¿Para qué sirve el teatro?

"En los últimos años, la creación teatral adoptó las teorías no siempre luminosas sobre la postdramaturgia y la “performance”. Extrañamente, las formas renovadoras aparecidas en la década de 1970 y 1980 continúan orientando el credo estético de muchos festivales, aunque en esa materia los imitadores están lejos de equipararse con sus modelos. Los ingredientes de esa chata vanguardia que pretende ser ejemplo del teatro moderno.
La poetología de ese teatro se apoya en la idea de que la acción dramática es otra época; que el hombre no puede entenderse como dueño de sus acciones; que hay tantas verdades subjetivas como espectadores en la sala; que los acontecimientos representados en el escenario no expresan ninguna verdad válida para todos; que nuestra experiencia fragmentada del mundo sólo encuentra traducción en un teatro también fragmentado, donde los géneros se yuxtaponen: cuerpos, danza, fotos, vídeos, música, palabra… Esa fusión sensorial dice al espectador que jamás podrá descifrar ese mundo caótico, y que, por lo tanto, no tiene sentido buscar vínculos de causalidad o culpables.
Ese “realismo capitalista”, como su homólogo socialista, estetiza una ideología victoriosa, y es tan perentorio como aquel. En un mundo dominado por la doctrina neoliberal, nada será tan grato a sus beneficiarios como esos supuestos: nadie es responsable de nada, y la complejidad del mundo hace que sea ilusoria cualquier tentativa de identificar sus mecanismos". (...)
"¿Qué efectos produce en nuestros semejantes el temor  a verse relegados socialmente? ¿Cómo influye la obligación de tener éxito, sobre nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestros deseos? ¿En qué medida nuestra vida privada se somete a las exigencias del óptimo rendimiento? ¿Cuántas aventuras se quiebran por la condición social del asalariado flexible?¿Por qué disponemos de un vocabulario muy refinado para analizar nuestras relaciones  conyugales, amorosas o sexuales, mientras que no encontramos palabras para expresar nuestra derrota política (“sistema podrido”)? ¿Por qué nos deleitamos en exponer una psicología de bazar?¿por qué no tratamos con la misma pasión los estragos sociales que se suceden desde hace veinte años, y que pesan tanto sobre nuestros cuerpos y nuestras mentes:horarios de trabajos elásticos; digitalización de la vida cotidiana; disponibilidad para ser ubicado y contactado a toda hora;emails profesionales que llegan de noche;identificación total con la empresa que nos emplea, como si uno estuviera casado con ella? Esas realidades las vemos incrustadas hasta los huesos de las personas que encontramos. ¿Cómo explicar sino la ola de artículos periodísticos sobre las enfermedades laborales, el stress, la depresión, el síndrome de agotamiento profesional? La infiltración del pensamiento económico en los más íntimos vasos capilares de la sociedad moderna, deforma nuestros cuerpos, desvirtúa nuestros afectos.
Es de eso que el teatro debería hablar. Es eso lo que podemos representar en el escenario, y con talento, si nutrimos nuestra imaginación en las fuentes que nos alimentan en torno nuestro. El teatro ideal, a mi entender, guarda la promesa secreta de abordar todos esos temas".

Thomas Ostermeier

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