Vida nueva, Xuan Bello.


Cada domingo, Xuan Bello, escritor asturiano al que amamos desde que la vida nos lo presentó, publica en FB una suerte de reflexión que mejora la existencia unos minutos. Él lo llama "El mio saludu dominical". 

Hoy:

"Uno siempre está de mudanza aunque, como yo, haya decidido quedarse bien atado a su tierra y su costumbre. Se vaya donde se vaya, uno siempre va camino de sí mismo. Si quieren, de su destino. O, si no creen en la fatalidad, como yo no creo, camino de ver en el espejo su rostro verdadero. Tardamos mucho en saber quien somos, demasiado; más preocupados por lo que podríamos haber sido, es bastante frecuente que las almas caprichosas se pierdan por el laberinto del remordimiento. Como quien tiene una muela dañada, y se complace con su lengua en indagar el tamaño de su dolor, así muchas veces nos comportamos con nuestro pasado. La punta de la lengua de nuestra memoria vuelve una y otra vez a la misma herida luminosa buscando explicaciones, tal vez coartadas, quién sabe si a veces incluso un imposible perdón.Nos olvidamos de continuo que este presente que ahora pisamos es el primer día que ha habido sobre la tierra: tan sólo hace falta mirarlo con ojos de niño para que las oportunidades cambien. La madurez quizás sea eso: caer de la burra –perdonen la odiosa expresión-- y darse cuenta que es imposible transformar el pasado; mortales, nos ha sido concedido el don de la libertad. A tiempo estamos de dedicir quien somos.

Es cierto que el pasado vuelve recurrentemente. En los sueños, al cruzar un semáforo, en la nota sentimental de una canción se halla a veces ese camino que lleva a ningún sitio, a los días pasados; nos pasa a todos y, las lectoras lo entenderán mejor que los lectores, ese camino si conduce a alguna revelación es porque guarda en él, olvidadas en sus márgenes estrechos, semillas de futuro. Somos fundamentalmente memoria que se quiere proyectar al futuro; quien ya no es es, aun vivo, es una pálida sombra que se espejea en las aguas del río del ayer.

Por mi parte hace tiempo que estoy prevenido. Como quien sacude con su mano el zum-zum de una molesta mosca de su sien, espanto en cuanto aparecen los fantasmas de mi recuerdo. Puedo hablar del milagro de lo que he visto pero simplemente porque espero volver a verlo de otra manera. No me interesa la arqueología sentimental, si no su arquitectura en marcha. En el castro de Coaña yo veo un boceto, un poco brusco pero bastante exacto,de la ciudad de Nueva York. Es cierto que a veces el pasado nos viene dando la lata y que no hay peor chantaje emocional que el que uno se hace a sí mismo. Hacer oídos sordos no vale de nada puesto que lo que compete es mirar de frente, ver el tamaño de la herida, observar la cúpula necrosa de la muela cariada. ¿Hay que extraerla, puede acaso conservarse? Con el pasado, hay que tener la mano muy firme; a los mortales se nos concedió el don de la libertad y la obligación de la memoria. Sólo una cosa no existe, es el olvido.

Romero de mí mismo, peregrino tantas veces, aún no he acabado con la mudanza que comencé hace tres o cuatro años. En mi casa me piden que compre estanterías, que ordene mis libros adornando las desnudas paredes. Voy poco a poco, como quien se aproxima a un fuego peligroso: la mitad de mi biblioteca sigue sin desembalar y voy, gradualmente, desenterándome en vida. Ayer subí al altillo,donde tengo unas cien cajas selladas, y abrí una al azar una. Cogí al azar, según vinieran, unos diez libros y me los llevé a la mesita de mi habitación. Para saber quien uno va a ser es importante saber quien ha sido uno.

La casualidad benéfica es una flor rara que yo me encuentro frecuentemente. ¿Cómo si no podría referirles a ustedes este poema de la poetisa japonesa Baba Akiko, traducido por Kenneth Rexroth y Ikuko Atsumi, y publicado en Nueva York por Seventh Printing? Traduzco como me da la gana, pues sé que estoy traduciendo mi alma: “En el otoño cuando las palabras resuenan / como el eco de un hacha de piedra / algún dios que se había adormecido en mí / quisiera levantarse y ponerse, otra vez, en camino”. Junto a “Women poets of Japan” estaba “El Viajero y su sombra” de Eugenio Montes, un escritor que amo y que me irrita. Un fragmento del capítulo “Cantares de gesta” me conmueve especialmente: “Cuenta Plutarco que los egipcios descubrieron este mito sublime. Un dios semejante a Mercurio –que es la razón-- le arranca los nervios al viento para hacer las cuerdas de la lira”. Cierro el libro, conmovido, y abro otro del tesoro de este día: “A casa do Incesto” de Anaïs Nin. Acababa de cumplir 18 años cuando lo compré en la Livraria Almedina de Coimbra.No sé si entonces leí con la emoción de ahora este fragmento: “Existe un instrumento llamado quena que está hecho de huesos humanos. Tiene origen en el culto que un indio dedicó a su amante. Cuando ella murió, él hizo de sus huesos una flauta. La quena tiene un son más penetrante, más persistente que la flauta usual. Quien escribe, conoce el proceso. Pensé en esto mientras me mordía el corazón”.

Dioses que despiertan en uno, nervios que se arrancan al viento, palabras que vuelven para subrayar quien somos. Estamos de mudanza: en nuestra casa ya no habita el fantasma de la melancolía".


Xuan Bello