropios

Algunos hombres buenos
te hacen mala.
Otros no te complican
y se aburren.
Los hay con nombre falso
y mucho tiempo libre,
van a misa
y no beben café.
Algunos te cocinan.
Otros riegan.
Están los que ni a palos
te consuelan.

Todos se van silbando
en línea recta
a construir su puente
sobre el río Kwai.

m.trigo

Silvia Aguado










Actriz. Clown.
Docente y cineasta. 

web: www.unchapuzon.com.ar







¿Cómo te definís profesionalmente?

Actriz. Clown. Docente de ambas disciplinas. También me recibí de cineasta.

¿Sabés por qué te dedicás a esto?

Nunca me imaginé haciendo otra cosa. No puedo dejar de hacerlo. Me hace sentir viva, vital y útil. Colabora con mi salud.

¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?

Sin duda, más allá de las disciplinas troncales - obviamente actuación y clown, con muchos y distintos maestros-, las complementarias fueron determinantes. Para la voz me ayudó muchísimo trabajar con un fonoaudiólogo más de dos años. También, por supuesto, las clases de canto. Para el entrenamiento físico fue muy importante la acrobacia. Más allá de la acrobacia en sí misma y el trabajo corporal y de fuerza, me sirvió fundamentalmente el trabajo sobre la energía. El paralelo entre la acrobacia y la actuación: así como tengo que saber qué y cuánta energía necesito para empezar, desarrollar y finalizar un flic-flac, lo mismo sucede con una escena, o con un espectáculo. Trabajar conscientemente sobre la energía que debo disponer para trabajar fue determinante.

¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?

Que la manera es siempre trabajar, con pasión, con compromiso, sin pausa. Y en calma.

¿Y lo más hermoso?

Lo que se desea mucho y se trabaja para ello, se cumple.

¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?

Sin duda, el cine. Si bien he ido al teatro desde el año y medio de vida, tengo la sensación de que el cine me ha alimentado siempre la curiosidad y el deseo de hacer. Le digo “cine” pero podría decir “las imágenes”. Hacer la carrera de cine fue mi plan B. la hice para auto-darme trabajo como actriz, en caso de que nadie más lo hiciera. Por suerte sigue siendo mi plan B, porque vivo de mi plan A, que me hace más feliz. Pero los casi 6 años de haber estudiado cine, vinieron a complementar y a fomentar un trabajo sobre las imágenes que me cautivó. Cuando empecé a entrenar clown, mi payasa prácticamente no hablaba. Naturalmente trabajaba sobre la imagen. Generándola y compartiéndola. Imaginaba desde ese lugar. Si no tengo imágenes, no puedo jugar a nada.

¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?

A veces me duele cierta marginalidad impuesta sobre ciertos géneros teatrales del off. También me duele la falta de compromiso con el trabajo. Y la falta de respeto.

¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?

Para nada. He tomado decisiones. Porque he hecho elecciones. Como todo, tiene sus pros y sus contras. Pero no he sacrificado nada esencial.

¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?

Montón. La vida, la maternidad, la pareja, la familia, las clases, los espectáculos en los que actúo, los que dirijo. Fue un gran año para Rompiente, mi unipersonal de clown. Y además estuve dirigiendo.

¿Cuántos te esperan ahora?

Un montón también. Los de siempre y otros nuevos. Siempre tengo ganas de hacer cosas, siempre estoy haciendo. Me gusta trabajar.

¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?

Rompiente, mi unipersonal de clown. Una creación de Lila Monti, Agustín Flores Muñoz y mía. Con dirección de Agustín Flores Muñoz. Hicimos las primeras funciones en 2013. Estrenamos para la prensa y el público en 2014. Hicimos 3 temporadas hasta el momento.

¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?

De bueno, muchísimo. Aprendí toneladas. Del trabajo. De mí. De los demás. De los miembros del equipo -que son de lujo-. Del público. De la prensa. Del mundo. Fue absolutamente enriquecedor momento a momento. De malo, la cosa que tiene el unipersonal de estar sola para algunas cosas que tienen que ver con la producción o la organización. La parte administrativa, digamos, me rompe un poco las bolas. Pero es parte del trabajo. Y para mí, está bien que lo haga uno mismo. Es parte de los multi-roles que debes cumplir cuando llevas adelante tus proyectos.

¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Soy muy afortunada y no hay día que no agradezca eso. Vivo de mi plan A.

¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?

Como dije, con el cine. Con las imágenes sobre todo. La música me parece fundamental también. Y hay algo de la organicidad y sincronicidad de los cuerpos que me vuelve loca. La imagen en movimiento. Lo coreográfico, mas que la danza en sí. El movimiento.

¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?

Que sé yo que es absurdo y qué no. Este es un trabajo donde muchísimas veces trabajás gratis. O pagás para poder trabajar. Me resulta de lo más normal. Supongo que es absurdo. O no.

¿Hay algo que no volverías a hacer?

Ojalá no tenga que volver a trabajar en una oficina nunca.

¿Qué estás leyendo?

Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued y Distancia de rescate de Samanta Schweblin.

¿Qué autores recomendás siempre?

Los que me cambiaron la vida. Bergman, Dalí, Victoria Ocampo, Borges, Cortázar, son los primeros que me vienen a la mente.

¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?

¡Muchas! Y todas muy distintas. Chaplin y Los Hermanos Marx puedo verlos hasta el cansancio. Almodóvar y Woody Allen, también. Bergman. Las primeras de Scorsesse. Truffaut.
La Celebración, Rashomon, Pulp Fiction, Jean de Florette, Manon de Manantial, Matrix 1, Totoro, Miles, miles.

¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?

Dalí, Pina Bausch, Chaplin, Björk, Meryl Streep, Susan Sarandon, Meliés, Mariano Llinás y muchísimos más.

¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?

Pasión, compromiso absoluto con el trabajo profesional, respeto y salud en los vínculos. Son cosas imprescindibles.

¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?

A mis maestros y colegas, con los que nos formamos. Y a los alumnos o ex alumnos. Me gusta seguir siendo testigo de sus caminos.

¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?

Rotundo: Con Mariano Saba. Mi amor y compañero de vida. La persona más trabajadora que conozco. Hablamos de trabajo, nos pedimos consejo, asesoramiento. Compartimos, en lo laboral, el respaldo por sobre todo.

¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?

Sí. Al INT y a Proteatro.

¿Por qué?

Porque me parece que está bien que el Estado se ocupe de fomentar con subsidios la producción escénica. Y también me parece bien que el artista mismo no tenga que pagar la totalidad de un espectáculo para poder trabajar.

¿Por qué vivís en Buenos Aires?

Porque es donde están los trabajos que me gustan y me permiten vivir de lo que amo. Es donde viven mis seres queridos. Se conjugan ambas cosas. Hay muchas de las cosas que quiero para criar y crecer con mi familia. Me gustan muchas cosas de acá.

¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?

Hubo algún viaje a Córdoba hace muchos años, justo entre que renuncié a la productora de televisión donde trabajaba y empezaba a dar clases. Hace 11 o 12 años. Me acuerdo de sentir esa libertad. Saber que volvería a casa para hacer algo que me gustaba. Tengo el recuerdo de disfrutar de esos atardeceres y cargarme de energía porque sabía que me esperaba en casa algo que me hacía muy feliz.

¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?

Cuando tengo una –o varias- imágenes potentes en la cabeza/corazón/mente/imaginario, dando vueltas.

¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?

Todas las cosas que hice como actriz, como clown, como cineasta, nacieron de alguna imagen que me empezaba a asomar. Que me inquietaba, me daba curiosidad. Volvía a esa imagen una y otra vez. Con colores, olores, sensaciones. Cuando aparece ese tiempo de imágenes tan potentes, tan pregnantes, empiezo a sentir que tengo algo que contar. O algo para compartir. Y en cuanto eso va afirmándose, sé que ahí está el trabajo.

¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?

Pendientes, no sé. No veo algo pendiente. Tengo ganas de dirigir. Tengo ganas de que Rompiente siga creciendo con las funciones. Pero también tengo ganas de trabajar en escena con otros, de trabajar como actriz, de actuar en cine. Bueno, siempre tengo ganas de trabajar.

¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?

Sí. Exactamente lo que quiero para mí.

¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?

Que lo que me gusta no me permita vivir de ello. O que lo que me permite vivir ya no me guste. Ojalá no sucedan ninguna de las dos cosas.

¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  

A veces pienso en trabajo, o sea que también trabajo. Leo, miro series, paveo, cocino, miro a mi hijo embelesada, cuido mis plantas, disfruto de mi familia y de mi casa.

¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

Uf, no sé. Hay cosas que puedo hacer bien, pero muchas de ellas no me gustan para nada. Si no actuara y diera clases, me parece que me gustaría escribir e ilustrar cuentos para niños. Sí. Eso.

Pasión por la ficción

"Esta pasión por la ficción que hay en Buenos Aires es difícil de conseguir en cualquier otro lugar", afirmaba rotundo Bernardo Cappa en la presentación del libro Detrás de Escena que la editorial Excursiones realizó en el MALBA el miércoles. Fue un encuentro interesante, inspirador y más que entretenido, con varios autores de los catorce ensayos que componen el título. Diciendo esto quiero decir que estuvo lejos de ser una de tantas presentaciones protocolarias, predecibles y aburridas. Hubo suerte. Una vez más, quizá por esa pasión por la ficción que mencionaba Cappa, resultó que el teatro porteño, aun como tema, es capaz de calentar corazones y cabezas. Juan Pablo Gómez, animador inmoderado de la mesa, comenzó celebrando la oportunidad de escuchar/leer la voz de los artistas dedicados al quehacer teatral, ya que normalmente esa palabra queda "secuestrada por la prensa, los críticos" y el superpoblado alrededor al que tantas veces se le otorga la primera y la última palabra.

He aquí algunas de las reflexiones compartidas. Sólo algunas. Y vayan por delante mis disculpas ante la probable inexactitud de las citas. Las rescato hoy de mis garabatos en la agenda del museo.

"Un editor es un lector caprichoso que inventa los libros que quiere leer". Nurtiz Kasztelan.

Kasztelan y Sol Echevarría pergeñaron el proyecto de este libro. Afirmaba con feliz conocimiento de causa.

"La vanguardia está en el cuerpo del actor". "La precariedad generó poética y lenguaje".
Bernardo Cappa.

"Tengo un deseo muy brutal de poder tomar "la casa de los abuelos". (Léase, Teatro San Martín). Matías Feldman. 

"Es imposible caracterizar el ambiente teatral de hoy día en Buenos Aires. (...)
En el debate de cuánto tiene de bueno o de malo la precarización, yo siempre ocupo el raro lugar del optimista. (...) No sé cuál sería ese gran funcionario, ese gran genio regulador de la actividad teatral que algunos parecen esperar". Agustín Mendilaharzu.

"El pacto es la terquedad. Vamos a hacer otra obra, vamos. Y otra. Y otra".
"El pacto es que cada obra sea muy distinta a la anterior y que cada una deba actuar algo muy distinto a lo anterior también".
"Todo se puede, todo es discutido. Eso también es el pacto".
Piel de Lava. 

"No creo que haya lugar para todos en el teatro. No lo hay. Las personas se hacen lugar".
"Este es "el cuatrimestre de clown", yo tengo a algunos que los llamo así".
Maruja Bustamante. 

"Ningún ambiente artístico en el mundo es los Pitufos".
"Con toda su suciedad y desprolijidad, el teatro tiene unos mecanismos mucho mejor regulados que otros ambientes".
"En última instancia lo que nos legitima es hacer una buena obra".
"Tenemos una delicada suerte los que estamos acá".
Agustín Mendilaharzu.

"Nosotros no somos los nuevos, ya fue. Lo nuevo se debe estar gestando ahí fuera. Esto también nos debe dar bronca".
"Hago lo que me da la gana en la medida que puedo".
"Son estos años, no sé hasta cuándo va. Tengo que hacer lo que me de la gana".
"Pendemos de un hilo, tenemos fecha de vencimiento".
"Yo también tengo mi propia bronca, una bronca que parece que no le importa a nadie. Es mía. También con eso hago teatro".
"No sé, para cuando nos queramos acordar ya estamos muertos".
Alberto Ajaka. 

"El fenómeno del teatro independiente lo estudian, vienen de Europa, tratan de reproducirlo en otro lado y no les sale. No les sale porque las condiciones de su ecosistema son otras, no sale".
Agustín Mendilaharzu. 

"Podemos vernos como una figura melancólica porque seguimos haciendo cosas sin dinero y pese a que no nos llamen, o vernos como héroes porque seguimos haciendo cosas sin dinero y pese a que no nos llamen". Mariana Obersztern.

"Deberíamos tomar el San Martín. Así como hicimos un teatro independiente enorme, deberíamos poder canalizar toda esa energía en convencer al Estado de que se haga cargo de ese producto único en el mundo". Matías Feldman. 

**

Unas pocas perlas descontextualizadas que no hacen justicia a lo que sucedió.

Me fui pensando que nos haría muy bien encontrarnos una vez al mes, una vez cada tanto... Una vez. Encontrarnos en una suerte de asamblea donde nos escuchemos más seguido. Sin pretender convencer al otro. Escuchando nomás. Qué nos pasó, por qué hacemos esto, por qué elegimos hacerlo, hasta cuándo podremos con ello, cómo se sostiene un ideal en ese horizonte mentiroso mientras la vida nos atropella y se nos pasa.

Salí del MALBA sientiéndome menos sola en este epicentro de terremotos ficcionales que es Buenos Aires. Quizá fue eso lo que Borges pispeó en su "Aleph", ese maremágnun de (im)posibles relatos nos hace caminar por sus calles deseando ser una voz en off digna de Mariano Llinás.

Busquen y lean Detrás de escena.
Ed. Excursiones.
Muchos y capos autores.

Natalia Gauna



Periodista. Actriz. 

Miembro del colectivo literario Las Claudias
Redactora en Revista Tónica, Much Music y HTV
Milena Caserola publicará su primera novela













¿Cómo te definís profesionalmente? 

Apasionada y emprendedora. Por suerte, en mi profesión no tengo miedo a equivocarme y arriesgarlo todo. Paradójicamente, en todo lo demás soy temerosa.

¿Sabés por qué te dedicás a esto?

Me gusta pensar -sin ser original- que no podría dedicarme a otra cosa. Me enorgullece saber que siempre supe cuál era mi camino. El arte en todas sus expresiones me interesaron desde chica -siempre leyendo, escuchando música, actuando-. Mi mundo estaba ahí.

¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?

El teatro, la literatura y el periodismo.

¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?

La utilidad es un término complejo en el arte y más si se agrega a éste el trabajo. No lo sé. Supongo que la valentía y el coraje para enfrentarse a lo desconocido y a un camino que siempre es incierto e inestable. Trabajar en el mundo de las sensaciones, de lo expresivo, siempre tiene una alta cuota de azar y no todas las personas están preparadas para eso. En ese sentido, me siento una privilegiada, una turbulenta y fluctuante privilegiada.

¿Y lo más hermoso?

La sorpresa permanente y la convicción de que esa sorpresa no la cambio por nada del mundo.

¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?

El teatro, la música y la literatura. El periodismo y las ciencias de la comunicación llegaron para encauzar un poco esas influencias. Ponerlas en orden.

¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?

Fracasar. Y como el fracaso es relativo a cada uno, me veo obligada a aclarar que he fracasado cuando no me animé a hacer algo. No ir a un casting por miedo a no quedar o no presentarme a un concurso, etc. Por suerte, pasó. 

¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?

Nada. De no haberme dedicado a esto creo que habría sacrificado todo lo que soy.

¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?

Muchos. Me cuesta enumerarlos pero seguro superan los seis, siete.

¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?

No todos pero la mayoría. Fue un buen año.

¿Cuántos te esperan ahora?

Muchos que siguen en proceso y otros nuevos. Me cuesta contarlos.

¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?

A mi primera novela.

¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?

Bueno, la sorpresa de escribir una novela. Malo, obligarme a ser paciente.

¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Vivo de mucho de lo que amo pero no fue siempre así. Tuve muchos trabajos de mierda para poder pagar las cuentas. Éste es un momento único. Espero que dure.

¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?

Dedicarme al arte es casi absurdo. Un feliz absurdo.

¿Qué estás leyendo?

Leo varios libros a la vez. Ahora, Las Tipas de Cristina Civale, El alma de Gardel de Mario Levrero y releo El Pasado de Alan Pauls.

¿Qué autores recomendás siempre?

Shakeaspeare, Levrero, Hemingway, Brecht, García Lorca, Woolf, Lispector, Pizarnik, Ocampo, Beckett. Es infinita esta lista. Seguro olvido muchos.

¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?

Todas las hollywoodenses pochocleras. Y si son románticas más. Un lugar llamado Nothing Hill, Love Actually y Mujer Bonita, son claros ejemplos. No me da vergüenza decirlo y aceptar mi banalidad.

¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?

Bertolt Brecht y Pina Bausch. No sé porqué pero elijo mencionar sólo a estos dos.

¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?

Pasión por lo que sea que haga.

¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?

Creo que hay que seguirlos de cerca a todos. A los que admiras y a los que te parecen desastrosos. Quizás a estos últimos más para asegurarte de no parecerte nunca.

¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?

Hablo con todo el que quiera escucharme. Pido consejos a muchos amigos, ya tengan que ver con lo que hago o no.

¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?

Ahora no. Pero sí he pedido a Proteatro, INT y al Fondo Nacional de las Artes.

¿Por qué?

Si existe la posibilidad de que el Estado o cualquier otro organismo ayude a financiar algo tan difícil como el arte y la cultura hay que aprovecharlo.

¿Por qué vivís en Buenos Aires?

Elegí vivir acá. No nací en Buenos Aires pero sí decidí estudiar acá y finalmente, quedarme. Por lo menos, hasta ahora. Es una ciudad que disfruto.

¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?

No creo que haya llegado.

¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?

Cuando sueño con esa idea.

¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?

No. Ni idea.

¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?

Miles de cosas. En principio, la publicación de mi primera novela.

¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?

Sí. Variada pero constante.

¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?

Todo me preocupa. Soy temerosa. La soledad es una preocupación. Espero no convertirme en un ser solitario.

¿Qué hacés cuando no estás trabajando? 

Sigo disfrutando de otros placeres como dormir, comer ¿Se puede decir coger?

¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

No sé que estaría haciendo pero sí estaría siendo infeliz. 

Amor, qué porquería

Qué porquería, amor,
saberse de memoria
el final de los cuentos
y todas las películas,
comer sano y caliente,
vivir sin qué permiso
y perder la valija
de regreso.

Qué porquería, amor,
recordarse feliz
en la ignorancia,
tener fotos mejores,
no estarse quieto nunca
ni callado ni solo
por si acaso las moscas
jodieran otra vez.

Qué porquería, amor,
entender que debiera
quererte para siempre
y no tener paciencia
ni celos ni más ganas
de acordarme de vos
en todos los aviones
que no estrello.

m.trigo

Una habitación propia

"No es necesario apresurarse. No es necesario brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo".

"¿Cuál es el estado mental más propicio al acto de creación? (...) ¿Cuál era el estado mental de Shakespeare cuando escribió, por ejemplo, El rey Lear o Antonio y Cleopatra? Sin duda era el estado mental más favorable a la poesía en que jamás nadie se ha hallado. Pero el propio Shakespeare nunca dijo nada de su estado mental. (...) De hecho, el artista nunca dijo nada de su propio estado mental hasta el s. XVIII".

"Sería una lástima que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿cómo nos las arreglaríamos con uno sólo? (...) Ya nos parecemos demasiado, y si un explorador volviera con la noticia de otros sexos atisbando entre las ramas de los árboles bajo otros cielos, nada podría ser más útil a la humanidad".


Virginia Woolf
Una habitación propia