Mi hijo solo camina un poco más lento

Lo mejor que le puede pasar a una obra es que se instale en el boca en boca. Lo mejor que le puede pasar a una obra es que la recomienden. Lo mejor que le puede pasar a una obra es que la recomienden los compañeros. Lo mejor que le puede pasar a una obra es que sus entradas se agoten con meses de anticipación. Lo mejor que le puede pasar a una obra es tener un elenco que resulte de una organicidad tan explosiva como intimidante. Lo mejor que le puede pasar a una obra es que el público no quiera que termine. Lo mejor que le puede pasar a una obra es que apenas salís por la puerta del teatro, estés deseando volver. 

Todo eso y más pasa hace rato con Mi hijo solo camina un poco más lento, la obra del croata Ivor Martinic estrenada en Buenos Aires bajo la dirección de Guillermo Cacace en el marco del Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América a fines del año pasado. Desde entonces su dimensión de prodigio escénico corrió como reguero de pólvora. 

Recién la vivimos el pasado domingo. Elijo ese verbo porque decir "vi" Mi hijo... me suena paupérrimo. No se ve esta obra, se vive, se respira, se asume - cada quien como puede - , y pasa a formar parte de ese universo íntimo donde va a parar todo lo que nos transforma, todo lo que implica un antes y un después en nuestra experiencia con el arte. 

Esto lo sé ahora, claro. Perdón, rebobino hasta el domingo.

Gran expectativa rumbo a la sala Apacheta a las dos de la tarde, pensando que su elección de horario guerrillero - tienen funciones a las 11.30 también - , demuestra que todo parecido entre la realidad teatral porteña y cualquier otro lugar del mundo, es imposible. Lo confirmo al ver lista de espera, optimistas que confían en la reserva caída. Teniendo en cuenta los dos meses de antelación de la mía, es algo razonable. Con buena voluntad entran todos.  

Hay gente dando vueltas, son el elenco, sí, pero también, en principio, son un grupo de amigos que nos reciben con mate, café y chipá. En algún momento comienza la música y con ella la magia del teatro. Una vez más. Pero no es otra vez cualquiera, esta vez, el pacto ficcional se firmará con pasión renovada porque lo que ofrecen, arriesgan, entregan, buscan y logran, es tanto que, a medida que avanza la obra, te olvidás de vos para... ¿Creer entender algo nuevo de la vida? 

Mi hijo solo... no sería el fenómeno que es si solo fuera otra excelente obra del off. Lo es, una de las mejores que nos han regalado, una de las que reconcilian con el ámbito, sus paradojas, la vocación, su desempeño y la mar en coche. Pero no es solo eso. Es una obra que remueve los cimientos de la poca humanidad que aún anda suelta. Es el teatro reivindicando la poesía escénica para apelar a nuestra esencia metafísica, a nuestro origen y nuestro poco o mucho sentido como personas en este manicomio llamado mundo.

Mi hijo solo... es un texto infinito. Habla de todo lo que alguna vez nos importó, de lo que debiera importarnos para siempre: la memoria, la familia, el paso del tiempo, la juventud, el amor, el miedo, la soledad, la belleza, el abandono, la locura, la enfermedad... Y lo hace con humor, sencillez y sinceridad brutal.

La abuela reconoce estar inventando, "solo un poquito para sentirnos mejor". La madre afirma: "no estoy con vos para estar feliz sino para que lo de estar infeliz me sea más leve". El personaje de Sara, anticipa el final de un amor sin estrenar: "¡Sé cómo olvidarte! Sólo hay que caminar largo por los parques, respirar profundo, no pensar en vos, romper las fotos nuestras y entonces pasará el tiempo y estaré bien de nuevo". 

Certezas como esas iluminan nuestra desolación, nos cobijan recordándonos que sí, se puede, sí, se debe, hablar de lo que nos duele. Porque esa costura deshilachada de nuestra entraña que tanto nos abochorna, resulta ser idéntica a la de otros muchos. 

Mi hijo solo... está escrita por un croata nacido en 1984. Lo menciono preguntándome a qué características apelamos a la hora de definir la literatura de un país. Mi hijo solo... se estrenó en Zagreb en 2011. Podría transcurrir en casi cualquier lugar. Desde luego, su esencia, no puede ser más porteña. 

Cacace logró algo que va más allá de la adaptación del texto, su transducción al escenario es medular, al punto de poner en pie las didascalias dándoles cuerpo y voz en una suerte de narrador / apuntador que nos guía a nosotros, pero también a los actores, verbalizando silencios, miradas y acciones que adquieren una dimensión renovada. Nos invita a imaginar sobre lo que observamos, a sumarnos a la proyección de los actores. Nos deja crear con ellos y eso, qué duda cabe, es una de las decisiones más valientes y generosas de toda dirección: confiar en la experiencia y en la sensibilidad del público. 

En estos días del FIBA, donde la obra está programada, cabe mencionar que este es uno de esos trabajos que dejan atónitos a los europeos de visita: la puesta en escena no puede ser más sintética (y económica) ni el elenco más espectacular. Las actrices están bendecidas con textos complejos que habitan con propuestas personalísimas y los actores equilibran sus brutales verborragias con presencias rotundas y sencillas, generando una armonía que siempre está a punto de romperse. De hecho, se rompe. Porque Mi hijo solo... es como la vida misma. Y en la vida las cosas y las personas se rompen muchas veces. Pero los pedazos se juntan y la historia sigue. Las historias, como la vida, no terminan. Y Mi hijo solo... tampoco lo hace. 

Hay mucho, muchísimo que decir sobre el cierre de esta obra pero, hasta que todos la hayamos visto, sería una desfachatez escribir sobre ello. No dejen que les anticipen nada. Tengan esta experiencia. Dejen que el mundo sea algo más que el espanto al que nos tiene acostumbrados. 


Mi hijo solo camina un poco más lento

Dramaturgia: Ivor Martinić.
Traducción: Nikolina Zidek. 
Actúan: Aldo Alessandrini, Antonio Bax, Luis Blanco, Elsa Bloise, Paula Fernandez Mbarak, Pilar Boyle, Clarisa Korovsky, Romina Padoan, Juan Andrés Romanazzi, Gonzalo San Millan, Juan Tupac Soler.
Vestuario y escenografía:  Alberto Albelda.
Diseño de luces: David Seldes.
Asistencia de dirección: Julieta Abriola, Juan Andrés Romanazzi.
Prensa: Carolina Alfonso.
Arreglos musicales: Francisco Casares.
Dirección: Guillermo Cacace

Apacheta Sala Estudio
Pasco 623 

Sábados y domingos, 11.30 y 14.30

"La poesía y los imbéciles", A. Pellegrini.

"La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.
Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.
Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. En ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada “poesía oficial”, poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.
La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.
Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.
La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.
La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles".

La poesía y los imbéciles
Revista Poesía, Nº 9, Buenos Aires, 1961


Aldo Pellegrini

Como archivo de médico

Hacía frío y me importó un carajo. Abrí igual la ventana. La de siempre, la mía, la que alquilo, la ventana desde la que imagino tirarme varias veces por semana, o por mes, según el ritmo de mi ciclotimia. Hacía frío y me importó un carajo porque era miércoles y ya estaba cansada de esperar señales  de que existo, de que hay vida inteligente en mi interior, de que mi corazón no es otro órgano de iglesia. Hacía frío y me importó un carajo porque siempre alardeo de morirme de golpe, en lo posible pronto, ya no joven. Quizá nunca fui joven todavía. Eso es algo que vos, tu pragmatismo sueco, no aceptará jamás. A veces imagino tu cabeza como archivo de médico alemán. Repleto de cajones ordenados en idioma imposible para mí. Yo debo estar ahí. Al fondo, en una esquina. Sepultada por casos mucho más importantes. Hacía frío y me importó un carajo porque tenía un libro repleto de poemas que no eran sobre vos. Un libro que llegó para ir a consolarme, justo ahora, de este tiro en el medio de la frente que anoche recibí con tu mensaje, con ese escueto que me ayudó a llorar porque tocaba.

m.trigo

Luciana Ravazzani





Psicoanalista. Poeta. 


¿Cómo te definís profesionalmente?
Profesionalmente me defino como psicoanalista porque nunca encaré el oficio de poeta como una profesión, es algo que nace muy adentro y que no podría sino más que ejercer.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Me dedico a escribir porque no concibo la posibilidad de no hacerlo. Cuando leí las cartas que Rilke le escribe a un joven poeta, noté que le sugería que si él consideraba que podía vivir sin escribir, entonces que no escribiera. Yo sé que mi vida está amorosamente encadenada a la poesía.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
La asignatura de Lengua de cuarto grado dictada por una maestra holgazana que no hacía otra cosa más que ponernos a escribir composiciones (gracias a eso, descubrí el placer que me proporcionaba), un taller literario que realicé desde los doce a los diecisiete años, los libros que fui leyendo durante toda mi vida y el psicoanálisis que cuando habla de amor dice las cosas más hermosas.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que si lo que duele se escribe, duele entonces mucho menos.
¿Y lo más hermoso?
Lo más hermoso para mí es la escritura misma (también así la lectura).
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Las fuentes e influencias creativas están siempre en lo cotidiano, en lo de todos los días. Reconozco que me cuesta la creatividad sin una base en los sucesos reales de mi vida.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Lo que más me duele es no poder dedicarme enteramente a ella, pero de todos modos, es prioridad aún sabiendo que no es una fuente de ingresos y con la consecuente culpa que eso me genera.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No, todo lo contrario. Yo soy esto que soy: una mujer que escribe poesía.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
El año pasado laburé en un proyecto bellísimo que fue montar una lectura performática de una serie de textos de un colectivo literario al que pertenezco y que se llama “Las Claudias”. De esos textos nació un montaje dirigido por Macarena Trigo. Luego, los textos sin intervención se convirtieron en Pelos, un e book publicado por ediciones Outsider.
El otro proyecto al que me dediqué fue a darle cuerpo a mi último libro de poemas, Desde las bisagras que acaba de ser publicado por Ediciones en Danza.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
En mi caso, siempre hay algo que no llega a mostrarse, proyectos que quedan por la mitad o proyectos que simplemente me piden ser compartidos en un pequeño círculo de amigos.
¿Cuántos te esperan ahora?
Por ahora me espera uno solo: estoy incursionando en la narrativa. Son textos en prosa que de todas maneras mantienen el tono de intimidad que puede leerse en un poema.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Sin duda, Desde las bisagras.   
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Lo recuerdo como un año de bellísimas mañanas en las que sentada en mi pequeño escritorio con vista al jardín, buscaba afilar el lápiz negro, tener a mano además una caja de lápices de colores y escribir recién salida del sueño. También recuerdo tardes escribiendo en la mesa del jardín con el silencio que rodea mi casa y con la paz que eso significa.
Todo lo anterior supone lo bueno. Lo malo es cuando la lectura de editoriales no dan valor a lo escrito y lo desestiman sin siquiera devolver  una respuesta.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Vivo de lo que amo menos porque no puedo decir que no amo al psicoanálisis, pero la escritura es el pilar de mi vida.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Con la música principalmente. Como oyente, no como intérprete.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Recuerdo haber escrito un poema en el revés de un documento importante que debía archivar en mi oficina. Trabajo también en la Administración Pública en Microcentro. Como el poema me importaba mucho más que cualquier documento, me lo traje a mi casa a riesgo de que en algún momento ese documento deba presentarse para justificar alguna cuestión del orden de lo burocrático. El poema permanece pegado en una libreta.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Muchísimas cosas pero no con relación al arte.
¿Qué estás leyendo?
Estoy leyendo un libro de cuentos de Stephen Dixon, un tesoro escondido de la literatura norteamericana.
¿Qué autores recomendás siempre?
A Diana Bellessi, Joaquín O. Giannuzzi, Olga Orozco, Tennesse Williams y a todos los rusos: Chéjov, Dostoievski, Tolstoi... 
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
No me gusta ver películas que ya vi una vez, pero creo que con Cinema Paradiso podría hacer la excepción.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Mis amigos artistas.  
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Que quiera laburar de verdad, que sea honesta con lo que hace y pueda compartir lo que sabe.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A todos los jóvenes nuevos que pueda.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Hablo de mi trabajo con las personas que más quiero. Algunas son familiares, otras son amigos. Siempre valoro la devolución de su lectura atenta.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Nunca pedí un subsidio.
¿Por qué?
Creo que simplemente es porque detesto hacer trámites de cualquier índole.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Nací acá y Buenos Aires me parece preciosa.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
No tanto, pero sí hubo viajes que me inspiraron profundamente. El que más me marcó fue un viaje que hice hace muchos años a la Bahía de Acapulco.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Nunca me doy cuenta antes de empezar, raras veces mientras estoy en proceso de escritura. En general sucede que cuando consigo una serie de un buen manojo de papeles, si releyéndolos puedo encontrarles un hilo, entonces tengo un libro.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Pienso que sí, creo que todos tenemos un sistema personal de trabajo cuando de arte se trata.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Publicar narrativa.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
No tanto, pero sí pienso que crecí y que cada libro que saco es mejor que el anterior.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Mantener la salud necesaria para hacer todo lo que se me ocurra.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?
Leo, duermo, mantengo conversaciones profundas o bizarras con amigos, cuido a mi sobrino, almuerzo una vez por semana con mi papá. Algunas veces miro programas de cocina o de vida salvaje por televisión.  
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

No lo sé, peros sería mucho menos feliz.

"Lo que no te mata se convierte en una idea".

¿Cómo funciona la cabeza de un creador? ¿Y la de un dramaturgo? ¿Se parece a la de un director? ¿Y la de un dramaturgo director que actúa? Buenos Aires nos tiene tan mal acostumbrados a que esos roles pueda desempeñarlos una persona, que obviamos la complejidad de esa combinatoria. Federico León nos invita a conocer una posible versión de sí mismo en Las ideas, su más reciente estreno, un elaborado trampantojo donde Velázquez y Foucault se divertirían mucho.  


En una hora se sintetizan los infinitos y absurdos vericuetos que implica el desarrollo de una creación: esa misma, la pieza que vemos, de la que somos parte. La propuesta reflexiona sobre la dudosa frontera entre realidad y ficción en la escena. ¿Qué puede y no puede hacerse en una obra de teatro para generar determinadas sensaciones en el público? ¿Qué sensaciones deseamos provocar? ¿Hay límites legales, presupuestarios o técnicos que pueden condicionarnos? ¿Cómo se resuelven? ¿Queremos que el público lo sepa, se lo contamos o los convertimos en testigos? ¿Es lo mismo? 

Lejos de ser un patchwork azaroso, Las ideas avanza con solidez y humor desplegando sin alarde sutilezas técnicas que convierten el escenario en un laberinto de espejos donde todo se distorsiona y multiplica para recomponerse y ofrecernos una realidad distinta. Nada es lo que parece. Ni en la vida, ni en la obra. Federico León y Julián Tello se actúan a sí mismos y, como director y actor, se cuestionan sobre el interés de los materiales acumulados a lo largo del proceso. Aparecen residuos de lo que no fue, cosas que quedaron en el camino. ¿En el camino de qué? De otra(s) obras o proyectos posibles que se dirigían hacia esta. Las ideas se nos muestra como pieza redonda pero no cerrada. Abre puertas y ventanas dentro de sí misma para que consideremos los muchos otros caminos que elige no transitar. La ficción, ese otro universo en expansión donde vivimos. 

Cualquier amante de los procesos creativos encontrará en este trabajo una impecable síntesis de muchas de las complejas instancias que debemos atravesar para obtener un resultado. Cuenta León que todo comenzó cuando su computadora se rompió. Perder todo lo que había en ella funcionó como disparador para entender que los accidentes que la vida nos regala pueden convertirse en grandes comienzos. 


Las ideas

Actúan: Federico León, Julian Tello.
Actuación en video: Maitina De Marco, Pablo Gasloli, Alejandro Ini, Barbara Irisarri, Alejandra Manzo, Ana María Monti, Antonella Querzoli, Patricia Russo, María Laura Santos, José Maria Seoane, Alfredo Staffolani, Martín Tchira, Emanuel Torres, Gabriel Zayat.
Actuación en ensayos: Ignacio Rogers.
Vestuario: Paola Delgado.
Escenografía: Ariel Vaccaro.
Gaffer: Guillermo Saposnik.
Diseño de luces: Alejandro Le Roux.
Diseño sonoro: Diego Vainer.
Realización de objetos:David D’orazio
Edición de video: Andrés Pepe Estrada.
Post producción audiovisual: Alejandro Soler.
Cámara: Guillermo Nieto.
Música y sonido: Diego Vainer.
Diseño: Alejandro Ros.
Fotografía: Ignacio Iasparra.
Casting: Maria Laura Berch.
Asesoramiento técnico: Paula Coton, Agustín Genoud.
Asistencia general: Malena Juanatey, Antonella Saldicco, Melisa Santoro Aguirre.
Asistencia de dirección: Rocío Gómez Cantero, Rodrigo Pérez.
Prensa: María Laura Lucini Monti.
Management: Carlota Guivernau, Judith Martin.
Producción: Rocío Gómez Cantero, Rodrigo Pérez.
Coordinación técnica: Matías Iaccarino.
Dirección de arte: Mariela Rípodas.
Dirección de fotografía: Guillermo Nieto.
Texto y dirección: Federico León.


Zelaya 3134


Consultar funciones: http://www.alternativateatral.com/obra37360-las-ideas

Nociones de arte by Ben Lerner

Si está colgado en una pared, es un cuadro. Si se apoya en el piso, es una escultura. Si es muy grande o muy chico, es conceptual. Si forma parte de la pared, si forma parte del piso, es arquitectura. Si hay que pagar entrada, es moderno. Si ya estás adentro y tenés que pagar para salir, es más moderno. Si podés estar adentro sin pagar, es una trampa. Si se mueve, está pasado de moda. Si tenés que mirar para arriba, es religioso. Si tenés que mirar para abajo, es realista. Si lo compraron, es de estilo específico. Si, para verlo, tenés que pasar por un detector de metales, es público.

**

Es cierto que una obra maestra recoge la cuestión de sus orígenes
y la deja caer. Pero esto no es una obra maestra. Esto es un boceto
vendido por la fuerza de su firma, un boceto
ejecutado sin ensayo previo. Inapropiadamente formal, 

esta obra tardía refleja una incapacidad para tragar. Alguna vez,
mi nombre sugirió unas bañistas
pintadas con brillante impasto. 
Ahora se lo rechaza por “impronunciable”. 

Deprimidos, polémicos, estos planos negros contagiosos 
fueron colgados para dispersar al público de los museos. Ay, 
una generación de peregrinos fumadores 
acaba de llegar y de activar los aspersores. 

Es cierto, abandonar la figura no va a cambiar el mundo. 
Pero tampoco el hecho de cambiar el mundo.

Ben Lerner
Elegías doppler, ed. Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015.

Cheever

"La sensación de miedo, al menos de falta de valor, asociada con la reconstrucción de pensamientos y acciones, probablemente está vinculada con el miedo a destruir la propia utilidad como artista. Pero la utilidad del artista varía con el tiempo, y puesto que se trata de horas y días de la propia vida, ¿qué se puede hacer sino recordarlas aunque en ocasiones parezcan inútiles? Te has perdido en el bosque. Sabes cómo funciona la mente. Cuando te das cuenta de que estás perdido, la memoria reacciona con una especie de estoica alegría. Podría ser mucho peor, piensas. Tienes ropa de abrigo, fósforos secos, media taza de agua en la cantimplora. Seguro que si tienes que pasar dos o tres días a la intemperie, sobrevivirás. Debes dominar el pánico. Tus ojos y tu mente deben conservarse serenos y alerta. En menos de una hora, tu serenidad obtiene recompensa. ¡El camino! Sangre nueva parece invadir tu corazón. Tus fuerzas y tu aliento renacen. Claro que te has demorado, pero si vas a buen paso, llegarás a la orilla donde dejaste el bote antes del anochecer. Mantienes el paso. La vista clavada en la senda angosta. No te detienes a beber, ni a fumar, ni a descansar. Caminas hasta que cae la tarde, y al ver que la luz se desvanece, te detienes a escuchar, porque estás seguro de que ya deberías oír el oleaje. El lugar donde te has detenido te resulta conocido. Reconoces el roble caído, la roca, el tocón. Miras a tu alrededor. Ahí está la pesada cesta que abandonaste al mediodía. Has vuelto al lugar donde descubriste que estabas perdido. El júbilo en el corazón, las fuerzas renovadas, la ilusión de acercarte  a la costa, todo lo que te ha levantado el ánimo durante la tarde ha sido un espejismo. Te has perdido y anochece. Muchos de mis personajes están en esta situación. Decides acampar y piensas que tu situación podría ser mucho peor. Pero al parecer no soy capaz de sacarlos del bosque o de transformar el mundo en un bosque. Mis hijos están perdidos, pero en un mundo en que casi todos los demás parecen conocer su camino. Se rebelan con fervor contra su marginación, como seres perdidos. Parecen víctimas de un desequilibrio entre el valor y la sabiduría. La alegría superficial de los perdidos, su fétida compasión, su devoción a las cuerdas profundas de la risa, a las caras bondadosas en salones iluminados, no parecen una resolución moral o estética competente". 

"Recuerdos de la pasión del otoño anterior, cuando el amor hacía olvidar las grietas en el techo y el polvo bajo la cama, y cómo todo terminó en rencor y desconcierto. Pero estas no son las cosas que nos matarán. Es como el hombre que, en medio de la angustia del vértigo, muere atropellado por un taxi. No tengo tiempo que perder, pero pierdo los días". 

"Lo que llamamos pena o dolor suele ser nuestra incapacidad para entablar una relación viable con el mundo, con este paraíso perdido. A veces comprendemos las razones, a veces no. A veces, al despertar, descubrimos que la lente de aumento que magnifica la excelencia del mundo y sus habitantes está rota".

John Cheever

Diarios, ed. Emecé, Buenos Aires, 2007 (1990)


Flashback

salamanca diciembre dos mil uno 
en la radio narraban el quilombo
no decía quilombo todavía
ni entendía una goma qué pasaba 
qué rosada la plaza 
quién estaba o se iba 
despelote lejano 
chino básico

agosto dos mil dos 
chacarita mediante 
peregrinar corrientes 
como otros por el ganges
las manos de papel libros y libros
paseos extrañada del abismo
domingo plaza francia 
el tigre lugonesco santa rosa 
borges cronometrado 
cortázar bajo el brazo 
tantas veces las gracias a ese mes 

invierno dos mil tres 
sembrando sin saber cuánta semilla 
zarpazo al corazón en plena fiesta 

cinco del del tres del cinco 
diez años te crecieron 
las orillas las dudas 
los silencios las ganas 
vocaciones prolijas 
el eterno retorno
se hizo chiste metáfora 
praxis complicadísima 
siempre en fuga el deseo 
desgastando aeropuertos 
y el museo inundado 
de horizontes robados mentirosos
quién hubiera predicho 
la perspectiva al fin renacentista 
sigue siendo un gran truco 
cuando todo se cansa 
de nosotros

m.trigo

Omar Possemato









Músico. Actor. Bailarín. Iluminador.







¿Cómo te definís profesionalmente?
En búsqueda constante. Quiero hacer muchas cosas aún, seguir aprendiendo, estudiando, incursionando. Me siento contento con los logros.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
No. Desde la adolescencia sabía que mi vida era el arte. Es lo que hago, lo que siempre hice. Probando, metiéndome en la mayor cantidad de rubros posible. Ahora es así, es mi modo de vida, no quiero vivir de otra forma.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Todo se mezcló. Empecé estudiando música y luego actuación. Después dejé el teatro por la música y empecé a trabajar en iluminación. Desarrollé mucho mi trabajo como diseñador de luces y ahí me sirvió mucho mi experiencia en escenario. Luego, al retomar la actuación, haber vivido tantas puestas en escena, nutrió de importante información mi vida artística. Creo que mientras más terrenos desconocidos se transiten, más herramientas y recursos tenés, aunque más que técnicas, fundamental es la intuición. 
La música, el canto y el clown fueron muy importantes. 
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Entender que la libertad es una responsabilidad muy grande, trabajar duro y ayudar a los demás.
¿Y lo más hermoso?
A viajar.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Me gusta mucho el lenguaje corporal. Recorrerlo desde el clown hasta la danza contemporánea. Y dos ramas de expresión con texto con George Lewis y Enrique Federman. El teatro de objetos de Philippe Genty me fascinó. Los títeres, y casi todo lo que veo de danza contemporánea.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Tener que estar muchas veces sin remuneración económica, como si por ser artista uno debiera pagar, o bancársela por haber elegido una profesión “divertida”. También me cuesta aceptar el poco compromiso de algunas personas a la hora de trabajar en grupo.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No, en absoluto. Hubo momentos de cavilación, de no saber cómo seguir. A esta altura asumo y disfruto la elección. Cero sacrificios.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
En cinco.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
No. Uno empezó a fin de año y continúa este.
¿Cuántos te esperan ahora?
Estoy en cuatro, y otro nuevo en elaboración.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Surmenage. Su origen está en una banda de música de la cantautora Milagros Almeida. Se desarrolló durante dos años.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Todo se dio de repente, a partir del deseo de la cantautora. Convocó un grupo de amigos, no nos conocíamos ni habíamos tocado juntos. Lo bueno fue el entusiasmo lúdico para seguir y hacer crecer el show. Malo, nada, no hay malo, solo pequeños problemas que se van solucionando.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Tengo otra actividad dentro del espectáculo que ejerzo a veces, cuando no llega el agua. A veces cae un buen trabajo también.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Siempre estoy alrededor de lo mismo. Música, teatro y danza.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
En realidad no me parece absurdo, pero dejé de hacer trabajos por mucho dinero, por actuar, o levantarme muy temprano. Aún me levanto muy temprano para ensayar.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Sí, postergar el deseo por tener que pagar cuentas, odio pagar las cuentas.
¿Qué estás leyendo?
Manos que curan, de Bárbara Ann Brennan.
¿Qué autores recomendás siempre?
Para la actuación recomiendo La preparación del director de Anne Bogart y No actúes por favor, Eric Morris. Los ensayos sobre danza contemporánea también son muy inspiradores, pero no recuerdo autores ahora. 
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Cualquiera de Fellini, Roma, Amarcord. Pasolini. Cine italiano en general. También vi muchas veces Corazón Valiente. (¿?) 
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
No sé, cualquiera que hace lo que hace me parece bien. Me parece fantástico que haya tanta experimentación en el arte, y actividad, aunque no me gusten cosas. No creo en los ídolos ni en que alguien sea infalible o necesario. Reconozco que hay grandes genios, pero también hay pequeños genios, o intentos de genios, o genios en estado de fracaso. En todo caso, todos están contribuyendo al arte. Eso basta.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Elijo continuar con el amor y la suerte de poder compartir más. Y la gente que no elijo, los que te tocan en un elenco, espero que podamos entendernos y llegar a ser grandes amigos. No sucede siempre, pero la esperanza es lo último que se pierde. 
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
¡Ninguno! ¡No quiero denuncias por acoso! Ja. Miro todo, quiero ver todo y a todos los que más pueda.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Sí, siempre veo con amigos, pares de profesión, una opinión y mirada sobre lo que voy a encarar. Amigos con experiencias sobre lo que voy a hacer. A veces es algo específico, como que lean un texto con el que voy a trabajar. 
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Sí. INT, Proteatro, Bamusica.
¿Por qué?
La autogestión es parte del trabajo independiente y es muy difícil poder hacerlo sin apoyo monetario.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Acá es donde tengo el link con mi trabajo, con mi hacer, por ahora.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
El primero, pero no en mi trabajo, sino en mi vida.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando después de leer un texto o escuchar una propuesta, me pongo a soñar con los ojos abiertos.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Sí, disciplina, trabajo, trabajo, trabajo…
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Buen momento para empezar una lista de cosas pendientes: Hacer una lista de cosas pendientes
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Ni idea, hice un montón de cosas pero siento que recién empiezo.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
No haber entendido de qué se trata la vida.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Aprovecho para ver películas y series o voy al teatro.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
Supongo que vendiendo fruta en un mercado de Italia.

Por qué tiemblan #10





Mi vida es nota al pie de tu apellido.

Postdata escandinava perseguida
huyendo de recuerdos donde sigues
impoluto espejado cotidiano
como si el tiempo nunca tu puerta golpeara

y yo puesta en escena sin un texto en la boca. 

m.trigo

"Postales para el zar de los hoteles"

Pieza breve y completa acá: