Como archivo de médico

Hacía frío y me importó un carajo. Abrí igual la ventana. La de siempre, la mía, la que alquilo, la ventana desde la que imagino tirarme varias veces por semana, o por mes, según el ritmo de mi ciclotimia. Hacía frío y me importó un carajo porque era miércoles y ya estaba cansada de esperar señales  de que existo, de que hay vida inteligente en mi interior, de que mi corazón no es otro órgano de iglesia. Hacía frío y me importó un carajo porque siempre alardeo de morirme de golpe, en lo posible pronto, ya no joven. Quizá nunca fui joven todavía. Eso es algo que vos, tu pragmatismo sueco, no aceptará jamás. A veces imagino tu cabeza como archivo de médico alemán. Repleto de cajones ordenados en idioma imposible para mí. Yo debo estar ahí. Al fondo, en una esquina. Sepultada por casos mucho más importantes. Hacía frío y me importó un carajo porque tenía un libro repleto de poemas que no eran sobre vos. Un libro que llegó para ir a consolarme, justo ahora, de este tiro en el medio de la frente que anoche recibí con tu mensaje, con ese escueto que me ayudó a llorar porque tocaba.

m.trigo