Amor vs R.A.E.




Parte del problema es la naturaleza desmedida del amor. Desconocer su exacta proporción cuando hace bien, cuando logra mejoras donde sea que opere su extravagante forma. 

Temo que no se entienda. 

Lo que viví hasta ahora cuando afirmaba amar porque podía, quizá fuera otra cosa. Cómo saberlo. Quién puede asegurarme que no equivoco el verbo o relleno el amor a mi capricho inventando que sea lo que espero.

Cercioro el sustantivo con la R.A.E.

“Amor: Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser."

Me despeina la R.A.E. Su humor de bisturí. Me estorba “sentimiento”. Debiera ir a buscarlo y completar sentido, pero está por llover y no estoy filosófica. “Sentimiento” me suena a plato en microondas. Cosa que se calienta en apenas minutos y luego una se traga sin mirar.

“Partiendo de su propia insuficiencia”. Quisiera no entender tanto esa parte.

“Necesita y busca”. Qué salto entre dos verbos mal resuelto. 

“El encuentro con otro ser”. Bendita la falacia.

En segunda acepción, se explaya la Academia y da consejos.

Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear."

Hojeo mis amores, cada álbum. 

Ahora que pasó el tiempo sé que “naturalmente” no fue ninguno de ellos. Diseñé artefactos, sembré pruebas y dudas, agoté la paciencia. Perseveré donde no era preciso ni estaba bien ni bueno. 

No sé qué cosa sea la “la reciprocidad”. Sí el simulacro, las buenas intenciones y el miedo a no encajar en la hermosa mirada que nos dice quién somos.

“Completa, alegra y da energía”. Vitaminas nos venden con esa misma fórmula.

“Para convivir, comunicarnos”... Creo recordar que la convivencia rara vez favorece la comunicación. Simplifica el recurso, acorta los trayectos del mensaje y genera estribillos. Pero olvida subtextos y oxida la retórica. 

"Crear." Reconozco esa gracia. Comulgo con la causa y sus raros efectos secundarios. 

Nunca pedí amor que me diera de comer, pero lo tuve. Nunca busqué amor que me diera de escribir, pero llegó. 

m.trigo